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lunes, 2 de febrero de 2015

ISABEL, FRENTE AL ESPEJO


domingo, 28 de abril de 2013

SALIR A CAMINAR




Si salgo por  la mañana, por la tarde a medio día o al anochecer, a  todas horas del día está allí en la calle, sentada en el banco de madera que está situado  frente a mí casa: es una mujer de edad indefinida que peina canas y lleva dentadura postiza. Siempre que entro o salgo del portal me observa sin pestañear en su mirada puedo adivinar sus sórdidos y oscuros pensamientos…
 “Es que es muy mayor para llevar la ropa tan corta, ajustada y con tanto escote. Es que parece una  “pilingui”. No se mira al espejo antes de salir a la calle. No se da cuenta de la edad que tiene la señora.  Seguro que aún tiene las camas sin hacer, los platos sin fregar y no ha planchado la ropa.¡¡¡Si es que se pasa el día en la calle con el bolso colgado…comprando trapitos y gastando dinero sin ningún control Con razón dicen que el marido la ha dejado por otra.”



viernes, 22 de marzo de 2013

SÓLO...AYUDAR





Hace unos años. El director del Centro de Mayores convocó a un grupo de personas de dicho centro para hacer un curso de informática avanzado y así prepararnos para poder impartir clases de iniciación a otras personas, que no sabían nada de dicha materia. Al poco tiempo de terminar el curso empezamos a dar las clases. Yo estaba muy asustada ante tanta responsabilidad, pero nada más empezar a impartir las clases todo fue sobre ruedas. Nos repartimos los grupos de dos en dos para que fuese más fácil para nosotros, lo que no sabía una, lo sabía la otra.

Ya han pasado unos años y aún seguimos ayudando a otras personas para que puedan conocer algo más de las nuevas tecnologías. Hoy todo el grupo nos sentimos felices y afortunados por haber podido seguir haciendo este magnífico trabajo, al ayudar  y haber podido ayudar a otras personas a conocer el manejo del ordenador, y el mundo que se encuentra escondido en su interior.

Ese sigue siendo nuestro cometido, nuestro mayor empeño, enseñar a las gentes que busca llegar a superar su ignorancia ante lo desconocido.

lunes, 18 de marzo de 2013

YO…EL TREN



La primera vez que salí de la factoría para realizar mi primer viaje me causó una gran conmoción. Nunca podré olvidar aquella mañana gris del mes de Enero. Parada en el andén observé cómo el viento helado movía los papeles del suelo del andén, y podía oír el cimbrear de la techumbre de uralita que cubría el caduco tejado. Sentí un leve movimiento al  engancharme los dos vagones de mercancías y los tres de pasajeros.
Arranqué lentamente para proseguir cada vez más rápido, veloz como una fuerte ráfaga de viento, me sentí rodar sobre las vías que se abrían ante mí, esperando mi ataque. Comencé  a expulsar grandes bocanadas de humo negro, y, con gran fuerza,  las dirigí hacia los árboles cercanos que se alinean a un lado y otro de la vía.
Entre jadeos insistentes dejaba oír mi silbato anunciando mi próxima llegada a la estación. Mis frenos chirriaron, y saltaron miles de chispas resplandecientes de entre las ruedas haciendo un ruido infernal: me paré en seco. Para que los pasajeros bajasen.
Ese es mi cometido, trasladar a las gentes que buscan llegar a su destino.



jueves, 14 de marzo de 2013

UN DÍA...


Hoy es un día cualquiera. Hoy mientras me asomo tras los cristales de la ventana miro el paisaje, distingo el verdor de los árboles, sus desnudas ramas, como el viento las mece con suave vaivén delante de mis ojos. Brotan en mi interior mil ideas, mil imágenes que  intentan evocar momentos no muy lejanos del pasado. Un día cualquiera para todos, pero muy especial para los amantes como yo. El día de hoy. No, no es un día cualquiera.


