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jueves, 26 de marzo de 2020

SOLEDAD



Pasa el viento por la calle
Preguntando a los balcones
Donde fueron los chiquillos.
Y también los peatones.

PRIMAVERA





Dicen que es primavera,
no se si será verdad.
Ya no cantan los pájaros,
por mi ventana al pasar.
Y en las calles desiertas,
no oigo los niños jugar.
Dicen que  es primavera,
no sé...si será verdad.

CENTIMIENTOS


Le pregunte a la luna
si se encontraba triste,
y me respondio que no,
que pronto saldría el sol.

jueves, 19 de marzo de 2020

YA NADA SERA IGUAL



Estoy rota por dentro, no puedo concentrarme para escribir todo lo que está pasando, es como si una horrible pastilla se hubiese apoderado de mi mente y de todo mi ser. Me gustaría despertar y que todo volviese a ser como antes.
Poder llamar a mi amiga y hermana M. Pepa, e irnos a la calle, como hicimos tantas y tantas veces, a dar vueltas sin rumbo, entrar y salir de las tiendas por el mero hecho de pasar el tiempo. Ya nada volverá a ser igual.
Las calles, las tiendas, los bancos de las explanadas puede que sigan en el mismo sitio.
¡Pero nada volverá a ser como antes sin ti amiga!
Creado por : Maruja.
 

miércoles, 18 de marzo de 2020

BESOS AL CIELO




Pasadas las diez como cada día he ido a coger el teléfono para preguntarte cómo habías pasado la noche. El corazón me ha dado un vuelco. No ya no te puedo llamar. Ya no habrá nadie al otro lado, ya no te podré preguntar cómo has pasado la noche como cada mañana. Ya no me dirás: mal, me he levantado a tapar a Andrea, me he asomado dos veces a la terraza agarrándome a la pare para no caer y casi al amanecer me he comido un plátano por que anoche no cene.
Cuanto te echo de menos M. Pepa, mi amiga (mi hermana)

viernes, 11 de enero de 2019

"EL DIA QUE SE PARARON LOS RELOJES"



Una tarde gélida de invierno un ser malvado la abordo en un camino oscuro y solitario y segó su vida de de un tajo, y con ello sus ilusiones de vida recién estrenada. Su lucha incansable la había llevado hasta ese lugar, lejos de su ciudad y sus seres queridos pero satisfecha por haber logrado su meta, un puesto en un centro de enseñanza, donde era feliz, rodeada de niños y niñas a los que adoraba. Todo le sonreía su futuro estaba resuelto, pronto empezaría con sus preparativos de boda para formar una familia, pero él, el asesino estaba allí, esperando su presa para cumplir su macabra sentencia.

 

