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jueves, 26 de marzo de 2020
SOLEDAD
Pensamientos positivo: empatía, mistad, sinceridad...ser amiga de mis amigos, amar la vida, sentirla, vivir y dejar vivir...
PRIMAVERA
Pensamientos positivo: empatía, mistad, sinceridad...ser amiga de mis amigos, amar la vida, sentirla, vivir y dejar vivir...
CENTIMIENTOS
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Reflexiones
Pensamientos positivo: empatía, mistad, sinceridad...ser amiga de mis amigos, amar la vida, sentirla, vivir y dejar vivir...
jueves, 19 de marzo de 2020
YA NADA SERA IGUAL
Estoy
rota por dentro, no puedo concentrarme para escribir todo lo que está pasando,
es como si una horrible pastilla se hubiese apoderado de mi mente y de todo mi
ser. Me gustaría despertar y que todo volviese a ser como antes.
Poder
llamar a mi amiga y hermana M. Pepa, e irnos a la calle, como hicimos tantas y
tantas veces, a dar vueltas sin rumbo, entrar y salir de las tiendas por el
mero hecho de pasar el tiempo. Ya nada volverá a ser igual.
Las
calles, las tiendas, los bancos de las explanadas puede que sigan en el mismo
sitio.
¡Pero
nada volverá a ser como antes sin ti amiga!
Creado por : Maruja.
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miércoles, 18 de marzo de 2020
BESOS AL CIELO
Pasadas las diez como cada día he ido a coger el teléfono para preguntarte cómo habías pasado la noche. El corazón me ha dado un vuelco. No ya no te puedo llamar. Ya no habrá nadie al otro lado, ya no te podré preguntar cómo has pasado la noche como cada mañana. Ya no me dirás: mal, me he levantado a tapar a Andrea, me he asomado dos veces a la terraza agarrándome a la pare para no caer y casi al amanecer me he comido un plátano por que anoche no cene.
Cuanto te echo de menos M. Pepa, mi amiga (mi hermana)
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viernes, 11 de enero de 2019
"EL DIA QUE SE PARARON LOS RELOJES"
Una tarde gélida de invierno un
ser malvado la abordo en un camino oscuro y solitario y segó su vida de de un
tajo, y con ello sus ilusiones de vida recién estrenada. Su lucha incansable la
había llevado hasta ese lugar, lejos de su ciudad y sus seres queridos pero
satisfecha por haber logrado su meta, un puesto en un centro de enseñanza, donde
era feliz, rodeada de niños y niñas a los que adoraba. Todo le sonreía su
futuro estaba resuelto, pronto empezaría con sus preparativos de boda para
formar una familia, pero él, el asesino estaba allí, esperando su presa para
cumplir su macabra sentencia.
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viernes, 26 de octubre de 2018
LA FUERZA DE ELENA
Elena, una mujer de pueblo, que a sus
sesenta y cinco años comienza el día con una sonrisa. Es Elena persona de
cuerpo pequeño y delgado, pero fuerte, después de haber parido y criado a seis
hijos; un cuerpo frágil, pero curtido
por la vida que le ha tocado vivir. Cada mañana se levanta con energía y,
canturreando, riega los múltiples geranios que adornan su terraza orientada al
mar, a ese mar de Motril limpio y sereno que al contemplarlo tantos recuerdos
le trae a la memoria.
Tuvo muchas desgracias: uno de sus hijos se metió en el mundo de la maldita droga, un mundo desconocido y oscuro para ella. Fue una de las más duras batallas que tuvo que lidiar; luchó con uñas y dientes hasta lograr sacarlo de aquel horrible infierno. Aunque eso no fue lo peor; lo que le arruinó la vida y le rompió el corazón en mil pedazos, fue la muerte de su hijo Antonio (su ojito derecho), el más pequeño, que con tan solo veinte años perdió la vida una madrugada, en un trágico accidente de tráfico.
