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domingo, 29 de octubre de 2023

LA CLASE SIN MAESTRO

Ya ha pasado media hora y aún no ha llegado el maestro; él nunca suele llegar tarde, y todas le esperamos con impaciencia y gran preocupación por si le hubiese pasado algo malo. Todas, menos María que sentada en uno de los bancos del patio, parece ausente, no habla con nadie, ni siquiera hace preguntas. El maestro la deja cada día que se quede allí sentada en el mismo pupitre, el que ocupó durante tantos años. Ella fue una excelente alumna, una de ellas las más aplicadas del grupo de escritura creativa. Es muy triste ver cómo ahora en clase utiliza pañuelos de papel en los que escribe infinidad de palabras y frases sin sentido. Hoy la clase la hemos impartido a pesar de la ausencia del maestro, no, no ha venido, pero ella no es consciente de ello… Maruja.J.Galeote.

SOLILOQUIO “EL ENCUENTRO”

Cada atardecer cuando sale la Luna y el Sol se oculta tras el horizonte, se reflejan sobre el mar, miles de puñales rojizos, morados, azulados… en mi ensueño solitario siento que estás aquí, y puedo sentir cómo se funden nuestros cuerpos, y nuestras almas en uno solo ser. Llega hasta mi la brisa, envuelta en olor a mar, si, siento cómo me envuelve este Océano inmenso y oscuro que me rodea, me atrapa, como esquilas punzante sin yo quererlo. Fantaseo que estas a mi lado, y así, puedo: olerte, tocarte, y oír tu voz como dulce melodía susurrando en mi oído. “No llores, viste tu mejor sonrisa, ponte ese vestido rojo que te regale, sal al mundo, busca la felicidad y no la dejes escapar.” Maruja. J .Galeote.

viernes, 26 de mayo de 2023

Y NO ESTABAS

Desperté en madrugada para mirarte, y no estabas. Toque' con mis manos las frías sábanas heladas , y no estabas. Camine' sin rumbo por la senda de la vida para encontrarte, y no estabas. Acaricie', abrase' y bese' tu fotografía, y no estabas. Abrí mi corazón maltrecho, y sí, ¡¡¡ Allí si estabas!!!

TARDE DE LLUVIA

Cuando inicie mi partida, no llores, no, escucharé tu llanto y no querré separarme de tu lado vida mía. Piensa en el tiempo que compartimos los dos, y en lo afortunados que fuimos.¡¡Cuanto amor nos regalamos ¡¡¡