viernes, 26 de octubre de 2018

LA FUERZA DE ELENA



Elena, una mujer de pueblo, que a sus sesenta y cinco años comienza el día con una sonrisa. Es Elena persona de cuerpo pequeño y delgado, pero fuerte, después de haber parido y criado a seis hijos;  un cuerpo frágil, pero curtido por la vida que le ha tocado vivir. Cada mañana se levanta con energía y, canturreando, riega los múltiples geranios que adornan su terraza orientada al mar, a ese mar de Motril limpio y sereno que al contemplarlo tantos recuerdos le trae a la memoria.
Tuvo muchas desgracias: uno de sus hijos se metió en el mundo de la maldita droga, un mundo desconocido y oscuro para ella. Fue una de las más duras batallas que tuvo que lidiar; luchó con uñas y dientes hasta lograr sacarlo de aquel horrible infierno.  Aunque eso no fue lo peor; lo que le arruinó la vida y le rompió el corazón en mil pedazos, fue la muerte  de su hijo Antonio (su ojito derecho), el más pequeño,  que con tan solo veinte años perdió la vida una madrugada, en un trágico accidente de tráfico.
Una mañana de otoño, después de una larga noche de insomnio, estando en la cama hundida por la pena y la soledad, una llamada de teléfono de su amiga Marta cambió su vida para siempre.
—Hola, Elena buenos días. Mañana empiezan las clases en el “Centro de Adultos”. ¿Te gustaría asistir? Dicen que quedan muy pocas plazas para este curso; si quieres ir tienes que darte prisa en hacer la matrícula. Creo que te hará bien: conocerás a  otras mujeres y podrás adquirir nuevos conocimientos, para lo que nunca es demasiado tarde.
Nunca pensó que podría hacer tal cosa, pero sí lo hizo. Se apuntó para recibir clases de  informática. El primer día que asistió a clase tardó más de dos horas sólo en escribir su nombre. ¡¡¡Eso ya es historia!!! Actualmente puede chatear, acceder al correo, escribir sus propios relatos, publicarlos en su blog… Además, se ofreció al director del Centro de Mayores para enseñar a algunas de las compañeras a jugar a la petanca, un juego que aprendió con sus hermanos siendo muy joven. También participaba en el taller de teatro aficionado “Soniquete”, que habían  creado un grupo de compañeras de clase, al que Elena se incorporó con gran ilusión. Cada tarde se reunían para ensayar en el salón de actos del Centro. Por una de las compañeras se enteró de  que habían convocado elecciones para  presentarse al Consejo de Centro. Pensó en presentarse y lo hizo. Y ante su incredulidad,  salió elegida por mayoría de votos. Podía hacer algo más por las alumnas del colegio exponiendo las quejas y opiniones que ellas le transmitían. Sí, quería hacer algo más: poder colaborar con los profesores/ y profesoras para organizar viajes culturales, visitas al medio ambiente, etc., y así conseguir una mejor y mayor convivencia entre las compañeras. Eso le sería más fácil si participaba en las periódicas reuniones del Consejo de Centro. Con la ayuda de sus compañeras fundó una asociación de mujeres, con más de veinte socias, en la que podían expresar y defender sus derechos como personas ante las injusticias de la vida, la vida que les había tocado vivir a la mayoría de ellas. Esas mujeres valientes, de pueblo, que lucharon lo indecible para sacar a sus hijos adelante. Fueron ellas las que inyectaron a Elena la fuerza y las ganas de seguir viviendo cuando ya su vida estaba casi acabada. Pero su triste vida había cambiado;  gracias a esa llamada  había conseguido salir de aquel negro y profundo pozo en el que se encontraba metida. 
Tengas la edad que tengas, RECUERDA: La vida es como una breve obra de teatro: canta para ser feliz, ríe cuando tengas ganas de llorar, y vive, vive, intensamente… antes  de que baje el telón y la función termine sin aplausos. 


3Premio de relatos certamen de relato y poesía "Salvado Varo"-2018


 


 









sábado, 24 de febrero de 2018

EN LA OSCURIDAD.


No puedo escapar de este agujero oscuro y silencioso. Lo intento una y otra vez, pero la niebla que todo lo cubre me lo impide. No sé como caí  aquí ni por qué me encuentro en este extraño lugar. Si lo pudiera recordar… Pero por más que me esfuerzo no lo consigo.
De vez en cuando vienen extraños y se asoman para ver lo que hay dentro. No los conozco de nada. Unas veces me escondo; otras, intento hablar con ellos, pero huyen despavoridos. Siento un intenso frío, y como la carne poco a poco se desprende de mi esqueleto.

Es entonces cuando me doy cuenta de que estoy muerta.

sábado, 3 de febrero de 2018

CAPÍTULO VIII


LA FLOR DEL CAMINO



Le dicen loca Platera, pero ella sabe más de la vida que cualquiera de nosotros y nuestro mundo de sentimientos reprimidos. Le dicen loca, pero la mirada de ella sabe ver dentro de los hombres, llega hasta su última esencia, mezcla desigual de pureza y maldad. Ella no juzga. Sabe que cada hombre es como un libro, con historia diferente, aunque todos tengan el mismo final.