Tuvo muchas desgracias: uno de sus hijos se metió en el mundo de la maldita droga, un mundo desconocido y oscuro para ella. Fue una de las más duras batallas que tuvo que lidiar; luchó con uñas y dientes hasta lograr sacarlo de aquel horrible infierno. Aunque eso no fue lo peor; lo que le arruinó la vida y le rompió el corazón en mil pedazos, fue la muerte de su hijo Antonio (su ojito derecho), el más pequeño, que con tan solo veinte años perdió la vida una madrugada, en un trágico accidente de tráfico.
Una mañana de otoño, después de una
larga noche de insomnio, estando en la cama hundida por la pena y la soledad,
una llamada de teléfono de su amiga Marta cambió su vida para siempre.
—Hola, Elena buenos días. Mañana empiezan las clases en el “Centro de Adultos”. ¿Te gustaría asistir? Dicen que quedan muy pocas plazas para este curso; si quieres ir tienes que darte prisa en hacer la matrícula. Creo que te hará bien: conocerás a otras mujeres y podrás adquirir nuevos conocimientos, para lo que nunca es demasiado tarde.
Nunca pensó que podría hacer tal cosa, pero sí lo hizo. Se apuntó para recibir clases de informática. El primer día que asistió a clase tardó más de dos horas sólo en escribir su nombre. ¡¡¡Eso ya es historia!!! Actualmente puede chatear, acceder al correo, escribir sus propios relatos, publicarlos en su blog… Además, se ofreció al director del Centro de Mayores para enseñar a algunas de las compañeras a jugar a la petanca, un juego que aprendió con sus hermanos siendo muy joven. También participaba en el taller de teatro aficionado “Soniquete”, que habían creado un grupo de compañeras de clase, al que Elena se incorporó con gran ilusión. Cada tarde se reunían para ensayar en el salón de actos del Centro. Por una de las compañeras se enteró de que habían convocado elecciones para presentarse al Consejo de Centro. Pensó en presentarse y lo hizo. Y ante su incredulidad, salió elegida por mayoría de votos. Podía hacer algo más por las alumnas del colegio exponiendo las quejas y opiniones que ellas le transmitían. Sí, quería hacer algo más: poder colaborar con los profesores/ y profesoras para organizar viajes culturales, visitas al medio ambiente, etc., y así conseguir una mejor y mayor convivencia entre las compañeras. Eso le sería más fácil si participaba en las periódicas reuniones del Consejo de Centro. Con la ayuda de sus compañeras fundó una asociación de mujeres, con más de veinte socias, en la que podían expresar y defender sus derechos como personas ante las injusticias de la vida, la vida que les había tocado vivir a la mayoría de ellas. Esas mujeres valientes, de pueblo, que lucharon lo indecible para sacar a sus hijos adelante. Fueron ellas las que inyectaron a Elena la fuerza y las ganas de seguir viviendo cuando ya su vida estaba casi acabada. Pero su triste vida había cambiado; gracias a esa llamada había conseguido salir de aquel negro y profundo pozo en el que se encontraba metida.
Tengas la edad que tengas, RECUERDA: La vida es como una breve obra de teatro: canta para ser feliz, ríe cuando tengas ganas de llorar, y vive, vive, intensamente… antes de que baje el telón y la función termine sin aplausos.
3Premio de relatos certamen de relato y poesía "Salvado Varo"-2018
—Hola, Elena buenos días. Mañana empiezan las clases en el “Centro de Adultos”. ¿Te gustaría asistir? Dicen que quedan muy pocas plazas para este curso; si quieres ir tienes que darte prisa en hacer la matrícula. Creo que te hará bien: conocerás a otras mujeres y podrás adquirir nuevos conocimientos, para lo que nunca es demasiado tarde.