viernes, 19 de mayo de 2023

UN ACTO DE COBARDIA

Cada día me miraba al espejo y me gustaba verme así: seductora, esbelta, resuelta. Me daba seguridad y poder. Impresionaba tanto a los hombres, que me admiraban y deseaban, como a las mujeres, que me envidiaban o me odiaban. Una de ellas era mi amiga Marta Gutiérrez (que no sabría decir si me admiraba u odiaba). Éramos amigas desde que estuvimos juntas primero en la guardería, luego en preescolar y más tarde, en el instituto; siempre estuvimos juntas, no hacíamos nada la una sin la otra, incluso nuestros padres eran íntimos amigos. —Me gustaría ser como tú —me decía a menudo desde su metro cincuenta de estatura, tras sus gafas de culo de vaso, su escasa melena y su cuerpo enclenque y mal formado. —Podrías ir al gimnasio de vez en cuando y hacerte algunos arreglitos. —Tú ya sabes que a mí el deporte y las clínicas de belleza me dan alergia — se excusaba con una mueca simulando una triste sonrisa. ¡Éramos tan diferentes en todo!: físicamente, en gustos, aficiones… A ella no le gustaba relacionarse mucho con la gente y cuando la llamaba para salir de fiesta siempre ponía una excusa para no ir; en cambio, yo siempre fui el centro de atención de cualquier reunión a la que asistíamos, “éramos como dos polos opuestos, la noche y el día… Ya hacía algunos años que no teníamos ningún contacto, desde que ella se fue a Sevilla a estudiar Arquitectura. Me había llamado por teléfono varias veces, pero no le había cogido la llamada; yo tenía otras amistades, otros grupos de amigos en los que ella no tenía cabida. Ese día me la encontré en Barcelona, junto a la parada del bus, por casualidad. Casi no la reconozco, ¡había cambiado muchísimo!, y después de una breve conversación quedamos para tomar una cerveza al día siguiente en la terraza de un bar del centro. Es cierto que no teníamos nada en común, pero también que nos queríamos mucho a pesar de todo, y pensé que teníamos muchas cosas que contarnos después de tanto tiempo sin saber la una de la otra. Era agradable volver a estar con ella, frente a frente, en aquel lugar, a esa hora de la tarde cuando el sol se oculta sin prisa entre las copas de los árboles. Hablamos durante bastante rato; una de las cosas que me dejó impresionada, entre otras muchas de las que me contó, fue que ya hacía un año que había terminado la carrera de arquitectura con unas notas magníficas, todas con notable, sobresaliente y algunas con matrícula de honor, y que la habían contratado en la misma Universidad en la que había estudiado, para impartir clases. La calle se encontraba desbordada por el gentío: madres con niños de la mano, parejas con bolsas de compra…, mientras yo la escuchaba absorta, a ella, que siempre fue tan poquita cosa. De pronto, los transeúntes empezaron a gritar y a correr despavoridos hacia nosotras. Una furgoneta blanca venía a toda velocidad por la avenida, subiéndose por las aceras, arrollando a todo el que se cruzaba en su camino. Casi a nuestra altura paró la maldita furgoneta y dos hombres vestidos de negro con gafas oscuras y un pasa- montañas se bajaron de ella con unos cuchillos de grandes dimensiones en las manos. Uno, el más alto, se abalanzó sobre una mujer que había caído al suelo y que intentaba levantarse con suma dificultad, dispuesto a matarla. Yo quedé paralizada, aterrada, no podía mover ni un solo músculo de mi cuerpo. Mi amiga Marta no se lo pensó ni un segundo, se fue hacia él y, con la silla en la que estaba sentada, le propinó un fuerte golpe en la espalda, lo que originó que el atacante se derrumbara, cayendo al suelo desvanecido y desarmado. La intervención de Marta proporcionó tiempo suficiente a la mujer para levantarse, y a otras muchas personas a salir corriendo y huir de aquel maldito infierno. Marta, sin embargo, al encontrarse de espaldas no pudo ver al otro hombre que, sin compasión, se arrojó sobre ella y le clavó el cuchillo varias veces, dejándola inerte sobre el frío suelo. ¿Y qué hice yo mientras tanto? ¿Intenté ayudar a mi amiga? ¿Le planté cara al terrorista?… Jamás me perdonaré la reacción de cobardía que me invadió en esos momentos, que primero me paralizó por completo y luego me impulsó a salir huyendo, dejando a Marta malherida, rodeada por la multitud, sobre un gran charco de sangre. Me paré un instante para detener mi huida. ¿Qué me estaba pasando, qué estaba haciendo? Una voz interior que salía desde lo más profundo de mi corazón me decía que volviese de nuevo a socorrerla. No la podía dejar allí tirada como un animal malherido. Era mi amiga y yo la quería. Al llegar a su lado, pasé mi brazo por debajo de su cabeza para incorporarla; al ver que era yo, en sus labios se dibujó una débil sonrisa, mientras unas lágrimas resbalaban por sus mejillas. Ella ya me había perdonado. Maruja J Galeote.
1º premio de relato.C.E.P.E.R. Mayo de 2023

