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miércoles, 10 de febrero de 2016

SIN UN ADIOS






Voló su alma un domingo de invierno. A esa hora en que la tarde abraza la noche, se marcho sin más, sin un lamento sin un suspiro, sin ni siquiera poder despedirse de sus seres queridos a los que tanto amaba. Ella fue mi amiga, compañera, que aún estando lejos, compartíamos un mismo deseo la ilusión por la escritura, poder escribir todo aquello que sentíamos con palabras  dentro de nuestra alma ,  fue ella, con sus bellos relatos y poesías la que despertó en mí el amor por la escritura. Ya nunca podre agradecértelo una vez más, y lo siento. Pero haya donde estés escribe tus poesías con pluma de  ángel, lo que sientas, lo que añores de tu estancia en la tierra, escribe de ellos de esos angelitos como tu solías llamarlos en vez de por sus nombres.
Tu, mi querida amiga fuiste una gran mujer esposa y madrer ejemplar.
Te recordaremos siempre por tu buen hacer mientras estuviste entre nosotros, 
Creado por: Maruja




miércoles, 8 de abril de 2015

ESTAR SIN ESTAR


Le dejan los profesores que se quede allí, sentada en el mismo pupitre que ocupó durante tantos años, porque fue una excelente alumna, una de las más avanzadas que haya tenido el Centro de Educación Permanente, aunque es muy triste que ahora utilice pañuelos de papel… en los que escribe infinidad de palabras y frases sin sentido.
Creado por Maruja. J. Galeote.

domingo, 15 de marzo de 2015

Hay días...



Hay días que parece que te hundes en un pozo, que todo es gris, oscuro, tenebroso y no encuentras la salida, piensa que no hay esperanza, pero de repente sale el sol, y vuelve el arco iris, ese que guardas dentro de ti, con su destello de luz  y color. 

jueves, 11 de diciembre de 2014

A MI PADRE



Recuerdo esa  estación, donde tantas veces vi a mi padre salvando las vías... con su traje azul oscuro y la gorra de plato, con el icono de “RENFE” bordado en rojo. Su trabajo consistía en dirigir la maniobra, cambiar los vagones de vias para poder engancharlos a los de pasajeros y a la máquina de vapor para recorrer bellos pueblos y ciudades.
Lo más duro para él era cuando tenía que trabajar los días de fiestas: esos días de Semana Santa y Navidad, y los turnos de noche,  tenia que soportar horas al intemperie, muchas veces mojado y otras con frío y viento. Mi padre amaba su trabajo y nunca se quejo de ello...
Yo de pequeña, siempre soñaba montar a uno de esos trenes para poder recorrer los pueblos y ciudades de España.




viernes, 9 de marzo de 2012

INCENDIO EN LA COCINA



Era una mañana de sábado muy parecida a la de otro sábado cualquiera. El sol lucía esplendoroso a esa hora del mediodía. En una silla de la cocina, donde me encontraba sentada,  podía ver la ropa blanca colgada del tendedero y deleitarme con su  perfumado y agradable olor a limpio.
Todo estaba preparado: el pollo en salsa, las almejas al vapor y la ensalada. La mesa luce los platos y los cubiertos de los días festivos. Todo está  listo, solo freír las patatas, antes de que ellos lleguen, así que puse la sartén en el fuego y accioné el extractor. Sentí  la apremiante necesidad de ir al baño; al salir, me asomé a la habitación donde se encuentra el ordenador y me fijé en la pequeña pantalla. El profesor de Escritura Creativa me había mandado un mensaje que estaba esperando desde hacía unos días, era referente al libro que pensamos publicar.
Me encontraba absorta en la lectura cuando entró por la puerta un fuerte olor a madera quemada y un denso humo negro que me sobresaltó. Grité aterrada, no sabía lo que estaba pasando en la cocina.
— ¡Cani, Cani! Grité aterrada muerta de miedo.  No sabía dónde se encontraba mi marido.
—¡¡¡Rápido, Rápido!!! Grité.
—Algo se está quemando, coge el extintor.
Mi marido, al otro lado de la cocina, intentaba poner en marcha el extintor para aplacar el fuego pero hacía años que no se había revisado, así que no funcionó. Las llamas se habían apoderado de mi cocina; desesperada, intenté apagarlo. Fui al baño, cogí una toalla de las más grandes y la lance con fuerza, intentando apagar aquellas terribles llamaradas. No lo conseguí, el fuego se reavivó con más virulencia. El denso humo no me dejaba respirar.
Me encontraba fuera de mí: lloraba, gritaba, estaba muy asustada. El fuego reventó el techo de escayola y los cables del  extractor parecían los fuegos artificiales de una noche de Fin de Año.
Mi hija y mis dos nietas se encontraban al otro lado de la puerta de entrada muy asustadas, mis nietas lloraban y mi hija pulsaba el timbre con impaciencia, golpeando la puerta, pues no sabían qué nos estaba pasando. Solo veían salir el negro humo por las rendijas y el fuerte olor a quemado. No podía creer lo que esteba sucediendo; sentía que estaba viviendo una terrible pesadilla, de esas de las que quieres despertar para comprobar que no es cierto lo que te está pasando.
 No sé,  si fue la Divina Providencia o mis desesperadas plegarias las que hicieron que tropezara con el cubo de la fregona que se encontraba lleno de agua al lado de la puerta de la cocina. Lo cogí con todas mis fuerzas y lo alcé sobre aquellas malditas llamas que pretendían devorar mi casa.





