Seguidores

Mostrando entradas con la etiqueta Trabajo del taller de escritura. Cuento. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Trabajo del taller de escritura. Cuento. Mostrar todas las entradas

viernes, 12 de febrero de 2021

"EL RELATO DE UNA NIÑA"


Hola, me llamo Marina, soy una niña de once años y estoy en 6º de primaria. Os voy a contar una historia, una historia horrible y cruel, que ha marcado mi vida. Era una mañana de sábado como tantas otras, en la que mi madre no tuvo la necesidad de despertarme. Al entrar los rayos de luz por entre las rendijas de la persiana y posarse en mi cara me desperté. Bajé a la cocina donde se encontraba mi madre preparando un delicioso desayuno: dos tostadas con mantequilla y un vaso de leche. Después de desayunar me lavé los dientes, me duché y alisé cuidadosamente mi largo pelo rubio. A las doce en punto del mediodía mi madre me dijo:
—Tienes que ir a comprar el pan, para el almuerzo, dile a tu hermana que te acompañe y no os entretengáis.
Llamé a gritos a Marta pero no me contestó así que decidí ir sola, al fin y al cabo no estaba tan lejos.
La calle estaba desierta, en unos instantes había vuelto el invierno, el viento soplaba con fuerzas y llovía. Me encontraba cerca de la panadería cuando pude percibir que alguien me seguía de cerca, no me atrevía a girarme para mirar, pero lo hice. Un hombre de aspecto horrible y espeluznante se acercó por detrás, se encontraba tan cerca que podía escuchar su respiración agitada cerca de mi oído.
Su voz,  sonó aterradora e inquietante: — Hola guapa, ¿quieres una piruleta? Y fui tan incauta e irresponsable que dije: ¡¡¡Siiii!!! Me cogió por detrás con fuerza sin darme tiempo a reaccionar, con  una mano tapó la boca, y con otra  me cogió por debajo del pecho para que no pudiese escapar. De un empellón me metió en un coche negro de ventanas opacas y cerró la puerta con un fuerte portazo. Fue todo tan deprisa que  no tuve tiempo ni fuerzas para gritar… Continuara…

miércoles, 29 de enero de 2014

EL PEQUEÑO MENDIGO





Cada día solía pasar por esa esquina, siempre lo veía contando unas pocas monedas que algún transeúnte le había dejado en aquella mugrienta lata corroída. Él sólo quería consegir lo suficiente, poder comprar un bocadillo para poder mantenerse en pie, su pequeño y débil cuerpo temblaba como una hoja zarandeada por el fuerte viento de la mañana. El pequeño intentaba sin conseguirlo calentar sus manos con el vaho que salía de su boca.
Todos pasaban sin ni siquiera mirar, sólo yo podía percibir su angustia y desesperación: las madres pasaban envueltas en calientes abrigos de lana cogidas de la mano de sus hijos, los ejecutivos intentaban eludir e ignorar la denigrante y maltrecha figura que con  ojos tristes y sangrantes, y manos temblorosas contaba una y otra vez su exiguo tesoro.
Me acerqué a él, me quité los lapidados guantes con suma dificultad y saqué del bolsillo de la pelliza unas cuantas monedas, las pocas que había podido conseguir en la entrada del metro después de pasar allí postrado toda la noche.
¿Cuánto te falta para poder comprarte el bocadillo?—“Sólo diez céntimos” ¿Tú me los puedes dar? “Hace dos días que no he comido nada, y apenas me puedo sostener". "Toma para que te compres el bocadillo y un vaso de leche caliente”. ¡¡¡Yo ya comí ayer!!!
Creado por: Maruja. J. Galeote.