lunes, 4 de abril de 2022

NOSTALGIA

Estoy sola en casa entre estas paredes cargadas de recuerdos. Me he cansado de leer, escribir y ver la tele, donde solo ponen malas noticias y cosas tristes que encogen el corazón y parten el alma. Ayer te vi pasar, mi niña, tras los cristales de la ventana me hubiese gustado llamarte a gritos, pero me contuve y no lo hice. Tus amiguitas reían pero tú estabas triste. Tú ya no eras la misma de años atrás, cariñosa y juguetona. Me hubiese gustado que entraras a verme, más no hiciste, que entraras si, para poder darte un fuerte abrazo y un beso que ensanchará mi alma, y así, estrujar mi corazón ya marchito. Pero no pasó, pasaste de largo sin ni siquiera mirar, sin volver la vista hacia donde yo me encontraba y, yo con lágrimas en los ojos te esperaba recordando los años de tu niñez, cuando tú me necesitabas, y yo, dejándolo todo, te cuidaba. Maruja. J. Galeote

EL BALNEARIO

- Quería que supieras lo bien que me lo he pasado en el balneario. Ana - No sabes cuánto me alegro. Yo el último año lo pasé genial, aún lo recuerdo y se me hace la boca agua, el enfermero que me designaron estaba como un tren, con aquella bata blanca, y la barbita tan bien cuidada. El chico no me dejaba ni un solo momento, no sabía que hacer para que mis días en el balneario fuesen lo más agradables posible, era un no parar: ahora a la piscina, a los chorros, a comer, a jugar al bingo y por la noche a bailar. El último día me dijo que tenía cita para ver al médico y darme el alta. - Y que pasó, pues eso es lo normal Ana. - Si, pero lo que no es habitual es que te diga que tienes que desnudarte por completo. - ¿Y tú qué hiciste, te desnudaste? - Pues sí lo hice, pero sólo de cintura para abajo, y, a continuación, lo más extraño y desconcertante fue cuando me dijo que me tendiese en la camilla, sacara la lengua y cerrará los ojos. Salí nueva de la consulta Juana, un milagro, no me lo podía creer todos los dolores producidos por la artrosis me habían desaparecido. ¡Es increíble! Lo que ha avanzado la medicina amiga.

viernes, 18 de junio de 2021

LOS ZAPATOS ROJOS

Nacho era un chico alto, delgado, elegante y bien cuidado que, a pesar de sus pocos años, ya peinaba algunas canas. Por su profesión de piloto en una línea comercial, llevaba una vida poco social, convirtiéndose así en un ser solitario e introvertido. Su día a día consistía en ir del aeropuerto al hotel, donde pasaba la mayor parte del tiempo, y siempre en ciudades distintas. Aquella noche llegó muy tarde al hotel y pasó por el bar antes de subir a la habitación. El monitor de la piscina se encontraba en el bar y sin rodeos le invitó a tomar una copa con él, lo cual aceptó de buen agrado. El chico tenía unos ojos verdes como la mar en calma, un cuerpo escultural y una linda sonrisa. Una copa trajo a la otra, y a otra más…; no podría decir cuántas bebieron ni de qué licor, pero fueron muchas. A la mañana siguiente no recordaba nada de lo que pasó la noche anterior, le dolía la cabeza y todo le daba vueltas. Intentó levantarse, y en uno de los intentos consiguió incorporarse. No podía creer lo que estaba viendo al lado de la cama: unos zapatos de charol rojo con altos tacones. ¿Qué había pasado aquella noche? Allí no había nadie. ¿De quién eran esos zapatos, y cómo habían llegado hasta allí?

viernes, 4 de junio de 2021

UN ATAQUE DE NERVIOS

El móvil sonó como un taladro en mitad de la noche. Era un mensaje de la Dirección del Periódico. “Tiene que cubrir una noticia, ha ocurrido un suceso en la calle Mayor; en diez minutos tiene que estar allí, en el lugar de los hechos. ¡No se retrase! Se tiró de la cama, se puso la gabardina, se calzó los zapatos, metió en el bolso la cartera de los apuntes y, como alma que sigue el diablo, salió a la calle. Aún no habían clareado las primeras luces del día y una lluvia fina y persistente cubría las calles. Al cruzar una de ellas, no se percató de la existencia de una alcantarilla y el tacón de su zapato de siete centímetros quedó prisionero en la raja, sin opción a indulto, por más que lo intentara una y otra vez. Sin saber qué hacer gritó desesperada, pero nadie acudió en su ayuda y los nervios se apoderaron de ella. ¡Le había dado un ataque de nervios! “Mi primer día de trabajo, no podré cubrir la noticia, me despedirán y nadie volverá a contratarme. ¡Soy un desastre!”