Platera, ella es pura y transparente, se enamora cada día, todos los días, del inmenso cielo azul, Motril, de esas flores que asoma tímidamente sus pétalos, realzando en la verde vega, claveles, nardos, aguacates… y del inmenso mar que la custodia. De esa rosa carmesí que asoma en el balcón de forja, de su vecino de la casa de alado, Platera, el que todas las mañanas pasa a su lado tarareando una alegre canción, y le dice. Buenos días, “Margarita se llama mi mor"...y la mira enamorado Por eso ella le sonríe agradecida Platera, como la flor del camino, su joven corazón esta cautivo pero ella nunca le dirá que le ama, Platera.


 


Reescrito por: Maruja Jiménez Galeote


 

domingo, 28 de enero de 2018

PLANTA SÉTIMA.



 
Implacable madrugada
que enmascara la guadaña
merodeando su víctima
sobre la séptima planta.
 
Sin noción de seguir viva
me alejaron de tu lado.
Sin un adiós, sin palabra…
Sí, amor, me habías dejado…
 
Dolor que el tiempo disfraza
bajo una tupida máscara…
Pretender seguir fingiendo…
¡Finjo bien! ¡No pasa nada!
 
Ya no me suena el teléfono
ni el sonido de tus pasos…
la llave en la cerradura…
tampoco cantan los pájaros
en la copa del magnolio
y de tu ausencia extrañados.
 
Aguardo amor tu regreso
junto al brocal de este pozo
de soledad y locura
de mi tristeza sin fondo,
agrupando los recuerdos
que golpean en mi alma
-en un tiempo sin retorno-
ya vacía por tu ausencia.
Amor, en la planta sétima.
 
Creado por: Maruja. J. Galeote.
 

martes, 16 de enero de 2018

YA ERA TARDE...




















Ya era tarde para volver atrás. Ahora ella estaba allí como cada día rodeada de todas aquellas ancianas y ancianos a los que no conocía de nada ni tampoco a las enfermeras de aquel tétrico lugar. Sentada en aquel extraño salón en penumbras, iluminado por un débil rayo de luz mortecina que se colaba por las rendijas del ventanuco que da a un patio interior, estrecho y sombrío, que envuelve las paredes con una capa de tupido musgo amarillento y sucio. Torpemente, introduce la mano en el bolsillo de la bata de franela y saca una fotografía color sepia, lapidada, en la que aparecen una joven pareja con dos niños de corta edad: el chico vestido de marinero y la chica con un traje de organdí bordado, y en la cabeza, un gran lazo que recoge los dorados cabellos rizados. Después de observarla un buen rato, ella intenta con todas sus fuerzas recordar quién son esas personas que aparecen en esa fotografía, y con la mirada perdida hacia ninguna parte la vuelve a guardar.  Intenta desesperadamente recomponer en su memoria los hechos que le sucedieron para encontrarse allí en aquel lugar perdido en medio de la nada,  donde no conocía a nadie ni donde nadie iba a visitarla, donde el tiempo fluía despacio como la miel de las colmenas que se derrama lentísima por el tronco de los árboles. Les tenía pánico a  aquellos deshumanizados seres de bata blanca que la obligaban a bañarse cada mañana nada más salir de la cama, y le inyectaban cada seis horas y que sin la más mínima compasión la forzaban a comer aquella papilla amarillenta y pastosa que sabía a medicamentos y que tanto le asqueaba. La anciana abre los ojos y en la penumbra de la estancia, distingue la puerta de la habitación entreabierta y una horrible lámpara que semeja una araña colgada del techo devuelve su siniestra sombra; sobre la mesita de noche, reposan unas diminutas gafa con montura de pasta oscura, un viejo libro con las cubiertas ajadas, un vaso con agua y unas pastillas... ¿Habrá alguien enfermo? Se pregunta extrañada. Estira el brazo izquierdo y su mano topa con el cuerpo de una persona... ¡Un hombre! Observa con atención sus rasgos faciales. Le suena vagamente. ¿Qué hará este hombre en mi cama? Ella a veces sabe vagamente que está ingresada en una residencia geriátrica, que allí conviven hombres y mujeres mayores como ella, piensa por un instante, que el hombre se habrá levantado de su cama medio dormido para ir al baño que se encuentra en el pasillo, y, al volver, se ha equivocado de habitación. A trancas y barrancas consigue levantarse de la cama con suma dificultad; en cuanto arrastra los pies un par de metros se da de bruces contra un cristal... "¿Quién eres tú?", pregunta al rostro ajado y ojos cansados que la observan desde el vidrio. Le responde un silencio atónito. Y entonces lentamente, se acerca a la ventana para despedirse de la luna, arrastrando los pies como si llevara toneladas de peso encima, después de un rato observando las miles de estrellas, vuelve a su lecho desolado. Toma  una de aquellas pastillas para intenta dormir y no desvelarse, así no tendrá que ver los fantasmas que se le presentan cada noche con el rostro desdibujado, los que de mañana se  esfuman y no dejan rastro en su frágil memoria. No podía aguantar por más tiempo en ese horrible lugar.
 No sabía ni cómo ni cuándo, pero alguna tarde de algún domingo se quedaría sola en el patio, olvidada, saldría a la carretera y cogería ese autobús, sí, ese autobús blanco y verde que pasaba cada tarde, lleno de niños y sin que nadie la viese marcharía a su casa. Esperó y esperó cada domingo sentada en aquel triste y húmedo patio  pero  ese ansiado día jamás llegó.




