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sábado, 14 de mayo de 2011

CUANDO SE MARCHITAN LAS FLORES

 SALVADOR VARO 2011 --- 3º PREMIO DE REDACCIÓN.
Parecía que el tiempo no había pasado; sí, hacia diez largos años que mí querido Juan me había dejado para siempre. No quería pensar, me ahogaba la tristeza cuando sentía dentro de mi alma la falta de su cariño y compañía. A pesar de ello me sentía bien, me había acostumbrado a vivir en soledad.
Tenía las flores y los cuatro pájaros que él dejó, ellos me hacían sentirme menos sola, me tenían ocupada casi todo el día, y conseguían que fueran menos tristes y llevaderos los largos días de invierno.

No salía mucho de casa, no tenía necesidad, pasaba el tiempo de aquí para allá, sólo  por las mañanas para ir a misa de ocho y comprar el pan en la tienda de Benita que estaba en la otra esquina de la calle; así podía charlar un rato con las vecinas de lo que acontecía en el barrio y enterarme de algún que otro cotilleo.
Uno de los domingos que vinieron mi hijo y mi nuera a visitarme, y estando yo en la cocina, los oí cuchichear entre ellos. Cuando llegué al salón, mi hijo dijo en voz baja y un poco  temblorosa:
—Mamá, hemos pensado…que deberías rellenar los papeles para poder  ingresar en una residencia.
 — ¿Qué te parece? —dijo mi hijo dirigiendo su mirada hacia mí esperando una respuesta.

No contesté, sólo asentí, con una mueca de tristeza que me surgió del alma.
—Allí estarás más acompañada— manifestó mi nuera intentando justificarse, apretando el bolso sobre la falda. ¡¡No se le fuese a escapar!!
Ya estaba todo decidido, y yo,  no podía hacer nada para impedirlo.
Aquella mañana dejé los pájaros a mi vecina y regué las plantas para que  no se  secasen, ¡Qué ilusa! Aún creía que algún día volvería otra vez a mi casa.
La fachada de la residencia tenía aspecto diabólico. La calle se hallaba abarrotada de coches, ni un solo hueco libre para poder aparcar. Mi nuera se tuvo que subir a la acera para que yo pudiese bajar la
 maleta. Antes de volver a poner el coche en marcha bajo la ventanilla, dijo: 
—El domingo venimos a verte—y arrancó el coche como alma que lleve el diablo…
Al principio me encontraba mal, no conocía a nadie, echaba de menos mi casa, los pájaros y mis plantas. Pasé muchas noches si poder dormir pensando en ellos, así que aquella mañana llamé a mi hijo y le dije que quería volver a mi casa, a lo que él me respondió con evasivas.
—Cuando vaya el próximo día te llevaré un ordenador— ¡qué estupidez!, para  que quiero yo ese  extraño aparato, no sé, cómo funcionaba ni para que sirve…
No fue tan difícil, gracias a Carlos, un chico alegre y desinteresado que acababa de terminar sus estudios de informático, que generosamente y sin ningún ánimo de lucro se había comprometido con el director de la residencia  a enseñarnos a manejar aquel extraño aparato. Nunca podré agradecerle su paciencia y tesón con que nos trató, en todo momento a cada uno de nosotros. Me equivoqué al pensar que nunca aprendería a utilizar un ordenador. En poco tiempo aprendí a escribir textos,
 mandar correos, chatear… hice  infinidad de amigos muy importantes para mí, entre ellos uno muy “especial” que me hacía reír, soñar y sentirme viva como hacía mucho que no me había sentido desde que el amor de mi vida me dejó para siempre. Mi amigo especial, Javier, que así se llamaba, un día me mandó un mensaje inesperado y maravilloso. Las lágrimas no me dejaban ver lo que estaba leyendo, las letras se juntaban unas con otras como en un baile sin fin. Me quedé atónita, al leer aquellas pocas palabras que encerraban tanto significado para mí. ¡¡Me amaba!! No podía vivir sin tenerme a su lado. Sería posible que mi desdichada vida pudiese cambiar tanto gracias al ordenador?…


viernes, 6 de mayo de 2011

DÍA DE LAS MADRES

Madre hoy es tu día, un día muy especial en el que quisiera tenerte a mi lado para contemplar tu dulce mirada bajo los dorados rayos del sol de Mayo.
Madre quisiera decirte que tu presencia perdura en mí cada día. Te recuerdo fuerte como una roca y frágil como la flor que se deshoja en primavera. Madre, te recuerdo como una reina en la tierra sobre un pedestal  de flores de lindos colores. Madre, estás en mí corazón como el sol en la alborada.
Gracias a ti madre por llevarme dentro de tu ser, por las largas noches velando mis sueños, por el pan que me diste y no comiste. Tú madre, que guiaste mis pasos por el camino tortuoso de la vida sin esperar nada a cambio, nada, nada,¡¡Sólo amor!!

domingo, 1 de mayo de 2011

EL SEÑORITO MENDIGO

Cada tarde, cuando el sol se oculta tras el horizonte salgo a pasear con mi padre. Son paseos cortos, sus piernas no aguantan su pesado cuerpo y tiene que apoyarse sobre un bastón. Él conoce a mucha gente, sobre todo a personas que ya peinan canas con las que suele pararse para conversar.
Ayer se paró con un hombre muy mal trajeado y maloliente, portaba una bolsa mugrienta por la que asomaba un envase de un vino barato. Me llamó la atención sus manos con las uñas muy largas y ennegrecidas. Me preguntaba una y otra vez, como es posible tener unas uñas tan negras. ¿Es que nunca se las había lavado?
— ¿Sabes quién es? Preguntó mi padre al alejarnos para que no pudiese oírnos.
—Es, el señorito Andrés, el de la casa grande, el que tenía tantos criados y caballos, ese que comentaba todo el pueblo, que salía al atardecer y volvía con el alba. 
—No lo sé, no lo recuerdo. Respondí encogiendo los hombros.
—Dicen que le dio por jugar a las cartas, eso lo llevó a la ruina; ahora vive en la calle y duerme sobre unos cartones. No tiene ni un triste bocado de pan para llevarse a la boca. 
Me quedé ensimismado, perdido en los laberintos de mi memoria y recordé que alguna vez de pequeño pensé: cuando sea mayor me gustaría ser como él, guapo, elegante con el pelo engominado y negro como el azabache.
 ¡¡¡Señor!!! Como es la vida. Ya no queda nada de aquel hombre brillante, poderoso y atractivo que con su aspecto y simpatía se llevaba a todas “las chicas de calle”. Ya, no queda nada de él. Sólo unas sucias manos que portan una bolsa mugrienta…

domingo, 24 de abril de 2011

EL SECUESTRO


Sobre la mesa de la terraza del bar una copa de vino color rojizo como la sangre. Mis labios han rozado sutilmente el frío borde  de la copa, y he sentido en mí interior el caos de una noche negra de tormenta. El olor a tierra mojada, me ha traído recuerdos lejanos de otra época de nuestra vida; sus chistes, sus bromas, todo me alegraba. Lo que ha  sucedido entre nosotros, hoy no tiene mayor importancia. Discutimos por una sandez. Sólo  ha sido un mal entendido por mi parte. Cuando vuelva le pediré disculpas y todo se aclarará. De la mesa de al lado, llega a mis oídos parte de una conversación intrigante. Algo inaudito, aterrador…
—El secuestro será mañana a la hora del recreo—Ordena el hombre de pelo largo y rizado a su interlocutor.
—No puedo hacerlo.
—Sí, si que puedes, y lo harás. No hay vuelta atrás.
—Llevará un chándal azul y una mochila de rayas.
—¡¡No!! No podré, es solo un niño.
Desde mi altozano un diálogo pillado al azar, se  ha originado este increíble y aterrador suceso. ¿¡¡ Que puedo hacer!!?...
 