Nunca pensó que podría hacer tal cosa, pero sí lo hizo. Se apuntó para recibir clases de informática. El primer día que asistió a clase tardó más de dos horas sólo en escribir su nombre. ¡¡¡Eso ya es historia!!! Actualmente puede chatear, acceder al correo, escribir sus propios relatos, publicarlos en su blog… Además, se ofreció al director del Centro de Mayores para enseñar a algunas de las compañeras a jugar a la petanca, un juego que aprendió con sus hermanos siendo muy joven. También participaba en el taller de teatro aficionado “Soniquete”, que habían creado un grupo de compañeras de clase, al que Elena se incorporó con gran ilusión. Cada tarde se reunían para ensayar en el salón de actos del Centro. Por una de las compañeras se enteró de que habían convocado elecciones para presentarse al Consejo de Centro. Pensó en presentarse y lo hizo. Y ante su incredulidad, salió elegida por mayoría de votos. Podía hacer algo más por las alumnas del colegio exponiendo las quejas y opiniones que ellas le transmitían. Sí, quería hacer algo más: poder colaborar con los profesores/ y profesoras para organizar viajes culturales, visitas al medio ambiente, etc., y así conseguir una mejor y mayor convivencia entre las compañeras. Eso le sería más fácil si participaba en las periódicas reuniones del Consejo de Centro. Con la ayuda de sus compañeras fundó una asociación de mujeres, con más de veinte socias, en la que podían expresar y defender sus derechos como personas ante las injusticias de la vida, la vida que les había tocado vivir a la mayoría de ellas. Esas mujeres valientes, de pueblo, que lucharon lo indecible para sacar a sus hijos adelante. Fueron ellas las que inyectaron a Elena la fuerza y las ganas de seguir viviendo cuando ya su vida estaba casi acabada. Pero su triste vida había cambiado; gracias a esa llamada había conseguido salir de aquel negro y profundo pozo en el que se encontraba metida.
Tengas la edad que tengas, RECUERDA: La vida es como una breve obra de teatro: canta para ser feliz, ríe cuando tengas ganas de llorar, y vive, vive, intensamente… antes de que baje el telón y la función termine sin aplausos.
3Premio de relatos certamen de relato y poesía "Salvado Varo"-2018
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sábado, 24 de febrero de 2018
EN LA OSCURIDAD.
No puedo escapar de este agujero oscuro y silencioso. Lo intento una y otra vez, pero la niebla que todo lo cubre me lo impide. No sé como caí aquí ni por qué me encuentro en este extraño lugar. Si lo pudiera recordar… Pero por más que me esfuerzo no lo consigo.
De vez en cuando vienen extraños y se asoman para ver lo que hay dentro. No los conozco de nada. Unas veces me escondo; otras, intento hablar con ellos, pero huyen despavoridos. Siento un intenso frío, y como la carne poco a poco se desprende de mi esqueleto.
Es entonces cuando me doy cuenta de que estoy muerta.
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sábado, 3 de febrero de 2018
CAPÍTULO VIII
Le dicen loca Platera, pero ella sabe
más de la vida que cualquiera de nosotros y nuestro mundo de sentimientos
reprimidos. Le dicen loca, pero la mirada de ella sabe ver dentro de los
hombres, llega hasta su última esencia, mezcla desigual de pureza y maldad.
Ella no juzga. Sabe que cada hombre es como un libro, con historia diferente,
aunque todos tengan el mismo final.
Platera, ella es pura y transparente,
se enamora cada día, todos los días, del inmenso cielo azul, Motril, de esas
flores que asoma tímidamente sus pétalos, realzando en la verde vega, claveles,
nardos, aguacates… y del inmenso mar que la custodia. De esa rosa carmesí que
asoma en el balcón de forja, de su vecino de la casa de alado, Platera, el que
todas las mañanas pasa a su lado tarareando una alegre canción, y le dice.
Buenos días, “Margarita se llama mi mor"...y la mira enamorado Por eso
ella le sonríe agradecida Platera, como la flor del camino, su joven corazón
esta cautivo pero ella nunca le dirá que le ama, Platera.
Reescrito por: Maruja Jiménez Galeote
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domingo, 28 de enero de 2018
PLANTA SÉTIMA.
Implacable madrugada
que enmascara la guadaña
merodeando su víctima
sobre la séptima planta.
que enmascara la guadaña
merodeando su víctima
sobre la séptima planta.
Sin noción de seguir viva
me alejaron de tu lado.
me alejaron de tu lado.