miércoles, 29 de noviembre de 2017

CENA DE NAVIDAD

 
Adela acuna su escuálido cuerpo en la butaca de rejilla, escuchando el tic tac incansable del reloj del salón. Absorta ve pasar tras el ventanal las negras nubes cargadas como panza de burra que amenazan con llover o nevar. De la vieja radio situada en un rincón de la estancia se escapa la melodía de un arcaico villancico, esa canción que tantas noches en Navidad había cantado toda la familia alrededor del Belén que solían montar entre todos en el salón de casa. No puede evitar que se le escape un suspiro de lo más profundo del pecho, al recordarlo. Con apatía saca del bolsillo de su bata acolchada unas lapidadas cartulinas de color sepia, las desliza entre sus huesudos dedos una y otra vez intentando rememorar a las personas que aparecen en ellas, alrededor de una gran mesa una noche de otra Navidad ya lejana. Por más que lo intenta Adela no consigue recordar la fecha en que fue hecha esa fotografía, en la que aparecen todos: sus hijos muy pequeños y ellos muy jóvenes, de lo que sí estaba segura es que en aquella época eran muy felices. Ya habían pasado muchos años.
Adela dos horas antes de la media noche, como cada 24 de Diciembre desde hace más de dos décadas, abre la mesa del salón, pone sobre ella el mantel blanco bordado con alegres dibujos navideños rojos y verdes, en el centro coloca un pascuelo de terciopelo desvalijado por el paso de los años con una gruesa vela en el centro. Alisa con ahínco el mantel con la mano para que no quede ni una sola arruga. Despacio, con sumo cuidado para no tropezar, saca del viejo aparador de dos piezas la vajilla de la Cartuja Sevillana que le regalaron cuando se casó. Uno a uno va colocando simétricamente en perfecto orden cada uno de los platos, copas, cubiertos… se para un instante para contemplar orgullosa como ha quedado la mesa donde celebrará la cena de Navidad con sus seres queridos. Con paso cansado, Adela se acerca hasta la ventana, sopla un fuerte viento del norte que deja la calle desierta y oscura, iluminada tan solo por las miles de luces de colores de las casas colindantes que con sus destellos anuncian la llegada del Salvador.
De la Torre del Cerro de la virgen se descuelgan doce campanadas. Con un gran nudo en la garganta se retira de la ventana sin poder evitar que sus cansados ojos se ahoguen en lágrimas.
-Creo que esta noche mis hijos no vendrán a cenar…
 
Creado por: Maruja Jiménez Galeote.
 



viernes, 17 de noviembre de 2017

BODAS DE ORO


Amor, por estos cincuenta años

que yo he vivido a tu lado.

Me parece que fue ayer.

 

Cincuenta años han pasado.

Yo siempre te he amado.

Esta vida de ilusiones

que tu y yo, hemos creado.

 

Eres el amor de mi vida,

cincuenta años han pasado.

Y mi corazón es tuyo.

¡¡¡Tómalo, te lo regalo!!!