miércoles, 13 de abril de 2011

EL BLOSO DE LA ABUELA

 Subí al desván a buscar algunas cosillas para poder disfrazarme para la fiesta de mayores que hacen cada año por Navidad. Al abrir el viejo baúl, lo primero que ví fue el  bolso de flores con asas de madera  que tantas veces había visto llevar a mi abuela. Los recuerdos de la infancia se habían instalado en mi mente por unos instantes.
—Levanta cariño, vamos a casa de la abuela — susurró mi madre con voz suave…
Cada año desde que murió el abuelo íbamos al pueblo a recogerla para que pasara con nosotros esos días tan señalados.
Al salir a la calle el frío de la mañana me hizo estremecer. Subí rápidamente al coche y me enrosqué en el asiento trasero como un pequeño ovillo peludo, cerré los ojos y me quedé adormilada durante todo el trayecto.
La abuela nos estaba esperando en la puerta. Estaba muy guapa. El día anterior le habían hecho la permanente y quitado los pelos de las piernas.
Yo observaba sus lentos movimientos desde la puerta del dormitorio. Del viejo  armario sacó un bolso de flores difuminadas con asas de madera oscura: metió en él unas enormes bragas blancas de cuello vuelto y una bolsa de plástico, en la que fue metiendo algunas medicinas.   
La abuela dormitaba en el asiento delantero al lado de mi madre, con sus arrugadas manos apretaba el bolso de flores, como si de una reliquia se tratase. Yo no podía estar quieta, subía y bajaba del asiento continuamente…
— ¿Quieres un poco de turrón? ¡¡¡ A ver, si te calmas de una vez!!!
En ese mismo instante mi abuela volvió al mundo de los vivos…
—Yo también quiero un trozo—reclamó, con voz soñolienta.
De pronto: ¡¡Maldición!! El grito de la abuela retumbó como un trueno en mitad de la noche. Al ver a mi abuela con la dentadura en la mano partida en dos, una risa histérica y descontrolada  se apoderó de mí. No podía parar de reír, no podía, por más que lo intentaba. La abuela comenzó a llorar desconsolada, y mi madre, se enfadó mucho por mi mal comportamiento.
Han pasado los años y aún no puedo evitar una triste sonrisa al recordarlo. Solo que ahora lo veo de forma diferente: no quisiera ni por un momento que eso mismo me pudiese pasar a mí…

jueves, 31 de marzo de 2011

EL ENCUENTRO CON ROSITA

 El mundo se había detenido para Consuelo, todo se hallaba ennegrecido en lo más profundo de su interior, un mar de tristeza y desolación inundaba su destrozado corazón  desde aquél fatídico día en que él su querido y amado Jose la abandono para siempre, tras una corta y cruel enfermedad.
Sus hijos estaban muy preocupados por como se encontraba su madre; a pesar del tiempo que había transcurrido, no salía de su mutismo. Ellos la animaban a salir y visitaban a diario sin que por ello cambiase su estado de ánimo, y decidiese  retornar a una vida que había desaparecido cuando él se marcho.
Una tarde gris de invierno se encontraba sentada en un viejo banco del parque con la mirada perdida en el horizonte, cuando un cartel blanco pegado al tronco de un árbol, le llamó la atención: “Perros abandonados”. Sacó papel y lápiz del bolso y apuntó la dirección de aquel lugar, en el que parecía haber seres tan frágiles y solos como ella.
A la mañana siguiente, Consuelo se levantó temprano para visitar el lugar, no sabía para qué, ni por qué, pero algo la incitaba a conocer a aquellos perros. No se encontraba muy lejos, así que no les dijo nada a sus hijos, se puso el chándal y sin pensarlo se dirigió hasta allí.
Una enorme cancela de hierro pintada de verde custodiaba el recinto. Al final del camino, se podía ver desde fuera que se encontraba una pequeña casita, que bien  podía ser la del encargado, alrededor de ella unas perreras donde posiblemente se encontraban encerrados los perros. Tocó el timbre y en unos segundos se abrió la enorme puerta por la que salió a su encuentro un señor bajito con poco pelo y con la cara curtida por el sol. 
— ¿Qué desea señora?— le preguntó el hombre con una amable sonrisa, que dejaba al descubierto una hilera de dientes nacarados.
— Quería saber si  podía ver a los perros — ¿Es posible?
— Pase por favor, se encuentran en las jaulas. Al verlos, recodé a los presos tras las rejas de la cárcel y un sentimiento de tristeza inundó ama. Detrás de una de las rejas se hallaba una perrilla flaca y enfermiza que le lleno el corazón de angustia y malestar al clavar en Consuelo  sus grandes y entristecidos ojos.
— ¿Cómo se llama? — No tiene nombre aún, la encontraron deambulando por la carretera con una pata rota y en muy mal estado.
 Se acercó a ella y con suma ternura acarició su triste carita y su escueto lomo, a lo que ella le respondió con unos débiles  ladridos, agitando su pequeño rabito.
— ¿Me la puedo llevar?— no lo pesé: solo sabía que ella me necesitaba y yo a ella más.
El hombre le explicó que tenía que hacer unos trámites, que cuando todo estuviese en  regla me llamaría para que fuese a recogerla.
Cuando se lo dijo a sus hijos, se quedaron atónitos no se lo podían creer, de que hubiese tomado semejante decisión. A ella nuca le han gustado mucho los perros.
Desde aquél día todo ha cambiado para Consuelo, “Rosita“qué así se llama la perrita, ha conseguido que cambie su forma de vida para siempre.  Todos los días sale a pasear con ella, ha tenido la oportunidad de  conocer a otras personas que al igual que Cosuelo una vez tomaron la decisión de adoptar a una perrita, para no volver nunca más a sentirse dentro de ese pozo oscuro lleno de tristeza y soledad.

