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domingo, 16 de noviembre de 2014

EN SOLEDAD


Pasan las horas escuchando el tic tac del reloj. Marta balancea su escuálido cuerpo sentada en la butaca de rejilla tras el enorme ventanal, absorta, ve pasar las negras nubes del inminente invierno. En un rincón de la estancia, una bella melodía se escapa de la vieja radio, no  puede evitar que sus cansados ojos se ahoguen en lágrimas. Con apatía saca del bolsillo de su bata de franela un antiguo rosario y muy despacio, desliza entre sus huesudos dedos una a una sus cuentas. Hoy no vendrán sus hijos. La  tarde amenaza lluvia. Tampoco ha acudido la chica peruana que atiende la casa y la acompaña a pasear al caer el sol. A sí que hoy no podrá ducharse, ellos no quieren que lo haga sin que la  chica esté presente. ¿Quizás mañana...


Creado por Maruja. J. Galeote.

domingo, 6 de octubre de 2013

LA CARTA


Madrid a 16 de Septiembre de 1964       
 Querida mía:
 No sé cómo voy a poder disculparme. Me entristece el pensar en el daño y el sufrimiento que he podido causarte por no haber contestado a tus cartas durante tanto tiempo, pero a veces las cosas no siempre son lo que parecen y por ello te pido que intentes perdonarme.
  Hace unas semanas al bajar del camión me mareé, cuando nos dirigíamos al campo de tiro para hacer las práctica,  un  baño de sudor frío empapó  mi cuerpo, mareado y dando tumbos llegué hasta la entrada del cuartel, donde sin aliento y desfallecido caí al suelo inerte. Mis compañeros en un ataque de  histerismo  llamaron a la ambulancia que no tardó en llegar; muy  asustados me  trasladaron al hospital donde aún me encuentro bastante preocupado; ya que los médicos no encuentran explicación al motivo de estos síntomas; sospecho que algo va mal, después del intenso tratamiento no encuentro ninguna mejoría e intuyo que puede tratarse de algo muy grave ya que no se deciden a comunicármelo.
  Querida María. Las noches son largas, oscuras y silenciosas, con un silencio sepulcral roto a veces  por algún quejido de  angustia y desespero de algunos de los que se encuentran en esta desnuda y fría  sala… presente en todo momento el pestilente olor a éter que inunda está enorme habitación. Intuyo que  mi vida se encuentra en grave peligro.   No sé si podré estar presente el día de nuestra boda.
¡¡¡Te amo!!!  Carlos                                             


domingo, 2 de junio de 2013

UNA DURA DECISIÓN


Quedé embarazada cuando sólo tenía quince años, mi irresponsabilidad de aquella noche de loco desenfreno  marcó mi vida para siempre.
Aún recuerdo con toda claridad, como si el tiempo no hubiese pasado, el momento en que me llegaron los dolores del parto, me dejaron allí, en el hospital,  tumbada  en una   cama en una fría y sombría habitación sin más compañía que las cuatro paredes que envolvían la cama de tubo blanca.
Guardo en mi memoria la tristeza que me embargaba, no podía pensar en lo que pasaría ese día, terrible día. Sólo lloraba sin consuelo. Mantenía las manos alrededor del vientre aferrándome a él, para que no se despegara de mis entrañas; le  pedía una y otra vez a mi bebe que aún no, que  por favor aún no se alejara de mí, pues mi decisión había sido entregarlo en adopción. Y para que mi dolor no fuera más duro, no quise saber antes de que naciera, el sexo. Lo quería sin conocer su sexo, sin conocer su rostro ni su voz... pero le pedí a la monja y a la enfermera que se encontraban en la sala  que  tan pronto el bebe naciera... se lo llevaran.  Cada uno de los veinte años que me separan de ese día  me he despertado pensando que solo fue un sueño; veinte años y no sé si existe en las vidas de otra familia, si es feliz, si conoce el por qué... Ha sido la decisión más dura y terrible que he tenido que tomar en toda mi vida.


domingo, 12 de mayo de 2013

EL TIEMPO PERDIDO


Ve en su reloj que son las cinco. Se sienta en un banco del parque que se encuentra alejado del griterío de los niños. Se pone de pie y se sienta de inmediato.  Comienza a dar vueltas a un sobre blanco con un sello en una esquina que se ha sacado del bolsillo trasero. No sabe qué hacer con él,  por más que lo mira y remira no se decide  a abrirlo.

Hoy no ha cogido el periódico para leerlo como hacía cada mañana, no llamó al perro vagabundo para acariciar su desnutrido y delgado lomo que receloso lo mira de lejos con infinito desconsuelo, ni fue al centro de mayores a jugar al dominó con sus fieles compañeros de batalla, como tenía por costumbre. Aquellos que lo apoyaron incondicionalmente cuando ella lo dejó para siempre. Ha pasado el tiempo sin ni siquiera darse cuenta. Mira el reloj y ya son las siete.