viernes, 1 de marzo de 2013

LAS VIVIENDAS DEL FUTURO



     Las viviendas de los próximos años podrán disponer de innumerables aparatos eléctricos, como robot multiusos que conseguirán hacer la vida más cómoda a las personas que habitaran en ellas. También, nos enfrentaremos a nuevas circunstancias como la posibilidad de vivir en el espacio en un platillo volante que girará alrededor de la tierra. Por medio del aprovechamiento de los avances tecnológicos, nuestras casas serán más ecológicas (se construirán en su mayoría con nuevos materiales aún por conocer y entre ellos  no faltará el vidrio y el acero. Muchas de ellas serán giratorias para poder aprovechar el color del sol. Estos avances provocaran la escasez de energía.  Podremos controlarlas desde cualquier lugar aunque nos encontremos a miles de kilómetros de ellas. Estos avances, posiblemente provocaran la escasez de energía en el mundo, lo cual acarrearán grandes problemas a los humanos. Muchas de estas innovaciones ya están disponibles en nuestros días. Se están estudiando para aplicarlas en un futuro no muy lejano.                                                                 

sábado, 23 de febrero de 2013

EL VIENTO


Él es consciente de que su aspecto es invisible, sabe que nadie lo puede  aprehender ni manipular, pero sí sentir; además, sabe de su poderosa fuerza y en otras ocasiones, de su delicada  suavidad. Puede lograr si se lo propone, balancear las doradas y frágiles espigas del trigal y mover las hojas de los árboles con infinita delicadeza y  suavidad.  Puede  provocar gigantescas olas en el mar y hundir grandes barcos que se creen indestructibles, derribar gigantescos edificios. Nada puede interponerse ante él…
Sabe muy bien  su gran poder para hacer el mal si está enfurecido, puede originar grandes tempestades  y causar grandes catástrofes  para los humanos.
¿Dónde está el espíritu del céfiro que  hace girar la veleta e indicar su camino?

jueves, 31 de enero de 2013

CAOS EN LA CAFETERÍA


Los camareros desnudos corrían de un lado a otro bandeja en mano por entre los clientes que se encontraban en la cafetería a esa hora de la mañana, la escena más bien propia de una película porno que de una tranquila cafetería del centro de la ciudad.
Sin dar crédito a lo que estaba pasando, como por arte de magia los presentes se percataron  de la apareció un león en la puerta de entrada, rugía con furia enseñando a los presentes sus excitados colmillos y afiladas garras, en señal de ataque. Las tazas, vasos y churros volaron por los aires del recinto al verse sorprendidos por la inaudita escena de terror.  El feroz felino aterrado, huyó “con el rabo entre las piernas”.
  



domingo, 20 de enero de 2013

LA HORMIGA EXPLORADORA



Con las antenas alerta me desvió del grupo para atrapar con la mandíbula una cáscara de pipa que está a escasos centímetros de donde me encuentro.
Sorteando los obstáculos que se abren en mi recorrido, logro evitar sin no poco esfuerzo, que un enorme zapato marrón aplastare mi minúsculo cuerpo. Conseguido el objetivo de dejar la carga en el agujero, salgo a investigar la cocina y a ver si puedo encontrar algo para comer.
El mármol de la encimera está  cubierto por una capa de pequeñas partículas de pan, chorizo y otros nutrientes.  Alguien ha dejado el tarro de la miel destapado, ¡¡¡Aleluya!!! Ha llegado la  hora de saciar el hambre que me ha acompañado durante todo el día.
Escalo con suma dificultad el pegajoso vidrio  hasta  llegar al borde, inclino la cabeza, estiro las antenas con deleite. Por el peso de la cabeza caigo al vacío quedando atrapada dentro del viscoso manjar. Una señora ha entrado vociferando, por el estado en que se encuentra la cocina, de un manotazo tapa el tarro.
 ¡¡¡ No puedo salir!!! Grito desesperada, sin qué nadie me oiga.
Afortunadamente, Paula, se despertó, sólo era una pesadilla

jueves, 29 de noviembre de 2012

EXTRAÑA SEDUCCIÓN





Estoy a ciegas, completamente a oscuras, mi cuerpo yace tumbado boca arriba inerte, me siento febril, desnudo, indefenso, tengo frío,  ¡¡Quizás sea calor!! Un fuerte aliento recorre mi cuerpo, dejando en mi boca  un sabor amargo, multitud de sombras deformes me rodean. ¿Una corriente eléctrica intensa atraviesa mis sentidos? ¿Quién me tortura?, ¿porqué…
Un instante después despierto,  una despampanante enfermera se inclina sobre mí, sus mejillas rojas, delatan gran excitación  los botones de la blanca bata se encuentran desabrochados, el cabello revuelto. Me sonríe con ironía desde la puerta de la sala,  intenta una y otra vez con las manos estirar la blanca bata para rehacer su imagen pudorosa. 