Otra veeción de Rosita. Por Maruja.

domingo, 27 de marzo de 2011

UN DÍA MUY ESPECIAL




Esta es Maruja, una sevillana afincada en Motril, abuela de Manuel, nuestro exalumno. Ella ha querido visitar nuestra clase y conocer a estos nuevos niños y niñas. Ya nos acompañó el curso pasado para contarnos muchas cosas. Hoy hemos tenido la suerte de tenerla con nosotros otra vez.
Con ella hemos recordado el cuento de Elvira Lindo "Olivia no quiere ir al colegio"....porque ella, Maruja es como la abuela Olivia, la protagonista de este libro, para la que, el saber, el aprendizaje y la educación no tienen edad..Ella es todo un ejemplo de coraje, superación e ilusión por aprender.
Maruja es todo un ejemplo para estos niños. Ellos le han preguntado algunas cosas....el nombre de sus compañeros, el de sus profes, si tiene tambien recreo....
También Maruja es una gran lectora y aficcionada a la escritura, por ello nos ha querido leer un cuento, sobre las vocales...
Maruja gracias por visitarnos otra vez y enseñarnos con tu ejemplo, tantas cosas...Un gran abrazo de estos 25 niños y niñas y de su maestro.
AH!!....MARUJA TAMBIEN TIENE UN BLOG.....FELICIDADES A ESTA ABUELA BLOGUERA.
Lo podéis visitar pulsando en el siguiente enlace

domingo, 20 de marzo de 2011

SUS MANOS MÁRMOL TALLADO

                                                            Sus manos mármol tallado.
Las que limpiaron lágrimas y acariciaron mi frágil cuerpo para poder sentirme querido en la oscuridad de la noche.
 Las que me enseñaron a atar los cordones de los zapatos y cada noche juntar cada una de las manitas para aprender a rezar.
 Las que aletargaron mis sentidos viendo pasar las negras nubes del tenebroso invierno.
Las que cogieron rosas para poder aspirar su aroma y descubrir la primavera desde la ventana y así contemplar el color del amanecer en el campo.
 Cogieron con ellas mariposas para poder vislumbrar las mañanas, brindar con júbilo  destellos de luz y color.
Las que con fino papel entre sus dedos improvisaba pajaritas de colores para mitigar mi llanto y convertir las lágrimas en torrentes de sonrisas.
Antes mármol tallado ¡¡¡ frío cristal!! Sobre el pecho…

jueves, 17 de marzo de 2011

CONSUELO Y ROSITA

  
          
Había una vez una señora muy triste, una cruel enfermedad se llevó a su marido, el fiel compañero de su vida y al que  ella quería muchísimo; se quedó sin nada que la motivara a seguir viviendo. Recientemente se habían cambiado de ciudad para estar cerca de sus hijos; por lo tanto, no tenía amigos cerca que le hicieran compañía.

Un día, sus hijos pensaron traerle un perrito para obligarla a salir de su casa. Ella aceptó y trajeron a Rosita, una preciosa perrita de diez meses, rubia y con el pelo suave como el algodón. El cariño fue rápido y mutuo.

La señora tuvo que dejar de llorar todo el día porque Rosita se ponía triste y no comía Ella tenía que salir tres veces al día a pasear a Rosita y esto empezó a gustarle. Además de tener una compañera fiel y cariñosa que la colmaba de besos todo el día, en la calle hizo amistad con los dueños y dueñas de otros perros, personas muy buenas con las que se relaciona todos los días,  aunque su marido jamás se le olvidar. La pena se fue mitigando, volvió a tener ganas de vivir.

¡Tenía alguien a quien cuidar y querer!
Para colmo, su querida amiga Maruja la animó a comprarse un ordenador y así lo hizo, y muy pronto aprendió a usarlo; o sea, que entre el ordenador y Rosita tiene el día completo. Ahora cuando vienen sus hijos, se alegran de verla animosa y ocupada.
 
Su recomendación para las personas que estén tristes por una causa u otra es que como terapia pongan una perrita en su vida.     
                                                                                CONSUELO GARCÍA.
          

domingo, 20 de febrero de 2011

SUEÑOS



Soñé un sueño hermoso
Un sueño de poesía.

Creí, que todos se amaban
 que ya nadie padecía,
que hambre no había,
 todos los niños comían.

Soñé que las balas eran rosas,
que el aire las deshacía.
que la libertad existe,
y que ya nadie mentía

Los sueños libre son,
como el aire y la pasión.  
Como los sueños de niño,
los sueños, sueños  son…

sábado, 29 de enero de 2011

EL ANGEL DE LA PLAYA


Hacía mucho calor, los niños se hallaban muy nerviosos. Corrían de un lado para otro, tirando todo lo que encontraban a su paso y peleándose entre ellos. ¡No podía más! De un puñado los metí en el coche y me marché a la playa. Al llegar, casi no podía abrir la puerta del coche por el fuerte viento reinante. Pensé en volver a casa, pero, no, yo soy más terca que una mula. Bajé los bártulos y los planté sobre la incandescente arena,  el sol caía a plomo sobre nuestros cuerpos casi desnudos. Me encontraba mal, el fuerte calor no me 
dejaba respirar y un sudor pegajoso se adhería a todo mi cuerpo.
Grité, una y otra vez a los niños para que no se acercasen al agua, y jugaran en la orilla. Ondeaba la bandera amarilla y era muy peligroso.
Desde la posición en que me encontraba, divisé a un anciano: mugriento y mal vestido con un viejo sombrero de paja, arrastrando una enorme bolsa negra de plástico en la que introducía todo lo encontraba a su paso.
— ¡¡Se dirige a los niños!! Los llamé desesperada  para que no se acercasen a él. 
El anciano mugriento pasó junto a mí, inclinó la cabeza para recoger un objeto del suelo; en ese instante me dirigió una tierna y amable sonrisa. A la que yo le respondí con un gesto áspero y hostil.
Unos día más tarde escuché una interesante conversación, en la puerta del colegio a una de las madres.
—¡¡Si!! Es él, — Le dicen el Ángel de la playa.
—Lleva toda su vida limpiando las playas del entorno, de latas, cristales y otros objetos cortantes con los que se pueden herir los niños al jugar en la arena.
Aquel día recibí una gran lesión, de amor y humanidad que nunca olvidaré. Jamás  juzgues a ninguna  persona  por su aspecto… 

domingo, 23 de enero de 2011

LAS TAPAS.



La visita a Granada nunca será completa si no se llega a practicar en sus bares y tascas el “tapeo granadino”, en el que variadas y suculentas tapas son regaladas con la consumición, que suele ser una caña de cerveza o un chato de vino. En esta particular muestra de cultura gastronómica es normalmente el propio tabernero quien escoge la tapa, y el cliente acepta la elección con sumo respeto. Y es que ir de tapeo con los amigos es una de las costumbres más arraigadas en la capital granadina.


martes, 18 de enero de 2011

LA ABUELA GOLONDRINA



Cada mes lo pasa en casa de uno de sus tres hijos que ya se encuentran jubilados; bueno, todos no, menos la pequeña Marta.


Carmen, la mayor, maestra de primaria, es alegre y muy divertida, a menudo le cuenta chistes graciosos y siempre le tararea canciones de los años cuarenta.


Juan, fontanero de una importante empresa, cada día la irrita con sus juegos de niño travieso, le esconde sus retratos y las galletas que más le gustan.


Marta no trabaja, ha pedido excedencia en el hospital, tiene dos niños pequeños, uno de dos, y otro de cuatro, que es un demonio. Cuando hace buen tiempo, la saca a pasear por la acera, aunque ella nunca está dispuesta a ello, no le gusta cambiarse de ropa ni ponerse los zapatos y mucho menos que la peine.