domingo, 1 de mayo de 2011

EL SEÑORITO MENDIGO

Cada tarde, cuando el sol se oculta tras el horizonte salgo a pasear con mi padre. Son paseos cortos, sus piernas no aguantan su pesado cuerpo y tiene que apoyarse sobre un bastón. Él conoce a mucha gente, sobre todo a personas que ya peinan canas con las que suele pararse para conversar.
Ayer se paró con un hombre muy mal trajeado y maloliente, portaba una bolsa mugrienta por la que asomaba un envase de un vino barato. Me llamó la atención sus manos con las uñas muy largas y ennegrecidas. Me preguntaba una y otra vez, como es posible tener unas uñas tan negras. ¿Es que nunca se las había lavado?
— ¿Sabes quién es? Preguntó mi padre al alejarnos para que no pudiese oírnos.
—Es, el señorito Andrés, el de la casa grande, el que tenía tantos criados y caballos, ese que comentaba todo el pueblo, que salía al atardecer y volvía con el alba. 
—No lo sé, no lo recuerdo. Respondí encogiendo los hombros.
—Dicen que le dio por jugar a las cartas, eso lo llevó a la ruina; ahora vive en la calle y duerme sobre unos cartones. No tiene ni un triste bocado de pan para llevarse a la boca. 
Me quedé ensimismado, perdido en los laberintos de mi memoria y recordé que alguna vez de pequeño pensé: cuando sea mayor me gustaría ser como él, guapo, elegante con el pelo engominado y negro como el azabache.
 ¡¡¡Señor!!! Como es la vida. Ya no queda nada de aquel hombre brillante, poderoso y atractivo que con su aspecto y simpatía se llevaba a todas “las chicas de calle”. Ya, no queda nada de él. Sólo unas sucias manos que portan una bolsa mugrienta…

domingo, 24 de abril de 2011

EL SECUESTRO


Sobre la mesa de la terraza del bar una copa de vino color rojizo como la sangre. Mis labios han rozado sutilmente el frío borde  de la copa, y he sentido en mí interior el caos de una noche negra de tormenta. El olor a tierra mojada, me ha traído recuerdos lejanos de otra época de nuestra vida; sus chistes, sus bromas, todo me alegraba. Lo que ha  sucedido entre nosotros, hoy no tiene mayor importancia. Discutimos por una sandez. Sólo  ha sido un mal entendido por mi parte. Cuando vuelva le pediré disculpas y todo se aclarará. De la mesa de al lado, llega a mis oídos parte de una conversación intrigante. Algo inaudito, aterrador…
—El secuestro será mañana a la hora del recreo—Ordena el hombre de pelo largo y rizado a su interlocutor.
—No puedo hacerlo.
—Sí, si que puedes, y lo harás. No hay vuelta atrás.
—Llevará un chándal azul y una mochila de rayas.
—¡¡No!! No podré, es solo un niño.
Desde mi altozano un diálogo pillado al azar, se  ha originado este increíble y aterrador suceso. ¿¡¡ Que puedo hacer!!?...
 

domingo, 20 de marzo de 2011

SUS MANOS MÁRMOL TALLADO

                                                            Sus manos mármol tallado.
Las que limpiaron lágrimas y acariciaron mi frágil cuerpo para poder sentirme querido en la oscuridad de la noche.
 Las que me enseñaron a atar los cordones de los zapatos y cada noche juntar cada una de las manitas para aprender a rezar.
 Las que aletargaron mis sentidos viendo pasar las negras nubes del tenebroso invierno.
Las que cogieron rosas para poder aspirar su aroma y descubrir la primavera desde la ventana y así contemplar el color del amanecer en el campo.
 Cogieron con ellas mariposas para poder vislumbrar las mañanas, brindar con júbilo  destellos de luz y color.
Las que con fino papel entre sus dedos improvisaba pajaritas de colores para mitigar mi llanto y convertir las lágrimas en torrentes de sonrisas.
Antes mármol tallado ¡¡¡ frío cristal!! Sobre el pecho…

jueves, 17 de marzo de 2011

CONSUELO Y ROSITA

  
          
Había una vez una señora muy triste, una cruel enfermedad se llevó a su marido, el fiel compañero de su vida y al que  ella quería muchísimo; se quedó sin nada que la motivara a seguir viviendo. Recientemente se habían cambiado de ciudad para estar cerca de sus hijos; por lo tanto, no tenía amigos cerca que le hicieran compañía.