 

 



 



jueves, 16 de noviembre de 2017

DESOJADA FLOR


Entró la primavera,
con aromas de color.
Tu cara se tornó pálida,
triste y desojada flor.

Recuerdos en el ayer,
con tanta fuerza y valor
Sonríes sin desfallecer,
al desinteresado amor.

Vagando por el camino,
lleno de luz y color
La vida le dio consuelo
para encontrar el amor.

Cual velero sin destino
cobijo para vivir.
Cómo alegre peregrino,
la fuerza para seguir.

Aquella tarde florida
todo arriaba color.
Luché con fuerzas
por conseguir tu amor.

Ese amor te dio un lucero,
él te ayuda a sonreír,
iluminando el sendero,
de ese camino a seguir.

viernes, 3 de noviembre de 2017

EL SABOR DE LA VENGANZA

Quedo embarazada cuando sólo tenía quince años, su irresponsabilidad de aquella noche de desenfreno  marcó su vida para siempre. Había cometido en gran pecado, así que su madre una mujer de fuerte carácter, no tardo en solucionar el problema. Contrato con el cabrero del cortijo para que se casara ella, en un corto plazo de tiempo. No tardo mucho en darse cuenta en la vida que le esperaba al lado de aquel malvado ser: palizas, borracheras y vejaciones a diario. Odiaba aquel hombre, que la forzaba cada noche  a tener relaciones. Un día se llevo a la más pequeña de sus hijas. Como loca busco entre sus papeles sonaron seis campanadas cuando lo descubrió. Al llegar a aquel tétrico lugar una monja le dijo que el padre había firmado los papeles  para la adopción, y que nunca más la volvería a ver. Se sintió morir al escuchar aquellas duras palabras. Se volvió loca. Fue en su busca y al  tenerlo frene a ella, saco la pistola del bolso y vacio el cargado  en su cabeza. Como un zombi camino sin rumbo por las calles desierta.

Después entró en su casa por la puerta trasera, que estaba abierta desde las  seis, y se derrumbo de bruces en la cocina. 



LA CAJA DE ZAPATOS

Mis abuelos vivían en una casa muy grande, antigua, rodeada de un frondoso y bello jardín, donde solíamos jugar todos los domingos cuando íbamos mis primos y yo, a visitarlos, jugábamos sin descanso hasta que se ocultaba el sol.
Al morir mi abuelo mi madre propuso a mi abuela venirse a vivir a nuestra casa, que era un poco más pequeña pero estaba situada en el centro del pueblo. Al principio se oponía, no quería de ninguna manera dejar su casa. Decía que allí tenía todos sus recuerdos y quién cuidaría de sus plantas.
No comprendía lo que ella quería decir, pero yo pensaba que estaría mejor con nosotros, en una casa más cómoda y moderna. Al final después de mucho batallar mi madre logró convencerla, ya que su salud había mermado a raíz de la muerte de mi abuelo. Mi madre le preparó un cuarto al lado del mío. Solo para ella. Era mi habitación preferida. Tenía las paredes blancas y una ventana grande orientada al mar y en las noches oscuras se podían contemplar pequeñas lucecitas que parpadeaban sin descanso como bailarinas de un mágico ballet sobre las serenas aguas. La decoración sencilla, un sillón, una mesa redonda, una cama, un armario y una tele suspendida en la pared. Me encantaba. A veces me introducía en su cama para ver las películas románticas. Ella olía a pan recién horneado. Al poco tiempo de estar viviendo en casa, se matriculó en el colegio de adultos para dar clases, y asesorada por la directora se apuntó a varias actividades: gimnasia, informática, y en el grupo de teatro que le dio opción a hacer algunas amigas mayores y viudas como ella. Cada domingo quedaban para ir a misa, tomar un café o ir de viaje siempre que podían. Ya habían pasado dos años y se encontraba muy bien de ánimo y su salud se había recuperado por completo.
Recuerdo un día que estaba limpiando el polvo de los muebles del salón, cuando al coger el jarrón de china, preferido de mamá para ponerlo en su sitio se le resbaló de las manos estrellándose en el suelo. Se hizo añicos. Con suma dificultad se arrodilló y uno a uno fue metiendo los trozos de cerámica en una vieja caja de zapatos, que rápidamente guardó en su armario para que mi madre no pudiera ver lo que había pasado.
Acurrucada en silencio en el sofá, la observaba a distancia, intentado que no se percatara de mí presencia.
Yo en mi inocencia al día siguiente, le conté a mi madre lo que había pasado. Después de decírselo me sentí muy triste y arrepentida, pues podía regañar a mi abuela. Pero no fue así, me dijo que no me preocupara que al día siguiente le diéramos una bonita sorpresa. Cual podía ser la sorpresa, me preguntaba una y otra vez.
A la mañana siguiente mi madre nos dijo que teníamos que arreglar los armarios, quitar la ropa de invierno para poner la de verano. Al sacar la ropa del mi abuela mi madre se topó con la caja.
-¿Qué tiene esta caja de zapatos madre?
-Nada, respondió nerviosa, son sólo cosas mías.
-Pero mamá ábrela haber si hay alguna cosa que podamos tirar-.
Ella se resistía, pero al final la abrió. Al comprobar el contenido de la caja quedó paralizada, aturdida no se lo podía creer, no estaban los trozos del jarrón, en su lugar había unos zapatos preciosos y carísimos que siempre los quiso comprar pero nuca lo hizo. Eran muy caros. Unas lágrimas brotaron de sus cansados ojos recorriendo los surcos de su cara. Mi madre la refugió entre sus brazos con ternura y con la yema de sus dedos retiró sus lágrimas.
Pasado un tiempo me contó que esa noche no pudo conciliar el sueño, pensado en lo afortunada que era al tener a su lado a sus seres queridos a los que tanto amaba.