Como ella, hay muchas que son muy afortunadas, pero por desgracia cada vez menos. Ellas son conocidas por el apodo de las abuelas “golondrinas” un mes, aquí y otro allí…




viernes, 14 de enero de 2011

FRASES


Volver a soñar, nuestra imaginación ve deslizarse las negras nubes sobre el inmenso e implacable mar de las pasiones, y al despertar vuelve la realidad.


Vivir la emoción, mariposas revoloteando en tu interior al escuchar una bella canción que habla de amor.

Vivir en libertad, conocer, expresar, sentir, amar, luchar sin descaso por encontrar la verdad, la auténtica amistad.

Vivir la ilusión, de volverte a enamorar sin tener en cuenta la edad, ni el rumor de las voces de maldad.

Vivir la vida, con alegria hasta el final, pensar que las lágrimas  derramadas quedarón detras... La vida de cada uno de nosotros es¡¡¡Única!!!

viernes, 7 de enero de 2011

SIN ALIENTO

                                  
Los últimos rayos de luz del atardecer caían sobre las calles volviéndolas oscuras y silenciosas. Era casi la

hora de cerrar y la mujer del supermercado se disponía a hacer caja, pues la jornada ya había terminado.

Una chica rubia con unos apuntes en la mano entró en la tienda. Con gran nerviosismo e insistencia preguntó

a la cajera.

—Señora, señora, ¿me puede indicar dónde se encuentran los pañuelos de papel, por favor?

—El empleado se encuentra al final del pasillo, él se lo puede indicar—respondió la cajera con gesto amable.

No había terminado la frase cuando una luz cegadora de color violeta traspasó la puerta de entrada; la

irradiación traía envueltos a dos seres monstruosos de color verdoso, cabeza picuda, ojos saltones como

bolas de billar y grandes orejas que le colgaban hasta el suelo. La cajera quedó paralizada sin poder mover

un solo músculo de su cuerpo, observando aterrada cómo avanzaban por el pasillo central, haciendo un

ruido infernal como aullidos agonizantes. La chica y el empleado, ocultos tras el mostrador, no podían salir

de su asombro ante aquella macabra aparición. Quedaron inmóviles y aguantando la respiración para no ser vistos.

La joven, como pudo, sin hacer el más mínimo ruido sacó papel y lápiz e intentó plasmar la grotesca escena;

pensó que podría presentar aquel trabajo en su próximo examen de dibujo artístico.

Pasados unos minutos, la luz desapareció y con ella los dos seres deformes y espeluznantes que los habían

dejado terriblemente asustados

lunes, 13 de diciembre de 2010

LA NAVIDAD


Duele la Navidad, cuando no tienes donde poderte cobijar...

Duele la Navidad, si no existe la paz para la humanidad y los hombres matan sin piedad.

Duele la Navidad, si no se pueden calentar y carecen del pan.

Pero duele más cuando no tienes a quien amar.

Por eso, y por muchas cosas más. ¿Verdad, que duele la Navidad?

viernes, 3 de diciembre de 2010

EL VELO DEL OLVIDO


Siente que los recuerdos se desvanecen. Grandes lagunas aparecen como la fina niebla que no deja ver el horizonte. Cada día se encuentra más y más atrapada, en este oscuro y desconocido mundo de confusión. María se esfuerza en recordar: cada cosa que ha hecho, o que tiene que hacer. A veces guarda el libro. Cuando va a leerlo no lo encuentra. Las llaves no están en el bolso, ¿Dónde las puso? se desespera si no están allí. Le aterroriza tener que recordar donde las ha guardo. Se avergüenza cuando alguien le dice. — Te lo dije ayer, y el velo se extiende como un muro infranqueable ante ella y no consigue recordar que era, ni de que se trataba. Se encuentra aterrada al pensar que con el paso del tiempo no recordará a sus hijos, nietos… sus seres más queridos.

María está ante el espejo, no se reconoce, un incoherente velo desdibuja su imagen. Y se pregunta angustiada con lágrimas en los ojos. ¿Quién soy yo?

domingo, 28 de noviembre de 2010

UN PASEO POR EL PARQUE


La semana anterior me encontré con ella en el parque. Llevaba a su hija pequeña de la mano. En su semblante se podía adivinar una gran tristeza.
Esa mañana descubrió un pequeño bulto en el pecho izquierdo. Me quedé mirándola como, queriendo encontrar sus más profundos pensamientos. Sus enormes ojos carentes de expresividad, su mirada ausente deja entrever la incógnita y el miedo a lo desconocido.
Hoy he vuelto a verla y percibo que algo en ella ha cambiado, algo importante y transcendente. Sólo hay que reparar en la forma de andar, en el regocijo de su cuerpo, ese movimiento de su pelo mecido por la brisa.
“Algo en ella ha cambiado,” pienso, pero no me atrevo a preguntar. No lo necesito, se la ve radiante…

jueves, 25 de noviembre de 2010

LA EMIGRACIÓN DE LA EMPERATRIZ

Relatos del libro  "Sonetos y arrullo de amor (poemario) - La reina mora (relatario)" Del Taller de Escritura Guadalfeo.En el que he participado con este relato.