sábado, 29 de mayo de 2021

Carta de amor sin “E”

Admirada amiga: Marta, no imaginaba cómo yo podía añorar tanto no contar con tu amistad. Somos amigas, lo fuimos, magníficas amigas, no podíamos pasar la una sin la otra y, sin ningún motivo, nos distanciaron y, sin ningún motivo, rompimos tan bonita amistad. No consigo agrupar las palabras para trasmitir cómo ha cambiado mi actitud hacia ti, ya no soy la misma niña, todo ha cambiado, mi forma de actuar plantando cara a la vida, ya no soy una niña, soy una adulta, la cual ama a su amiga Marta con locura, con todo su corazón. Has sido amada como nunca por tu amiga. Añoro cada vez más pasar cada día contigo a solas,disfrutar días fantásticos las dos por la playa, playa tapizada de grandiosas palmas, aguas cristalinas y manto dorado. Y cuando salga la luna, caminar por la playa solitaria cogidas por la mano. Y así, sin ataduras, tú y yo, unidas por la pasión, vivir sin cuidado a las maliciosas habladurías. Tu amor para toda la vida, Cristina.

viernes, 7 de mayo de 2021

SARCASMO E IRONÍA

Cada día del año, Manolo iba al cementerio tanto en verano como en invierno.Siempre se sentaba en uno de los bancos de la entrada del Campo Santo. Uno de esos días pasó por su lado un amigo, y le dijo: —Manolo,¿estás ahí para que te pille más cerca? Manolo le contestó con cara de pocos amigos: —No creas, es para no perderme el espectáculo y poder verlo en primera fila cuando te traigan. —¡No esperaba menos de ti, Manolo! ( María J.Galeote, 2021)

MIS VIAJES CONTIGO

Se despiertan mis recuerdos y los pongo a trabajar, en este día en el que el tímido sol del mes de abril se abre paso entre las grises nubes. Me vienen a la mente esos sábados que te tocaba trabajar y me invitabas a irme contigo, porque sabías que se hacía cierto lo del estribillo del bolero: “Si tú me dices ven, lo dejo todo…”. Y lo dejaba todo y te acompañaba y me iba contigo de copiloto en el camión de CAMPSA a los pueblos de Granada y Almería a repartir cargas de gasoil o de gasolina. Eran otros tiempos en los que no había tantas normas ni prohibiciones. Ahora sería imposible poder vivir esas maravillosas experiencias que yo vivencié contigo: besos, risas, confidencias… Todo quedó allí para siempre, en la cabina de aquel enorme camión de catorce ruedas y siete metros o más de largo. También me vienen las reminiscencias de esos otros viajes, ya en tiempos de tu jubilación, cuando pasaste de árbitro federado de fútbol de tercera división a informador de los partidos. También cada domingo yo viajaba contigo en nuestro coche cuando tenías que hacer los informes de los partidos que se disputaban en los distintos pueblos de la provincia de Málaga: Benalmádena, Torremolinos, Torrox, Torre del Mar… Y mientras tú hacías tu trabajo en el campo de fútbol yo recorría cada pueblo palmo a palmo: plazas, iglesias, jardines, tiendas… Esos domingos y esos sábados, el solo hecho estar contigo era para los dos toda una fiesta; no hacían falta ni bebidas ni farolillos. Cani (como solía llamarte), tus recuerdos los guardaré para siempre en lo más profundo de mi corazón. Tú serás para siempre el amor de mi vida. (María J. Galeote, 2021)