Un día, sus hijos pensaron traerle un perrito para obligarla a salir de su casa. Ella aceptó y trajeron a Rosita, una preciosa perrita de diez meses, rubia y con el pelo suave como el algodón. El cariño fue rápido y mutuo.

La señora tuvo que dejar de llorar todo el día porque Rosita se ponía triste y no comía Ella tenía que salir tres veces al día a pasear a Rosita y esto empezó a gustarle. Además de tener una compañera fiel y cariñosa que la colmaba de besos todo el día, en la calle hizo amistad con los dueños y dueñas de otros perros, personas muy buenas con las que se relaciona todos los días,  aunque su marido jamás se le olvidar. La pena se fue mitigando, volvió a tener ganas de vivir.

¡Tenía alguien a quien cuidar y querer!
Para colmo, su querida amiga Maruja la animó a comprarse un ordenador y así lo hizo, y muy pronto aprendió a usarlo; o sea, que entre el ordenador y Rosita tiene el día completo. Ahora cuando vienen sus hijos, se alegran de verla animosa y ocupada.
 
Su recomendación para las personas que estén tristes por una causa u otra es que como terapia pongan una perrita en su vida.     
                                                                                CONSUELO GARCÍA.
          

sábado, 29 de enero de 2011

EL ANGEL DE LA PLAYA


Hacía mucho calor, los niños se hallaban muy nerviosos. Corrían de un lado para otro, tirando todo lo que encontraban a su paso y peleándose entre ellos. ¡No podía más! De un puñado los metí en el coche y me marché a la playa. Al llegar, casi no podía abrir la puerta del coche por el fuerte viento reinante. Pensé en volver a casa, pero, no, yo soy más terca que una mula. Bajé los bártulos y los planté sobre la incandescente arena,  el sol caía a plomo sobre nuestros cuerpos casi desnudos. Me encontraba mal, el fuerte calor no me 
dejaba respirar y un sudor pegajoso se adhería a todo mi cuerpo.
Grité, una y otra vez a los niños para que no se acercasen al agua, y jugaran en la orilla. Ondeaba la bandera amarilla y era muy peligroso.
Desde la posición en que me encontraba, divisé a un anciano: mugriento y mal vestido con un viejo sombrero de paja, arrastrando una enorme bolsa negra de plástico en la que introducía todo lo encontraba a su paso.
— ¡¡Se dirige a los niños!! Los llamé desesperada  para que no se acercasen a él. 
El anciano mugriento pasó junto a mí, inclinó la cabeza para recoger un objeto del suelo; en ese instante me dirigió una tierna y amable sonrisa. A la que yo le respondí con un gesto áspero y hostil.
Unos día más tarde escuché una interesante conversación, en la puerta del colegio a una de las madres.
—¡¡Si!! Es él, — Le dicen el Ángel de la playa.
—Lleva toda su vida limpiando las playas del entorno, de latas, cristales y otros objetos cortantes con los que se pueden herir los niños al jugar en la arena.
Aquel día recibí una gran lesión, de amor y humanidad que nunca olvidaré. Jamás  juzgues a ninguna  persona  por su aspecto… 

martes, 18 de enero de 2011

LA ABUELA GOLONDRINA



Cada mes lo pasa en casa de uno de sus tres hijos que ya se encuentran jubilados; bueno, todos no, menos la pequeña Marta.


Carmen, la mayor, maestra de primaria, es alegre y muy divertida, a menudo le cuenta chistes graciosos y siempre le tararea canciones de los años cuarenta.


Juan, fontanero de una importante empresa, cada día la irrita con sus juegos de niño travieso, le esconde sus retratos y las galletas que más le gustan.


Marta no trabaja, ha pedido excedencia en el hospital, tiene dos niños pequeños, uno de dos, y otro de cuatro, que es un demonio. Cuando hace buen tiempo, la saca a pasear por la acera, aunque ella nunca está dispuesta a ello, no le gusta cambiarse de ropa ni ponerse los zapatos y mucho menos que la peine.


Como ella, hay muchas que son muy afortunadas, pero por desgracia cada vez menos. Ellas son conocidas por el apodo de las abuelas “golondrinas” un mes, aquí y otro allí…




lunes, 12 de noviembre de 2007

EL JUBILADO


Jubilado, palabra que puede tener varios significados, solo cambiando o quitando alguna letra, júbilo, lado…

Se levanta tarde, con lo cual no se puede hacer la cama, ni el baño hasta altas horas de la mañana. Solo entra en la cocina para decir.

—Te has dejado el grifo abierto —mientras coges algo de la nevera.

—Si sales un instante del baño —te repite una y otra vez,

—Te has dejado la luz encendida.

Nunca tiene ganas de salir. Aunque, pese a quien pese, nunca se pierde el partido de fútbol que transmiten por la tele.

Y yo me pregunto, por si alguna/o me puede responder. —¿Nosotras, cuando nos jubilamos?