En aquel tiempo, los inviernos eran duros y penosos. Recuerdo que un día nevaba intensamente en aquel cortijo de la Sierra de Granada. Mi madre comentó que no tenía nada para comer; ¿qué podía hacer yo?, ¡tenía tanta hambre! Pensé en ir a casa de mi abuela sin decir nada y pedirle harina para que mi madre cocinase unas migas. Eso hice. Cuando la abuela me vio aparecer, se echó las manos a la cabeza horrorizada.
— ¿Cómo?, ¿tu madre te ha dejado salir con este día de perros?
Yo estaba morada y tiritando. Era cierto que el cortijo no estaba muy lejos, pero no disponía de ropa suficiente para poder soportar tanto frío como el que congelaba el aire aquella mañana. Mi abuela, al verme, me apretó contra su pecho con infinito cariño y me puso al lado de la chimenea, que permanecía encendida desde la noche anterior.
Ella olía a pan recién horneado y puso frente a mí una taza de leche muy caliente con la que me recuperé en seguida. Cuando me encontré mejor, me cogió de la mano y me llevó a casa. Nos ayudaba con frecuencia: unas veces con prendas y otras con dinero, comida o jabón… pero siempre a espaldas de mi abuelo; a él no le gustaba esa generosidad, tal vez porque la consideraba excesiva o quizá por una de esas historias de desencuentros familiares que los niños nunca llegamos a conocer. El caso es que la abuela nos dejaba dinero en un pequeño sobre azul y otras muchas cosas de primera necesidad detrás de la puerta de la calle; al salir, las recogíamos. Así, mi madre podía alimentarnos cada día y mantenernos mínima mente vestidos.
El día que mi abuela marchaba a la capital, para visitar al médico o tramitar algún papeleo en el juzgado o en el ayuntamiento, tardaba todo el día en regresar. Los medios de transporte de aquella época eran muy escasos y deficientes: sólo pasaba el autobús una vez, por la mañana, y volvía por la noche. Mis hermanos pequeños y yo nos quedábamos en su casa para acompañar a mi abuelo. A la hora del almuerzo, nos preguntaba:
— ¿Queréis algo de comer?
— ¡Síiii! —respondíamos a coro.
— ¿Es que nunca estáis hartos? —rezongaba mi abuelo, con gesto huraño.
No nos dejaba tocar nada; todo le molestaba, nos reñía continuamente, sin motivo y sin razón; yo le trataba con mucho respeto y cariño, a pesar de que era tan refunfuñón. En el fondo, creo que se preocupaba de nosotros y nos quería muchísimo…
Cuando mi abuelo recogía la cosecha y llevaba trigo al molino, la abuela nos suministraba harina para que hiciésemos el pan. Mi madre lo amasaba y lo introducía en el horno de leña que se hallaba en un rincón del corral. ¡Estaba buenísimo!... Una vez, recuerdo que lo almacenó o escondió en el ropero, entre vestidos y trapos, para no fuese devorado todo el mismo día, cuando lo extrajo y lo sirvió, tenía fuerte y penetrante olor a alcanfor.
Mi madre trajo a este mundo doce hijos, que se dice pronto; era muy fuerte siempre la contemplo en mi memoria trabajando: cosía, lavaba... nunca estaba parada; las noches las pasaba en vela, tapando a unos y dando de mamar a otros. La recuerdo con una enorme barriga y con los pechos caídos hasta la cintura.
Cuando nació mi hermano Manuel, el último de los varones, mi hermana mayor decía que le daba vergüenza salir con ella a la calle, que ya era muy mayor para parir, que no trajese más hijos, que ya éramos muchos.
Una noche en la que el frío se colaba por las rendijas de la ventana, mi hermana Carmen tiraba de la gastada manta dejándome destapada; no me podía dormir. Entonces escuché cómo mis padres hablaban en voz baja para no despertarnos, pero, a medida que la conversación seguía, el tono de voz aumentaba y yo afiné el oído.
—Juan, ya no podemos aguantar más en el cortijo; los niños cada año que pasa son mayores. Dime, ¿qué porvenir les espera? —preguntaba mi madre con tono suplicante.
—Pero... ¿en qué trabajaré en la ciudad?; somos muchos, yo, no sé hacer otra cosa que trabajar la tierra y cuidar el ganado —objetaba mi padre muy alterado.
—Mi prima me ha escrito una carta, acaba de enviudar y no tiene hijos, tiene una carnicería en Motril en la calle Catalanes; dice que podemos trabajar con ella y entre todos sacar el negocio adelante.
—No sé, no sé, puede que tengas razón y estés en lo cierto —contestó mi padre, un poco más calmado, bajando el tono de voz.
Los muelles del somier crujieron… No se escuchaba nada, sólo unos suaves jadeos y cuchicheos y más tarde el viento golpeando los cristales de la puerta del corral. Aquella noche no pude dormir, no dejaba de pensar en lo que había oído comentar a mis padres.
Me asustaba un poco pensar que ya no podría jugar con Lucio al trompo, a "piola"… ni subir a lo alto de los árboles que bordean la carretera del pueblo cercano a coger hojas de las moreras para los gusanos de seda (tenía más de diez en una caja de zapatos, que me regaló mi abuela).
Pasado un tiempo, mi madre empezó con los preparativos para marcharnos a Motril. Era el año 1951. Por aquel entonces yo tenía diez años.
Por fin, una mañana muy temprano se preparó la marcha hacia la desconocida ciudad.
La despedida fue muy triste; mi abuelo permanecía estático, sin mover ni un sólo músculo de su cuerpo, parado delante del autobús; no parpadeaba, no se le fuese a escapar algún sollozo o lamento y lo viesen los vecinos, él, que era tan fuerte; en cambio, mi abuela suspiraba amargamente y lloraba sin consuelo mientras limpiaba las lágrimas con la punta del delantal de rayas grises.

Cuando nos detuvimos en la estación donde hacíamos trasbordo, mi padre extrajo todos los bártulos que transportábamos y los pasó al otro autobús. La noche estaba muy oscura, parecía que iba a llover de un momento a otro, pero no fue así; no cayó ni una gota. Nosotros, los más pequeños muy asustados, nos cogimos de la mano de mi madre para no perdernos. Recuerdo, ya en el autobús, que no hacíamos sino preguntar a mi madre: ¿Falta mucho para llegar? Al fin, el sol empezó a salir entre las altas montañas y vimos el mar a lo lejos. Nos quedamos "embobaos" mirando por la ventanilla. No habíamos visto nunca tanta agua junta.
Y así fue como empezamos una nueva etapa de nuestras vidas en Motril,
lejos de nuestra tierra con nuevas dificultades y no menos duras que
las anteriores, pero llenas de grandes esperanzas…
Creado por Maruja.

XVI CERTAMEN LITERARIO "PLAZA DE LA LIBERTAD"-MOTRIL 2010-- 2º PREMIO

jueves, 18 de noviembre de 2010

NUNCA ES TARDE

Relato integrante del Libro "No empieses nunca por una conjunción"   Taller de Escritura Guadalfeo
En el que he participado con este relato.