viernes, 9 de abril de 2021

UNA PÁGINA DEL DICCIONARIO

ENFRENTADA, ENFADADA, ENFERMA, ENFURECIDA. Un día más enfrentadaa convivir con la soledad. Nada cambia. Me levanto temprano,cuando apenas entran las primeras luces del alba por las rendijas de la ventana, tomo el primer café para luego poder ir al baño y después me maquillo los pómulos y me pinto los labios, el rímel no lo uso, pues me paso la mayor parte del día llorando. Me quiero evadir de lo que está pasando en todo el mundo. Estoy muy enfadada: los políticos en los medios de comunicación solo hablan tonterías, nada está claro para los ciudadanos del mundo, y la gente cada día está más enfurecida y preocupada. Nunca estuve enferma, no sabía ni dónde estaba mi centro de salud, y con este confinamiento todo me ha empezado a doler: la espalda, la rodilla, la cabeza…El no poder hablar con nadie me está matando; esta maldita pandemia vivida en soledad me está llevando al borde de la locura: ¡Si hasta mi desolada vagina grita! ¿Existe un lugar en el que no esté este malditovirus?

Comparando y metaforizando...

En mitad de la noche el ruido del despertador es un taladro en mis oídos. La habitación está fría, desolada; siento cómo un escalofrío recorre mi cuerpo al recordar el pasado, mi mente es un volcán de ideas tenebrosas que me atormentan desde aquella noche oscura y fría en la que se fue de mi lado, dejándome triste y desamparada. Y aún puedo sentir cómo la muerte se esconde tras las sombras esperando su revancha, aquí, en este lugar del mundo en el que me encuentro perdida en medio de la nada. Esta noche como tantas otras observo cómo las negras nubes, cargadas como panzas de burra, amenazan con rasgarse y caer; el fuerte viento, bestia enfurecida, se atreve sin piedad a sacudir los árboles y hace crujir los cristales de la desgajada ventana. Tengo que pelear contra esta depresión para no sentirme como una pobre niña desamparada e invisible, que espera impaciente una caricia, una palabra de aliento…

viernes, 19 de marzo de 2021

MI TÍA MANUELA

Manuela, mi tía, era una mujer luchadora como la mayoría de su generación. Provenía de una familia numerosa y era la tercera de ocho hermanos, apenas pudo ir al colegio y le hubiese gustado asistir, y mucho, pero tenía que ayudar a su madre en casa y a criar a sus hermanos más pequeños. Cuando solo tenía catorce años de edad comenzó a trabajar en el sector de la aceituna para poder ayudar al sustento de la familia ya que eran muy pobres, el único que aportaba un sueldo a la familia era su padre que trabajaba en el campo, el día que no llovía. Comenzó su trabajo rellenando aceitunas con pimientos, en una de las fábricas más importantes de Utrera, y con el tiempo la fueron pasando a diferentes puestos: como el escogido y el pesado de la aceituna. En la década de los sesenta, las calles de Utrera se convertían en un hervidero de mujeres, un escenario en el que cada mañana todo las mujeres y también algunos hombres salían de sus casas en dirección a las diferentes fábricas. Muchas de las fabricantes llevaban a sus hijos pequeños en brazos, para dejarlos en casa de sus madres o con sus suegras, mientras ellas cumplían largas jornadas de trabajo. La mayoría de ellas se levantaban todos los días a las cinco de la mañana. Muchos días, en plena campaña, se alargaban las jornadas de trabajo por el aumento de los pedidos. No llegaban a casa hasta las nueve o diez de la noche. En la fábrica la comodidad era nula total. En las enormes naves todo era exterior y el techo de uralita, donde el frío en invierno y el calor en verano se hacía insoportable. Todas las fabricantes llevaban lo que llamaban la ‘copita’: era una lata grande de caballa en aceite vacía en la que ponían carbón para hacer una pequeña estufa y poder calentase, la ponían debajo de las mesas, y debajo de la cinta por donde pasaban las aceitunas, donde dieciséis mujeres, todas de pie sin ni siquiera poder levantar la vista: unas más jóvenes y otras menos. Era muy duro, durísimo, pero no había otra cosa. O eso, o trabajar en el campo. Había que subsistir y tenían que buscarse la vida como fuese. En Utrera con el tiempo fueron serrando una a una las fábricas en las que trabajaban tantas mujeres como mi tía. Los utreranos nunca podrán olvidar que toda una generación de mujeres luchó con uñas y dientes para poder salir de la miseria y precariedad que se vivía en los años 60. Con gran esfuerzo y sacrificio lo consiguieron la mayoría de ellas. Lo sacrificaron todo para que sus hijos no pasarán por lo que ellas habían pasado y pudiesen tener una buena preparación y con ello una vida más fácil. ¡¡¡Las fabricantes!!! Esas grandes mujeres. Entre ellas mi tía Manuela.