Sin un adiós, sin palabra…
Sí, amor, me habías dejado…
Dolor que el tiempo disfraza
bajo una tupida máscara…
bajo una tupida máscara…
Pretender seguir fingiendo…
¡Finjo bien! ¡No pasa nada!
Ya no me suena el teléfono
ni el sonido de tus pasos…
la llave en la cerradura…
tampoco cantan los pájaros
en la copa del magnolio
y de tu ausencia extrañados.
ni el sonido de tus pasos…
la llave en la cerradura…
tampoco cantan los pájaros
en la copa del magnolio
y de tu ausencia extrañados.
Aguardo amor tu regreso
junto al brocal de este pozo
de soledad y locura
de mi tristeza sin fondo,
agrupando los recuerdos
que golpean en mi alma
-en un tiempo sin retorno-
ya vacía por tu ausencia.
Amor, en la planta sétima.
junto al brocal de este pozo
de soledad y locura
de mi tristeza sin fondo,
agrupando los recuerdos
que golpean en mi alma
-en un tiempo sin retorno-
ya vacía por tu ausencia.
Amor, en la planta sétima.
Creado por: Maruja. J. Galeote.
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martes, 16 de enero de 2018
YA ERA TARDE...
Ya era tarde para volver atrás. Ahora ella estaba allí como
cada día rodeada de todas aquellas ancianas y ancianos a los que no conocía de
nada ni tampoco a las enfermeras de aquel tétrico lugar. Sentada en aquel
extraño salón en penumbras, iluminado por un débil rayo de luz mortecina que se
colaba por las rendijas del ventanuco que da a un patio interior, estrecho y
sombrío, que envuelve las paredes con una capa de tupido
musgo amarillento y sucio.
Torpemente, introduce la mano en el bolsillo de la bata
de franela y saca una fotografía color sepia, lapidada, en la que aparecen una
joven pareja con dos niños de corta edad: el chico vestido de marinero y la
chica con un traje de organdí bordado, y en la cabeza, un gran lazo que recoge
los dorados cabellos rizados. Después de observarla un buen rato, ella intenta
con todas sus fuerzas recordar quién son esas personas que aparecen en esa
fotografía, y con la mirada perdida hacia ninguna parte la vuelve a
guardar.
Intenta desesperadamente recomponer en su memoria los
hechos que le sucedieron para encontrarse allí en aquel lugar perdido en medio
de la nada, donde no conocía a nadie ni donde nadie iba a visitarla,
donde el tiempo fluía despacio como la miel de las colmenas que se derrama
lentísima por el tronco de los árboles.
Les tenía pánico a aquellos
deshumanizados seres de bata blanca que la obligaban a bañarse cada mañana nada
más salir de la cama, y le inyectaban cada seis horas y que sin la más mínima
compasión la forzaban a comer aquella papilla amarillenta y pastosa que sabía a
medicamentos y que tanto le asqueaba.
La anciana abre los ojos y en la penumbra de la estancia,
distingue la puerta de la habitación entreabierta y una horrible lámpara que
semeja una araña colgada del techo devuelve su siniestra sombra; sobre la
mesita de noche, reposan unas diminutas gafa con montura de pasta oscura, un viejo
libro con las cubiertas ajadas, un vaso con agua y unas pastillas... ¿Habrá
alguien enfermo? Se pregunta extrañada. Estira el brazo izquierdo y su mano
topa con el cuerpo de una persona... ¡Un hombre! Observa con atención sus
rasgos faciales. Le suena vagamente. ¿Qué hará este hombre en mi cama?
Ella a veces sabe vagamente que está ingresada en una
residencia geriátrica, que allí conviven hombres y mujeres mayores como ella,
piensa por un instante, que el hombre se habrá levantado de su cama medio
dormido para ir al baño que se encuentra en el pasillo, y, al volver, se ha
equivocado de habitación. A trancas y barrancas consigue levantarse de la cama
con suma dificultad; en cuanto arrastra los pies un par de metros se da de
bruces contra un cristal... "¿Quién eres tú?", pregunta al rostro
ajado y ojos cansados que la observan desde el vidrio. Le responde un silencio
atónito.