La primera vez que me fijé en la pantalla de un Ordenador, me pregunté: ¿Para que serviría este utensilio de frío y oscuro cristal donde a pesar de todo no puede funcionar sin que la mano del hombre se pose sobre él¿. Para mí es un objeto inútil y desconocido, como todo lo no descubierto anteriormente. No podía comprender ni por un momento lo equivocada que me encontraba en aquellos momentos ante mi gran ignorancia.
Una tarde triste y gris de los últimos días del mes de Enero, un fuerte viento golpeaba los cristales del salón con gran fuerza y violencia, lo cual hacía correr las espesas nubes, negras como la mismísima noche que se avecinaba.
Sentada en el sillón de rallas rojas y doradas tras el enorme ventanal, la mirada se perdía en el infinito, al mismo tiempo se veía el pueblo pequeño y blanco bajo las grandes hileras de altas montañas que lo rodeaban.
Mis pensamientos daban vueltas y mas vueltas como si fuera un enorme carrusel que girara y gira sin parar dentro de mi mente: cosas que he hecho, que no hice, y otras que aún me quedan por hacer.
Las emociones, sensaciones y sentimientos que no dejan de volar cuan negros nubarrones que corren sin parar hacia el horizonte de mi vida
Tan abstraída me encontraba dentro de mi mundo interior que no pude percibir el ruido chirriante de la llave en la cerradura de la puerta, cuándo él entró, con sigilo y se dirigió al sitio donde yo me encontraba, en el mas absoluto silencio, se inclinó dándome un suave baso en la mejilla con gran ternura. Fue lo que me hizo volver a la realidad, diciéndome: Rubia, el Lunes empiezan las clases de Informática…Casi no escuché, ¡vale! ¿Cuándo has dicho¿ repitió, el Lunes, y me han comentado que si quiero asistir tengo que ir por la mañana a primera hora, pues dicen que para el curso de iniciación hay pocas plazas.
Era la hora de la cena, con desgana me dispuse a poner la comida en la mesa, mientras me repetía una y otra vez: Que hacer, que podía aprender y conocer a mis casi SETENTA AÑOS de aquél aparato el cual no entendía ni significaba nada para mí. Él me miraba pensativo entre plato y plato como queriendo adivinar mis mas íntimos y desconocidos sentimientos.
Cuándo me levanté a la mañana siguiente me dispuse presurosa a poner manos a la “obra”, y sin pensarlo dos veces me puse el pantalón negro y el suéter rojo del cuello vuelto, pues la verdad es que hacia bastante frió esta mañana des mas de Enero. Sin prisa me dirigí al Centro donde se impartían las clases, subí las empinadas escaleras del recinto casi sin darme cuanta, donde mis torpes y cansadas piernas quisieron llevarme; de pronto me encontré en una sala enorme, en la que en aquellos momentos no se encontraba nadie. Miré con suma curiosidad respiraba en la sala alrededor buscando al Profesor, pero no se encontraba en la sala. El ambiente que se respiraba era tranquilo y acogedor, las mesas de color verde y alargadas, con un Ordenador en cada una de ellas, las sillas tapizadas de un intenso azul, las cortinas muy tupidas del mismo tono, por donde apenas dejaban pasar un tenue rayo de luz.
Me sobresalté al escuchar una voz a mis espaldas que repetía con insistencia ¿Señora que deseaba, ¿ Por favor quería informarme si aún quedan plazas para el curso de informática que empieza el Lunes, -Sí una queda libre- respondió el hombre alto y delgado de ojos pequeños y vivarachos, que me miraba tras sus gruesas y enormes gafas que tendrían mas de veinte dioptrías… o mas. De acuerdo señora hasta el Lunes próximo Dios mediante, ¿A que hora empiezan las clases, a las diez, por favor no llegue tarde le respondió el profesor.
Al salir del centro, me sentí como una niña con zapatos nuevos, no como la mujer adulta que no ha tenido los medios necesarios para prepararse para la vida cultural e intelectual.
Mi mente ya es mayor, pero mi espíritu joven, creo que nunca es tarde para recuperar el tiempo perdido; pues siempre he tenido curiosidad por todo lo desconocido.
Del curso recuerdo el primer día de clase, en esa sala con un silencio sepulcral que me rodeaba y a la vez deseando de todo corazón que alguien llegase, solo a lo lejos se podía escuchar el murmullo de voces y pasos, por el estrecho pasillo que conducía a la sala donde yo esperaba impaciente, por fin comenzaron a entrar una tras otra, un suave olor a Heno de Previa inundó el recinto- todas eran mujeres a acepción del profesor- insisto- con sus enormes gafas y delgadez. Nos fuimos presentando una a una, con sus correspondientes nombres y edad (Debo decir qué me enorgullecí al comprobar que era la mayor de toda la clase).
Ya, entada delante del Ordenador, me sentí terriblemente sola y nerviosa, con la boca seca y un sabor amargo. Nada mas comenzar el profesor la clase aliviada, comprendí que no era para tanto, que poco a poco lo podía conseguir si ponía todo mi empeño y esfuerzo.
He terminado el curso, me siento afortunada por haber despertado en mi la curiosidad de poder saber lo que podía estar escondido detrás de esa pequeña pantalla, la cual ya no me parece fría e inútil.
En esta edad avanzada de mi vida, me encuentro ante un mundo inmenso y desconocido ante mí. Donde puedo buscar, encontrar y a su vez conocer todo aquello que quiero y necesito. He podido comprobar a mis años, que las nuevas tecnologías son un gran descubrimiento para el desarrollo y bienestar de la Humanidad.
Mis migas y conocidas, se sorprenden de que tenga tanto interés por conocer cosas nuevas, pues dicen que a mis años para que me van a servir. Yo se que para mí es gratificante, y a la vez me hace sentir una gran ilusión conmigo misma, ya que el Ordenador me ha hecho salir del aburrimiento, tristeza y soledad de esos días de Invierno. Hoy me siento feliz y afortunada de haber hecho ese magnifico cuso.

XII CERTAMEN LITERARIO "PLAZA DE LA LIBERTAD"-MOTRIL 2006 1º PREMIO


lunes, 15 de noviembre de 2010

ELLOS SON...


Ellos pueden abrir los corazones con la llave de la sabiduría, cariño, comprensión y paciencia.
Ellos no piden nada, solo necesitan ternura de hijos, nietos, amigos e incluso de vecinos que son los que escuchan cuando hablan de sus temores, enfermedad y de su cercana muerte.
Ellos no se sienten caducos ni obsoletos, están vivos, lloran cuando nadie los pude ver, para que los suyos no sufran y ríen aunque estén tristes cuando juegan con los nietos.
Ellos, cada día se despiertan con una nueva ilusión para no estar estancados y adormilados todo el día; hacen gimnasia, informática, pasean y cuando la economía se lo permite, inclusive van a ver alguna obra de teatro.
Esto son los ellos del 2010: mayores, pero no viejos.

martes, 9 de noviembre de 2010

DON RAMIRO


Don Ramiro había vivido desde pequeño en aquel pueblo perdido entre altas y oscuras montañas; sólo salió de él para poder estudiar la carrera que más le gustaba, medicina. En cuanto le fue posible regresó a buscar sus raíces y estar cerca de los suyos. Su profesión le había dado la oportunidad de estar siempre en contacto con cada uno de ellos. Todos le respetaban: tanto niños como mayores, por su buen hacer y sus desvelos constantes.

Destacaban en él, tras sus gafas “de culo de vaso”, unos minúsculos y vivarachos ojillos azules. Caminaba erecto, siempre impecable, con un ridículo traje gris de alpaca y un chaleco muy ajustado con grandes rayas. La corbata negra mal anudada que parecía salir corriendo, y escapar de su consumido cuello. En uno de los bolsillos del chaleco un singular reloj de larga cadena plateada que siempre llevaba consigo.

Aquella tarde del mes de noviembre, después de pensarlo mucho, decidió ir al cementerio para visitar la tumba de su querida esposa. Se encontraba abatido y exhausto después de tan larga caminata; como el guerrero que ha perdido la batalla, se sentó en un pequeño banco de madera, y con gesto dolorido enlazó las manos sobre su maltrecho corazón. Todo se encontraba en el más absoluto silencio, roto a veces por el cimbrear de los árboles casi desnudos y el oscilar de las hojas muertas sobre la fría tierra del campo santo.

No conseguía recordarla por más que lo intentaba, ella se había difuminado en su mente. ¿Cómo era?, ¿Cómo se llamaba?, se preguntaba, una y otra vez sin conseguir recordar.