CAMILA, UNA MUJER VALIENTE

Siempre quise escribir algo sobre su vida. Ella fue una de las primeras personas que conocí cuando llegué a Motril por motivos laborales de mi marido, en el año 1974. Desgraciadamente, ya hace algunos años que no está entre nosotros. Quiero plasmar en este folio algunos de los muchos recuerdos que guardo de ella. Camila era una gran mujer, emprendedora, bondadosa, fuerte de carácter y con un corazón de oro. Recuerdo sus cazuelas de San Juan. ¡¡Eran únicas!! Nadie las hacía como ella, nunca me dijo la receta por más que le insistí, ese era de sus secretos mejor guardados. Dios no le concedió el don de tener un hijo cuando tanto lo deseaba, se casó muy mayor para poder ser madre. Nunca confesó su edad, no quería que nadie supiera que era mayor que su marido. Hacía ya algunos años que no se dedicaba a su profesión de modista, tuvo que dejarla debido a una dura enfermedad, la artrosis, la cual le fue deformando progresivamente sus manos hasta el punto de no poder seguir con el taller. Me contaba, orgullosa, que ella fue en Motril una de las mejores de su profesión y que había tenido en su taller aprendiendo el oficio de modista a más de veinte chicas.Fue muy duro tener que tomar esa decisión. En esos tiempos tenía gran clientela y había vestido a muchas mujeres de prestigio de este pueblo. Como era mujer de recursos no se achicó ante la adversidad. Montó un estudio de fotografía en el mismo lugar donde antes tenía el taller de costura. En aquella época no le resulto nada fácil dedicarse a ello, ya que en Motril no había muchos comercios para poder comprar los productos que necesitaba: productos químicos, papel fotográfico, carretes… Y lo poco que encontraba era escaso y muy caro. Tenía que desplazarse a Granada hasta dos y tres veces por semana, con frío, viento, calor, según la época del año. Los autobuses eran arcaicos y no circulaban a más de cincuenta kilómetros por hora, la carretera era estrecha y había más de trescientas curvas de Motril a Granada. Y llegó el día tan temido para ella, no tenía a nadie, su marido murió y se quedó sola.La enfermedad fue invadiendo su cansado cuerpo y también sus piernas, no podía caminar por sí sola y tenía que apoyarse sobre un bastón. Una madrugada en soledad se apagó la luz de sus ojos para siempre. Camila Palacios, una mujer fuerte, luchadora, emprendedora… Nada le daba miedo, ni el fracaso ni la adversidad. Su recuerdo permanecerá en el corazón de muchos. Yo nunca la olvidaré ya que para mí fue un regalo conocerla y contar con su cariño. (Maruja Jiménez Galeote, 2021)

UNA MUJER ESPECIAL

Hoy voy a valorar más el sentido de la vida en general, que no consiste en ser de derechas ni de izquierdas en el argot político, ni en ser rica ni pobre, solo en ser una mujer valiente, generosa, luchadora como tú, que a nada le tenías miedo y que siempre estuviste en las trincheras. Luchaste para defender los derechos de los mayores, contra el mal trato hacia las mujeres, por los indocumentados que llegaban en pateras, por la igualdad entre hombres y mujeres... En todas las manifestaciones allí estabas tú, amiga. Yo siempre te decía: “Tú tenías que dedicarte a la política y todo sería mucho más fácil para las personas más desfavorecidas de este país” Hoy, día 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, este es mi reconocimiento para ti, amiga del alma. Siempre te llevaré en mi corazón, querida Mª Adela Muñoz.