sábado, 20 de octubre de 2012

LOS EXTRATERRESTRES


Subí las escaleras de madera desgajadas, tanteando uno a uno los peldaños había muy poca visibilidad a esa hora de la tarde. Empujé un poco la puerta del desván y se abrió antes de que pudiese ni siquiera tocar el picaporte. Y un hedor  me topó en el rostro.
Me deslicé dentro y encendí la luz la bombilla estaba tan sucia que apenas iluminaba la habitación. Era pequeña y estaba llena de telarañas. Además de muchos trastos viejos, una pequeña cama y un armario. Lo abrí. Sin pensar que podía haber en su interior.
No había terminado de abrir la puerta cuando una luz cegadora de color violeta traspasó la puerta; la irradiación traía envueltos a dos seres monstruosos de color verdoso. Quedé paralizada. Sin poder mover ni un solo músculo, observando aterrada cómo salían del armario aquellos seres monstruosos, haciendo un ruido infernal como aullidos agonizantes.
Al ver sus caras, mis piernas se derrumbaron por el terror. Caí al suelo. Sus cabezas eran deformes, sus ojos voluptuosos y oscuros, de tez amarillenta y brazos alargados, intentaba creer que no era real pero si lo era. Uno de aquellos seres al verme en el suelo pronunció algo. Parecía un ventrílocuo ya que no vi orificio alguno en su cara por donde pudiera pronunciar palabra alguna. ¡¡OH!! ¡¡DIOS MIO!! Al decir esto uno de ellos me miró fijamente. Tocó con su mano áspera mi cara y un escalofrío recorrió mi tembloroso cuerpo. Se acercó lentamente mientras levantaba un dedo mirándome con cara de lástima. Cuando su dedo tocó mi sien, todo se volvió una espiral y solo recuerdo haberle oído decir: Siento lo que ha pasado. No dirás a nadie lo que has visto aquí esta  noche. 

miércoles, 3 de octubre de 2012

LA LLAMADA


 seJulia se acostó pasada la media noche. No podía conciliar el sueño por más que lo intentaba. Se tomó una de esas pastillas y en pocos minutos un sopor la arrastró hasta un profundo pozo sin fondo.
El teléfono sonó con insistencia.
—Diga. ¿Quién es?
— ¿Es la Sª Julia? Ponga mucha atención a lo que le voy a decir:
—Tenemos secuestrado a su querido marido, si no hace lo que le digo le cortaremos el cuello, después de sacarle las uñas una a una.
—Por favor, ¡¡NO!! ¿Qué tengo que hacer? Dígame, por favor.  ¡¡Oh!! ¡¡DIOS MIO!!
—Venga sola hasta la casa deshabitada que está a la salida del pueblo, traiga en una bolsa cincuenta mil euros en billetes grandes. No le diga ni una palabra  a la policía. Si lo hace, se encontrará flotando el cuerpo de su marido en el río.
Los fuertes  ronquidos de su marido la hicieron volver a la realidad.
Se sentó en el borde de la cama y comenzó a llorar desconsolada…

jueves, 2 de agosto de 2012

EL ENCUENTRO


Cada tarde me la encuentro. Es mayor, de una edad indefinida. Sus manos, con  castigados dedos están atiborradas de arrugas, los surcos en su cara describen la historia de su larga existencia. Siempre se sienta en la misma mesa y en la misma silla, ojeando una y otra vez la misma revista, como si quisiera  aprendérsela de memoria. Sin apenas hacer ruido me levanto y paso por su lado, ella levanta la cabeza se inclina y me sonríe afablemente dándome los buenos días. Sus cansados ojos posan su mirada sobre mí.
.—Es una mirada?. Es algo más, es como si viese mi alma, mis sentimientos más escondidos y hace que me sienta desnudo y a la vez un regocijo recorre mi cuerpo. Sí, un día más ella está ahí. Es como si fuésemos amigos de toda la vida, como si mantuviésemos largas conversaciones mientras tomamos el café, el que ella suele derramar por el temblor de sus manos. Cada tarde me suelo sentar en una mesa cerca de ella, observo su nerviosismo al verme entrar, es como si sus deseos se hubiesen cumplido y sus finos labios se alargan con una sonrisa, estirando los surcos de su cara. Cuando me levanto de la silla porque tengo que marchar, su sonrisa se apaga, levanta su mano, y un hasta mañana la oigo musitar. Muy despacito me susurra con sus ojos que busque la felicidad, que no me detenga por nada que busque la verdad y alegre mi alma y siga mi camino, porque mi corazón lleno de amor está...
Creado por: Maruja