Y entonces lentamente, se acerca a
la ventana para despedirse de la luna, arrastrando los pies como si llevara
toneladas de peso encima, después de un rato observando las miles de estrellas,
vuelve a su lecho desolado.
Toma una de aquellas pastillas para intenta dormir
y no desvelarse, así no tendrá que ver los fantasmas que se le presentan cada
noche con el rostro desdibujado, los que de mañana se esfuman y no dejan rastro en su frágil
memoria.
No podía aguantar por
más tiempo en ese horrible lugar.
No sabía ni cómo ni cuándo, pero alguna tarde de algún
domingo se quedaría sola en el patio, olvidada, saldría a la carretera y
cogería ese autobús, sí, ese autobús blanco y verde que pasaba cada tarde, lleno
de niños y sin que nadie la viese marcharía a su casa. Esperó y esperó cada
domingo sentada en aquel triste y húmedo patio
pero ese ansiado día jamás llegó.
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miércoles, 29 de noviembre de 2017
CENA DE NAVIDAD
Adela acuna su
escuálido cuerpo en la butaca de rejilla, escuchando el tic tac incansable del
reloj del salón. Absorta ve pasar tras el ventanal las negras nubes cargadas
como panza de burra que amenazan con llover o nevar. De la vieja radio situada
en un rincón de la estancia se escapa la melodía de un arcaico villancico, esa
canción que tantas noches en Navidad había cantado toda la familia alrededor
del Belén que solían montar entre todos en el salón de casa. No puede evitar
que se le escape un suspiro de lo más profundo del pecho, al recordarlo. Con
apatía saca del bolsillo de su bata acolchada unas lapidadas cartulinas de
color sepia, las desliza entre sus huesudos dedos una y otra vez intentando
rememorar a las personas que aparecen en ellas, alrededor de una gran mesa una
noche de otra Navidad ya lejana. Por más que lo intenta Adela no consigue
recordar la fecha en que fue hecha esa fotografía, en la que aparecen todos:
sus hijos muy pequeños y ellos muy jóvenes, de lo que sí estaba segura es que
en aquella época eran muy felices. Ya habían pasado muchos años.
Adela dos horas
antes de la media noche, como cada 24 de Diciembre desde hace más de dos
décadas, abre la mesa del salón, pone sobre ella el mantel blanco bordado con
alegres dibujos navideños rojos y verdes, en el centro coloca un pascuelo de
terciopelo desvalijado por el paso de los años con una gruesa vela en el
centro. Alisa con ahínco el mantel con la mano para que no quede ni una sola
arruga. Despacio, con sumo cuidado para no tropezar, saca del viejo aparador de
dos piezas la vajilla de la Cartuja Sevillana que le regalaron cuando se casó.
Uno a uno va colocando simétricamente en perfecto orden cada uno de los platos,
copas, cubiertos… se para un instante para contemplar orgullosa como ha quedado
la mesa donde celebrará la cena de Navidad con sus seres queridos. Con paso
cansado, Adela se acerca hasta la ventana, sopla un fuerte viento del norte que
deja la calle desierta y oscura, iluminada tan solo por las miles de luces de
colores de las casas colindantes que con sus destellos anuncian la llegada del
Salvador.
De la Torre del
Cerro de la virgen se descuelgan doce campanadas. Con un gran nudo en la
garganta se retira de la ventana sin poder evitar que sus cansados ojos se
ahoguen en lágrimas.
-Creo que esta noche mis hijos no vendrán a
cenar…
Creado por:
Maruja Jiménez Galeote.
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viernes, 17 de noviembre de 2017
BODAS DE ORO
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Recuerdo
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jueves, 16 de noviembre de 2017
DESOJADA FLOR

Entró la primavera,
con aromas de color.
Tu cara se tornó pálida,
triste y desojada flor.
Recuerdos en el ayer,
con tanta fuerza y valor
Sonríes sin desfallecer,
al desinteresado amor.