Cuando iba hacia su casa se quitó los anteojos para limpiar los vidrios empañados, casi no lo dejaban ver el camino; no, no eran los cristales… un torrente de lágrimas brotaba de sus cansados ojos.

viernes, 5 de noviembre de 2010

EL SUEÑO DE UNA MONJA


Se sentía muy cansada, había tenido un día agotador de idas y venidas por los largos pasillos del convento. El sol agonizaba a esa hora de la tarde; ya ninguna de las hermanas deambulaba por los recovecos del convento. Todas se hallan recogidas en sus celdas. La pequeña celda se encuentra silenciosa, en penumbras, iluminada por un escaso rayo de luz que entra por las rendijas de la estrecha ventana que se posa sobre crucifijo de madera, que preside el oscuro cabecero de la cama. Tiritando de frío, se pone el ajado camisón de muselina morena.
Arrodillada: a los pies de su cama reza con devoción sus oraciones nocturnas. De un salto se mete en el estrecho catre y tan solo unos minutos más tarde se queda profundamente dormida.
Despacio y sin hacer el más mínimo ruido abre la puerta de la celda y sale al jardín del convento, está sola, rodeada de altos muros de piedra rojiza, que se le vienen encima aplastándola por las sombras de la noche. No podía correr; sus plantas parecían estar atornilladas al áspero suelo, un sudor frío le cala hasta lo más profundo de sus jóvenes huesos. El largo camisón de muselina se pega a sus húmedos muslos como una lapa, frenando la angustiosa huida.
Sin pensarlo, de un tirón se despoja del húmedo camisón y corre despavorida por entre los altos árboles y frondosos arbustos que rodean el tétrico jardín.
Una lejana y melodiosa voz llega a sus oídos desconcertándola: “Elena, Elena. Era él, que se acerca cauteloso hasta ella. Puede escuchar su jadeante respiración pegada a su oído y el acelerado galopar de su corazón. Se siente sin fuerzas abandonada a su suerte, unas fuertes manos acarician su inmaculado cuerpo y sus desnudos pechos. El tiempo se detiene por unos instantes… una salvaje y depravada pasión recorre todos los sentidos de la joven. La vida es un sueño. Si te despiertas cierra los ojos y vuelve a soñar.

lunes, 1 de noviembre de 2010

AQUELLA TARDE


No se podía estar dentro de la casa, me asfixiaba, así que me eché un poco de agua en la cara y me dirigí hasta a la plaza para poder tomar un poco el fresco bajo la sombra de los árboles. Vi llegar al cura del pueblo detrás de los postigos rojinegros. El sol caía a plomo; Caminaba tambaleándose, sus pequeños ojillos azules enrojecidos y la mirada perdida en el horizonte como una barca a la deriva.
No hacía mucho que lo habían destinado, así que era un desconocido entre los feligreses de la comarca. Me sorprendió que el sacerdote estuviese allí, a esa hora de la tarde con tanto calor.
Una mujer muy mayor vestida de negro con un pequeño moño en la nuca se sentó a mi lado. Yo me hallaba aletargada. La mujer se mantuvo en silencio unos minutos. Más, de pronto, dirigiendo la mirada hacia mí y elevando la voz, preguntó, curiosa, con intención maligna y malsana:
— ¡Está borracho!, ¿verdad? —su voz retumbó en mis oídos como un proyectil, que va directo al objetivo.
Clavé la mirada en su oscuro y arrugado rostro, con rabia por lo que acababa de oír.
— ¿Cómo puede usted hablar sin saber, señora? —le respondí furiosa.
— El padre ha estado muy enfermo, en comunión con la muerte, hace solo unos días ha pasado por el duro trance de enterrar a su madre.

miércoles, 27 de octubre de 2010

“DURA DECISIÓN”



Sentada en el arcaico banco de madera desgajada en medio de un silencio sepulcral, donde sólo podía oír el exiguo tic- tic del reloj que cuelga de la maltratada pared, presidiendo el desolado e inhóspito andén…

En sólo unos minutos todo cambió a su alrededor, pasó de la extrema calma al griterío de los cientos de pasajeros que alborotados corrían de un lado para otro, intentado abordar el tren lo antes posible para no quedarse en tierra, y ser conducidos a la gran ciudad…

No quería montar en aquel tren. No, no quería subir a aquel tren de madera ennegrecida, que como un mausoleo permanece estático frente a ella incitándola a subir sin compasión.
Abatida y sin fuerzas se sentó al final del departamento al lado de la pequeña ventana de madera. Un olor a trapo húmedo le hizo retornar a otra época de su vida, cuando de pequeña viajaba en compañía de su madre en un tren similar. Ella se había marchado, sí, para siempre, sólo permanecían los inolvidables e imborrables recuerdos de una infancia feliz, colmada de juegos y risas. Nunca más volvería a vivir aquellos momentos de felicidad…

Pegó su tersa mejilla sobre el frío cristal de la ventanilla, y observó tras el empañado vidrio como una granizada de largas hormigas azotaban furiosas contra el cristal, tintineando como un carillón en su oído. Los raíles al contacto con las ruedas, expulsan chispas estridentes y luminosas sugiriendo una gran fiesta de “Fin de Año” Pero nada más lejos para ella en aquellos momentos de angustia y desolación.

Lloraba sin consuelo: acunada por el rumor de la locomotora, y el zarandeo las ramas de los árboles que se encuentran alineados cerca de las vías. El tren ajeno e implacable a cualquier sentimiento, sigue su marcha sin piedad…

miércoles, 20 de octubre de 2010

EL TEATRO DE LAVIDA


Hay días que represento comedia: me rió, otras tragedias, entonces lloro y me quedo estática observando como el resto de actores hacen su magnífico papel. Reconozco cómo me ignoro a mi misma. Veo pasar la vida sin vivirla, ni participar en ella. Cierro los ojos y cuando los abro, los actores secundarios no están, el telón baja despacio para poner fin a la representación de hoy. Las butacas están vacías, las luces apagadas. Mañana tendremos otra función.
La vida es una obra de teatro que no permite ensayos. Por eso canta, ríe, llora, baila y vive intensamente cada momento de tu vida… antes que el telón baje y la obra termine sin aplausos.

jueves, 14 de octubre de 2010

LA ESCAPADA DE ANA


Los días pasaban lentos, uno tras otro, sin que nunca sucediese nada que perturbara la vida de Ana. Vivía en el mismo pueblo en el que había nació hacía treinta y tantos años. Cada día sentía con más fuerza que se ahogaba, sí, se ahogaba entre aquellas calles: estrechas, húmedas y oscuras, en las que al desplomarse la noche, el reloj se para y un profundo mutismo las atrapaba sin piedad.
Desde hacía mucho tiempo una idea rondaba por la cabeza de Ana. Tenía que hacer algo que la desatara de aquel lugar, se sentía prisionera, necesitaba huir sólo por unos días, unos días de libertad. Aquella mañana salió a la calle; caminó triste y desanimada, se dio la vuelta y caminó hacia la casa. Al llegar, se dirigió a la cocina y preparó una deliciosa taza de café, muy caliente. Con ella aun en la mano, se sentó delante del ordenador. Pensó, que aún era pronto para empezar las aburridas tareas de cada día.
La habitación se encuentra en penumbras; por las rendijas de la ventana entra una suave brisa que acuna los trasparentes visillos de seda. Despacio, con infinita desgana, enciende la pequeña y oscura pantalla del ordenador.
¡NUEVA YORK! Esa grandiosa ciudad se muestra ante sus asombrados ojos, mostrándole una descomunal avenida por la que pasan a gran velocidad multitud de taxis amarillos, que expulsan estelas de humo negro; titánicos edificios cubiertos de letreros luminosos de brillante colorido. A un lado de la avenida, en una desgajada escalera, está sentado un hombre de color, que sostiene con afán entre sus deterioradas manos una reluciente trompeta por la que deja escapar sin temor, unos suaves y armoniosos acordes en libertad…

viernes, 1 de octubre de 2010

¿Quién es tu mamá?