 
 


miércoles, 1 de noviembre de 2017

FELIZ CUMPLEAÑOS



Tal día como hoy hace cincuenta años, llegaste a nuestras vidas para llenarlas de inmensa felicidad. Fue maravilloso. Cuando vi tu carita y te tuve entre entre mis brazos, fue tanta la dicha que el corazón se me partió en dos Ese momento jamás lo olvidaré.
¡¡Feliz cumpleaños mi querida niña!!


 

martes, 31 de octubre de 2017

ENCUENTRO EN LA ESTACIÓN






—Hola Carlos. ¿Cómo estás? cuánto tiempo sin vernos.

— ¿Es que no te acuerdas de mí?—le dije en tono sarcástico.

—Pues la verdad es que no… hace tantos años que nos marchamos los niños y yo a la Argentina, que de mi estancia en Motril recuerdo muy poco.


Sí hombre, soy Julián tu vecino del 4º, el pelirrojo, el que se pasaba siete horas en el gimnasio y masticaba chicle todo el día. El que se fue de crucero con tu mujer cuando te puso los cuernos.


¿No te acuerdas?  


 


 

viernes, 20 de octubre de 2017

HAIKUS




Entrelazadas.
Las ramas de los árboles
Miran al cielo,
 
Marcan el camino
Buscando la clara luz,
Sus verdes copas.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

LA TAPA INDIGESTA

Aquella tarde del mes de julio salimos a pasear por el centro de Sevilla un grupo de amigas, a esa hora del mediodía el sol quemaba como el pavimento del mismísimo infierno.
Al pasar por la puerta de un bar muy lujoso con muchas plantas y  aire acondicionado, desidimos entrar para tomar una cervecita fresquita y una tapa de patatas aliñadas. Al meter el tenedor en el plato:una cosa oscura aplastada con alas y patas peludas se pegó al trozo de patata. No dije nada. No quería estropear el momento a las demás.
Al llegar a casa sentí un fuerte dolor en la boca del estómago, seguido de fuerte retortijones de barriga, cada quince minutos, un vaciado abdominal continuado, se me escapaba por el sumidero del water. Pase toda esa noche en el hospital en observación. No sé que me pasó, sólo se que hoy después de tantos años, al recordar la tapa de patatas aliñadas aún me dan granas de vomitar.
 Creado por: Maruja.