Principio del formulario

domingo, 20 de noviembre de 2011

EL AMIGO IMAGINARIO

Cuando tenía diez años, recuerdo con tristeza no haber tenido muchos amigos, así que me inventé un amigo que siempre estaba a mi lado, jugábamos, reíamos y subíamos a la casita del árbol que había en el jardín. Al darse cuenta mis padres de este grave problema, decidieron  llevarme a un psicólogo.
Recuerdo que a mi amigo no le gustó el psicólogo, y a mí me dio mucho miedo: era muy alto, delgado, con poco pelo y gafas oscuras.
El psicólogo me preguntó.
— ¿Por qué hablas a solas?
—Yo, no estoy solo. Bien, bien, — ¿Con quién hablas?
—Con mi amigo. Y. ¿Dónde está tu amigo?
—Justo detrás de usted.
El psicólogo miró detrás de él, y dijo:
—Yo no veo a nadie.
Esto hizo enojar a mi amigo. No le gustó lo que había dicho, y se puso muy furioso
La semana siguiente llaman a casa, para decirle a mi madre que habían encontrado al  doctor tirado en el suelo de la consulta desangrado. Alguien lo había asesinado cortándole la lengua.
Pocos días después de este trágico suceso,  mi  amigo desapareció de mi vida para siempre.
Creado por: Maruja.

lunes, 7 de noviembre de 2011

DÍA DE FIESTA

Esta mañana, siete de Octubre, el paseo marítimo de Salobreña es un ir y venir de carretas engalanadas con flores y volantes de lunares verdes, rojos, amarillos…hoy es el día de la virgen del Rosario.
Delante de donde me encuentro, se ha parado una de las carrozas. En la parte trasera lleva atado un pequeño y desvalido perro, que muestra signos de desnutrición y agotamiento; le sangran las patas traseras, saca una y otra vez la lengua como una seca y rasposa cuerda de esparto. El alma se me ha encogido ante semejante escena; miro a mi alrededor y no veo a ningún policía, para poder denunciar un hecho tan triste y denigrante. No sé qué hacer, semejante hecho me ha amargado el día. Y se me han quitado las ganas de fiesta. Me armo de valor y sin pensarlo dos veces, me dirijo al hombre de largas barbas, que corta jamón en la carroza rodeado de moscas. Muy  indignada y conteniendo mi  rabia, le digo mostrando toda mi ira:
—Podría soltar al pobre perro, y  atar la pata del jamón a la cuerda y así poder pasear las moscas…¡¡

viernes, 7 de enero de 2011

SIN ALIENTO

                                  
Los últimos rayos de luz del atardecer caían sobre las calles volviéndolas oscuras y silenciosas. Era casi la

hora de cerrar y la mujer del supermercado se disponía a hacer caja, pues la jornada ya había terminado.

Una chica rubia con unos apuntes en la mano entró en la tienda. Con gran nerviosismo e insistencia preguntó

a la cajera.

—Señora, señora, ¿me puede indicar dónde se encuentran los pañuelos de papel, por favor?

—El empleado se encuentra al final del pasillo, él se lo puede indicar—respondió la cajera con gesto amable.

No había terminado la frase cuando una luz cegadora de color violeta traspasó la puerta de entrada; la

irradiación traía envueltos a dos seres monstruosos de color verdoso, cabeza picuda, ojos saltones como

bolas de billar y grandes orejas que le colgaban hasta el suelo. La cajera quedó paralizada sin poder mover

un solo músculo de su cuerpo, observando aterrada cómo avanzaban por el pasillo central, haciendo un

ruido infernal como aullidos agonizantes. La chica y el empleado, ocultos tras el mostrador, no podían salir

de su asombro ante aquella macabra aparición. Quedaron inmóviles y aguantando la respiración para no ser vistos.

La joven, como pudo, sin hacer el más mínimo ruido sacó papel y lápiz e intentó plasmar la grotesca escena;

pensó que podría presentar aquel trabajo en su próximo examen de dibujo artístico.

Pasados unos minutos, la luz desapareció y con ella los dos seres deformes y espeluznantes que los habían

dejado terriblemente asustados

viernes, 3 de diciembre de 2010

EL VELO DEL OLVIDO


Siente que los recuerdos se desvanecen. Grandes lagunas aparecen como la fina niebla que no deja ver el horizonte. Cada día se encuentra más y más atrapada, en este oscuro y desconocido mundo de confusión. María se esfuerza en recordar: cada cosa que ha hecho, o que tiene que hacer. A veces guarda el libro. Cuando va a leerlo no lo encuentra. Las llaves no están en el bolso, ¿Dónde las puso? se desespera si no están allí. Le aterroriza tener que recordar donde las ha guardo. Se avergüenza cuando alguien le dice. — Te lo dije ayer, y el velo se extiende como un muro infranqueable ante ella y no consigue recordar que era, ni de que se trataba. Se encuentra aterrada al pensar que con el paso del tiempo no recordará a sus hijos, nietos… sus seres más queridos.