LA MARIPOSA PROTECTORA

En una página del diccionario Mariposa, margarita, Marcela, marzo En el mes de marzo comienza la primavera y los dorados rayos del sol alegran el parque vestido de verde. Una mariposa acaba de despojarse de su envoltorio y deambula por el parque de flor en flor exhibiendo sus bellos colores con suma coquetería. Con sus ojillos y antenas descubre a una indefensa y solitaria margarita a la que el fuerte viento intenta abatir una y otra vez con insistencia. La mariposa se posa sobre ella y, con sus tres pares de patas, intenta protegerla con sus alas de terciopelo. Marcela, que pasea por el parque despreocupada, al ver la escena se acerca y con una fuerte palmada espanta a la protectora mariposa que, asustada, inicia el vuelo sin rumbo a ninguna parte. La joven Marcela, sin compasión y de un solo tirón, arranca la margarita y se la pone en el pelo. Triste, se deshoja, ya nadie la protege…y muere.

viernes, 5 de marzo de 2021

AGONÍA DEL ESPEJO

LA Cada noche la señora de la casa, antes de irse a la cama, se ponía frente a mí. Desde hacía muchos años, no sabría decir cuántos, estaba en aquella casa colgado de una de las paredes del dormitorio principal. En tantos años había visto muchas cosas que no podría ni me atrevería a contar por mero respeto y pudor. Yo intentaba no mirarla, pero me era imposible, mis fuertes reflejos se posaban en su bello cuerpo. Más tarde, cuando llegaba el marido al dormitorio, se metían en la cama y apagaban la luz y ya no podía ver nada, solo escuchar los acelerados e intermitentes suspiros y jadeos de ambos. Pasados algunos años más, ya no se escuchaba nada cuando apagaban la luz. Lo que sí escuché una noche fue como le decía la señora a su marido. “No quiero que ese espejo esté ahí por más tiempo, cada día lo detesto más, me veo más gorda y más vieja”. Al escuchar aquellas palabras de desprecio hacia mí, comprendí que mi larga estancia en aquella casa estaba llegando a su fin. Al día siguiente, con sumo cuidado, me descolgaron de aquella oxidada alcayata a la que había estado enganchado tanto tiempo y fui arrojado a la basura. Me rompí en mil pedazos y así terminó mi vida.

sábado, 20 de febrero de 2021

RELATO DE UN PEZ

Soy de color rojizo, con escamas, pequeños ojos azules y con dos aletas a cada lado de mi cuerpo. Nací en el Mediterráneo, en las aguas que bordean la costa de Málaga y Granada, y me siento muy feliz. Puedo ver aun siendo de noche, las profundidades de este inmenso mar. Cuando salgo a la superficie, a lo lejos, distingo las luces del puerto, los yates, los barcos pesqueros…, amarrados al muelle, esperando su salida al mar. Un día cuando el sol ocultaba sus dorados rayos tras el horizonte, un pescador lanzó su caña de pescar al mar; yo en esos momentos me encontraba cerca del peligro que me acechaba, jugueteando en las trasparentes aguas de la playa de Las Azucenas, cuando en un despiste desafortunado me enganché en el anzuelo. El pescador me sacó del agua y me dejó en la orilla, agonizando, pero aún con vida. A lo lejos se escuchaban los gritos desesperados de un niño que corría con su perro por la playa: “Papá no dejes que muera, es muy bonito. Por favor, quítale el anzuelo y devuélvelo al mar”. El padre le hizo el gusto a su hijo. PUUUFFFF, ¡menos mal!! Si no hubiese sido por la bondad de ese niño (y de su padre) mi vida se hubiera terminado para siempre en ese instante y ahora estaría en alguna cocina, dentro de una cazuela. Maruja. J. Galeote