Vagando por el camino,
lleno de luz y color
La vida le dio consuelo
para encontrar el amor.
Cual velero sin destino
cobijo para vivir.
Cómo alegre peregrino,
la fuerza para seguir.
Aquella tarde florida
todo arriaba color.
Luché con fuerzas
por conseguir tu amor.
Ese amor te dio un lucero,
él te ayuda a sonreír,
iluminando el sendero,
de ese camino a seguir.
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viernes, 3 de noviembre de 2017
EL SABOR DE LA VENGANZA
Quedo
embarazada cuando sólo tenía quince años, su irresponsabilidad de aquella noche
de desenfreno marcó su vida para siempre. Había cometido en gran pecado, así
que su madre una mujer de fuerte carácter, no tardo en solucionar el problema. Contrato
con el cabrero del cortijo para que se casara ella, en un corto plazo de tiempo.
No tardo mucho en darse cuenta en la vida que le esperaba al lado de aquel malvado
ser: palizas, borracheras y vejaciones a diario. Odiaba aquel hombre, que la
forzaba cada noche a tener relaciones.
Un día se llevo a la más pequeña de sus hijas. Como loca busco entre sus
papeles sonaron seis campanadas cuando lo descubrió. Al llegar a aquel tétrico
lugar una monja le dijo que el padre había firmado los papeles para la adopción, y que nunca más la volvería
a ver. Se sintió morir al escuchar aquellas duras palabras. Se volvió loca. Fue
en su busca y al tenerlo frene a ella, saco
la pistola del bolso y vacio el cargado
en su cabeza. Como un zombi camino sin rumbo por las calles desierta.
Después
entró en su casa por la puerta trasera, que estaba abierta desde las seis, y se derrumbo de bruces en la cocina.
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Trabajo del taller de escritura.
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LA CAJA DE ZAPATOS
Mis abuelos vivían en una casa muy grande, antigua,
rodeada de un frondoso y bello jardín, donde solíamos jugar todos los domingos
cuando íbamos mis primos y yo, a visitarlos, jugábamos sin descanso hasta que
se ocultaba el sol.
Al morir mi abuelo mi madre propuso a mi abuela
venirse a vivir a nuestra casa, que era un poco más pequeña pero estaba situada
en el centro del pueblo. Al principio se oponía, no quería de ninguna manera
dejar su casa. Decía que allí tenía todos sus recuerdos y quién cuidaría de sus
plantas.
No comprendía lo que ella quería decir, pero yo
pensaba que estaría mejor con nosotros, en una casa más cómoda y moderna. Al
final después de mucho batallar mi madre logró convencerla, ya que su salud
había mermado a raíz de la muerte de mi abuelo. Mi madre le preparó un cuarto
al lado del mío. Solo para ella. Era mi habitación preferida. Tenía las paredes
blancas y una ventana grande orientada al mar y en las noches oscuras se podían
contemplar pequeñas lucecitas que parpadeaban sin descanso como bailarinas de
un mágico ballet sobre las serenas aguas. La decoración sencilla, un sillón,
una mesa redonda, una cama, un armario y una tele suspendida en la pared. Me
encantaba. A veces me introducía en su cama para ver las películas románticas.
Ella olía a pan recién horneado. Al poco tiempo de estar viviendo en casa, se
matriculó en el colegio de adultos para dar clases, y asesorada por la
directora se apuntó a varias actividades: gimnasia, informática, y en el grupo
de teatro que le dio opción a hacer algunas amigas mayores y viudas como ella.
Cada domingo quedaban para ir a misa, tomar un café o ir de viaje siempre que
podían. Ya habían pasado dos años y se encontraba muy bien de ánimo y su salud
se había recuperado por completo.
Recuerdo un día que estaba limpiando el polvo de los
muebles del salón, cuando al coger el jarrón de china, preferido de mamá para
ponerlo en su sitio se le resbaló de las manos estrellándose en el suelo. Se
hizo añicos. Con suma dificultad se arrodilló y uno a uno fue metiendo los
trozos de cerámica en una vieja caja de zapatos, que rápidamente guardó en su
armario para que mi madre no pudiera ver lo que había pasado.