María está ante el espejo, no se reconoce, un incoherente velo desdibuja su imagen. Y se pregunta angustiada con lágrimas en los ojos. ¿Quién soy yo?

domingo, 28 de noviembre de 2010

UN PASEO POR EL PARQUE


La semana anterior me encontré con ella en el parque. Llevaba a su hija pequeña de la mano. En su semblante se podía adivinar una gran tristeza.
Esa mañana descubrió un pequeño bulto en el pecho izquierdo. Me quedé mirándola como, queriendo encontrar sus más profundos pensamientos. Sus enormes ojos carentes de expresividad, su mirada ausente deja entrever la incógnita y el miedo a lo desconocido.
Hoy he vuelto a verla y percibo que algo en ella ha cambiado, algo importante y transcendente. Sólo hay que reparar en la forma de andar, en el regocijo de su cuerpo, ese movimiento de su pelo mecido por la brisa.
“Algo en ella ha cambiado,” pienso, pero no me atrevo a preguntar. No lo necesito, se la ve radiante…

martes, 9 de noviembre de 2010

DON RAMIRO


Don Ramiro había vivido desde pequeño en aquel pueblo perdido entre altas y oscuras montañas; sólo salió de él para poder estudiar la carrera que más le gustaba, medicina. En cuanto le fue posible regresó a buscar sus raíces y estar cerca de los suyos. Su profesión le había dado la oportunidad de estar siempre en contacto con cada uno de ellos. Todos le respetaban: tanto niños como mayores, por su buen hacer y sus desvelos constantes.

Destacaban en él, tras sus gafas “de culo de vaso”, unos minúsculos y vivarachos ojillos azules. Caminaba erecto, siempre impecable, con un ridículo traje gris de alpaca y un chaleco muy ajustado con grandes rayas. La corbata negra mal anudada que parecía salir corriendo, y escapar de su consumido cuello. En uno de los bolsillos del chaleco un singular reloj de larga cadena plateada que siempre llevaba consigo.

Aquella tarde del mes de noviembre, después de pensarlo mucho, decidió ir al cementerio para visitar la tumba de su querida esposa. Se encontraba abatido y exhausto después de tan larga caminata; como el guerrero que ha perdido la batalla, se sentó en un pequeño banco de madera, y con gesto dolorido enlazó las manos sobre su maltrecho corazón. Todo se encontraba en el más absoluto silencio, roto a veces por el cimbrear de los árboles casi desnudos y el oscilar de las hojas muertas sobre la fría tierra del campo santo.

No conseguía recordarla por más que lo intentaba, ella se había difuminado en su mente. ¿Cómo era?, ¿Cómo se llamaba?, se preguntaba, una y otra vez sin conseguir recordar.

Cuando iba hacia su casa se quitó los anteojos para limpiar los vidrios empañados, casi no lo dejaban ver el camino; no, no eran los cristales… un torrente de lágrimas brotaba de sus cansados ojos.

lunes, 1 de noviembre de 2010

AQUELLA TARDE


No se podía estar dentro de la casa, me asfixiaba, así que me eché un poco de agua en la cara y me dirigí hasta a la plaza para poder tomar un poco el fresco bajo la sombra de los árboles. Vi llegar al cura del pueblo detrás de los postigos rojinegros. El sol caía a plomo; Caminaba tambaleándose, sus pequeños ojillos azules enrojecidos y la mirada perdida en el horizonte como una barca a la deriva.
No hacía mucho que lo habían destinado, así que era un desconocido entre los feligreses de la comarca. Me sorprendió que el sacerdote estuviese allí, a esa hora de la tarde con tanto calor.
Una mujer muy mayor vestida de negro con un pequeño moño en la nuca se sentó a mi lado. Yo me hallaba aletargada. La mujer se mantuvo en silencio unos minutos. Más, de pronto, dirigiendo la mirada hacia mí y elevando la voz, preguntó, curiosa, con intención maligna y malsana:
— ¡Está borracho!, ¿verdad? —su voz retumbó en mis oídos como un proyectil, que va directo al objetivo.
Clavé la mirada en su oscuro y arrugado rostro, con rabia por lo que acababa de oír.
— ¿Cómo puede usted hablar sin saber, señora? —le respondí furiosa.
— El padre ha estado muy enfermo, en comunión con la muerte, hace solo unos días ha pasado por el duro trance de enterrar a su madre.