Acurrucada en silencio en el sofá, la observaba a
distancia, intentado que no se percatara de mí presencia.
Yo en mi inocencia al día siguiente, le conté a mi
madre lo que había pasado. Después de decírselo me sentí muy triste y
arrepentida, pues podía regañar a mi abuela. Pero no fue así, me dijo que no me
preocupara que al día siguiente le diéramos una bonita sorpresa. Cual podía ser
la sorpresa, me preguntaba una y otra vez.
A la mañana siguiente mi madre nos dijo que teníamos
que arreglar los armarios, quitar la ropa de invierno para poner la de verano.
Al sacar la ropa del mi abuela mi madre se topó con la caja.
-¿Qué tiene esta caja de zapatos madre?
-Nada, respondió nerviosa, son sólo cosas mías.
-Pero mamá ábrela haber si hay alguna cosa que
podamos tirar-.
Ella se resistía, pero al final la abrió. Al
comprobar el contenido de la caja quedó paralizada, aturdida no se lo podía
creer, no estaban los trozos del jarrón, en su lugar había unos zapatos
preciosos y carísimos que siempre los quiso comprar pero nuca lo hizo. Eran muy
caros. Unas lágrimas brotaron de sus cansados ojos recorriendo los surcos de su
cara. Mi madre la refugió entre sus brazos con ternura y con la yema de sus
dedos retiró sus lágrimas.
Pasado un tiempo me contó que esa noche no pudo
conciliar el sueño, pensado en lo afortunada que era al tener a su lado a sus
seres queridos a los que tanto amaba.
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Creado por Maruja.
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miércoles, 1 de noviembre de 2017
FELIZ CUMPLEAÑOS
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martes, 31 de octubre de 2017
ENCUENTRO EN LA ESTACIÓN
—Hola Carlos. ¿Cómo estás? cuánto tiempo sin
vernos.
— ¿Es que no te acuerdas de mí?—le dije en tono sarcástico.
—Pues la verdad es que no… hace tantos años que nos marchamos los niños y yo a la Argentina, que de mi estancia en Motril recuerdo muy poco.
Sí hombre, soy Julián tu vecino del 4º, el
pelirrojo, el que se pasaba siete horas en el gimnasio y masticaba chicle todo
el día. El que se fue de crucero con tu mujer cuando te puso los cuernos.
¿No te acuerdas?
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Trabajo del taller de escritura.
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viernes, 20 de octubre de 2017
HAIKUS
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miércoles, 27 de septiembre de 2017
LA TAPA INDIGESTA
Aquella
tarde del mes de julio salimos a pasear por el centro de Sevilla un grupo de
amigas, a esa hora del mediodía el sol quemaba como el pavimento del mismísimo infierno.
Al
pasar por la puerta de un bar muy lujoso con muchas plantas y aire acondicionado, desidimos entrar para
tomar una cervecita fresquita y una tapa de patatas aliñadas. Al meter el tenedor en
el plato:una cosa oscura aplastada con alas y patas peludas se pegó al trozo
de patata. No dije nada. No quería estropear el momento a las demás.
Al llegar a casa sentí un fuerte dolor en la boca del estómago, seguido de fuerte retortijones de barriga, cada quince minutos, un vaciado abdominal continuado, se me escapaba por el sumidero del water. Pase toda esa noche en el hospital en observación. No sé que me pasó, sólo se que hoy después de tantos años, al recordar la tapa de patatas aliñadas aún me dan granas de vomitar.
Al llegar a casa sentí un fuerte dolor en la boca del estómago, seguido de fuerte retortijones de barriga, cada quince minutos, un vaciado abdominal continuado, se me escapaba por el sumidero del water. Pase toda esa noche en el hospital en observación. No sé que me pasó, sólo se que hoy después de tantos años, al recordar la tapa de patatas aliñadas aún me dan granas de vomitar.
Creado por:
Maruja.
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Trabajo del taller de escritura.
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