He querido compartirlo con todas las mamás.
¿Quién es tu mamá?
-Mi mamá es esa señora que lleva en el bolso un pañuelo con mis mocos, un paquete de toallitas, un chupete y un pañal de emergencia...
-Mamá es ese cohete tan rápido que va por casa disparado y que está en todas partes al mismo tiempo...
-Mamá es esa malabarista que pone lavadoras con el abrigo puesto mientras
le abre la puerta al perro con la otra, sosteniendo el correo con la barbilla y apartándome del cubo de basura con el pie...
-Mamá es esa maga que puede hacer desaparecer lágrimas con un beso...
-Mamá es esa forzuda capaz de coger en un solo brazo mis 15 kilos
mientras con el otro entra el carro lleno de compra...
-Mamá es esa campeona de atletismo capaz de llegar en décimas de segundo
de 0 a 100 para evitar que me descuerne por las escaleras...
-Mamá es esa heroína que vence siempre a mis pesadillas con una caricia...
-Mamá es ese cuentacuentos que lee e inventa las historias más divertidas sólo para mí...
-Mamá es esa cheff que es capaz de hacerme una cena riquísima con dos tonterías que quedaban en la nevera porque se le olvidó comprar, aunque se quede ella sin cena...
-Mamá es ese médico que sabe con sólo mirarme si tengo fiebre, cuánta, y lo que tiene que hacer...
-Mamá es esa economista capaz de ponerse la ropa de hace cientos de años para que yo vaya bien guapo...
-Mamá es esa cantante que todas las noches canta la canción más dulce mientras me acuna un ratito...
-Mamá es esa payasa que hace que me tronche de risa con solo mover la cara
-Mamá es esa sonámbula que puede levantarse dormida a las 4 de la mañana, mirar si me he hecho pis, cambiarme el pañal, darme jarabe para la tos, un poco de agua, ponerme el chupete, todo a oscuras y sin despertarse...
¿La ves? Es aquélla, la más guapa, la que sonríe...!

martes, 28 de septiembre de 2010

CARTA PARA UN AMIGO


"Copiado de una amiga"

Si muero antes que tú, hazme un favor:
Llora cuanto quieras, pero no te enojes con Dios por haberme llevado.
Si no quieres llorar, no llores.
Si no logras llorar no te preocupes.
Si quieres reír, ríe.
Si algunos amigos te cuentan algo de mí,
óyelos y cree lo que digan.
Si me elogian demasiado, corrige la exageración.
Si me critican demasiado, defiéndeme.
Si quieren hacerme un santo, sólo porque he muerto,
di que yo tenía algo de santo, pero estaba lejos de ser el santo que pintan.
Si quieren hacerme un demonio, muestra que yo tal vez tuve algo de demonio,pero toda la vida procuré ser bueno y buen amigo.
Si intentan canonizarme di que yo nunca quise ser incensado en vida.
Si hablan más de mí que de Cristo llámales la atención.
Si sientes tristeza y deseas rezar por mí puedes hacerlo, pues quizá necesite tu oración. Si quieres hablar conmigo, habla con Jesús y yo lo escucharé.
Espero estar con Él lo suficiente,para continuar siendo útil para ti donde estés.
Y si quieres escribir algo sobre mí, di sólo una frase:
¡Fue amigo, creyó en mí y me quiso para Dios!
¡Era una flecha que vivía apuntando en dirección a Dios!
Ahí, entonces, derrama una lágrima.
Yo no estaré presente para enjugarla,pero no hace falta, pues otros amigos lo harán en mi lugar.
Y viéndome bien sustituido, iré a atender mi nueva tarea en el Cielo.
Pero de vez en cuando, da una escapadita hacia Dios; no me verás, pero yo estaré muy feliz viéndote a ti mirar hacia El.
Y cuando llegue para ti la hora de ir a ver al Padre, ahí donde nadie puede separarnos, viviremos la amistad que aquí nos preparó para El.
¿Crees en estas cosas?
Entonces, reza para que vivamos como quien sabe que va a morir un día y que muramos como quien supo vivir bien.
La amistad sólo tiene sentido si hace el cielo más cercano y si aquí inaugura su comienzo.
Ser tu amigo, ya era un pedazo de Cielo.

jueves, 23 de septiembre de 2010

MALDITA NOCHE



Quedó, como todos los días, con su amiga Marta para ir a hacer footing por el paseo que va del pueblo hasta la playa. La estuvo esperando más de una hora, pero fue inútil, no acudió a la cita, así que se dispuso a emprender la marcha, con pereza y desgana; no le gustaba ir sola a esa hora de la tarde. El paseo se encontraba desierto, silencioso, sólo el revoloteo de los pájaros entre los árboles rompía el mutismo, los débiles rayos del sol del atardecer caían apagados envolviendo con su tenue luz los cañaverales; como rejas de una cárcel que se alinean a uno y otro del paseo, los bancos de madera estáticos, recién pintados de blanco, incitando al descanso al caminante. El aire era calentón a esa hora de la tarde del mes de septiembre, la brisa le lamía la piel como la lengua rasposa de un gato; corría, corría, sin parar, percibiendo cómo los tenis golpeaban el firme suelo del paseo.
Sentía que alguien corría tras ella, al mismo ritmo; intuía que podía ser su amiga Marta, que al no encontrarla en el lugar acordado, había salido a ver si la veía. Se encontraba tan cerca, tan cerca que podía escuchar su respiración jadeante pegada a su oído.
Se paró bruscamente: ¡No, no era ella!, algo metálico y frío le apuntaba en la espalda. Se encontraba paralizada y aterrorizada, al advertir el pinchazo del frío metal cada vez con más fuerza. Sentía el calor de unas gotas de sangre deslizarse por su espalda.

No paraba de blasfemar mientras la insultaba y gritaba sin parar. De prisa, de prisa, entra en el cañaveral. No tuvo tiempo de reaccionar, muy asustada obedeció la orden sin rechistar, temblando de miedo como un “corderillo que no tiene escapatoria”. De un fuerte empujón cayó al suelo, cubierto por el fango y rodeada por las altas cañas: se sintió morir, le tapó la cabeza con un apestoso trapo y siguió apuntándole con el cuello, quedó paralizada por unos momentos, no podía articular una sola palabra, sentía la boca seca y con un sabor amargo como la hiel. El cuerpo del hombre mojado por el sudor que manaba de su cuerpo de hipopótamo, se apretaba contra ella: mojándole, pechos, muslos y vientre. Luchó desesperadamente con las manos, las piernas, y con todo su ser, intentó librarse de él con todas sus fuerzas pero fue inútil, no dejaba ni por un instante de apuntarla con el frío metal.

Por unos segundos separó el pesado y pegajoso cuerpo de ella y con gran dificultad logró liberarse de él, e intentó levantarse, pero volvió a caer en el blando suelo; se arrastró sin apenas fuerzas hasta poder llegar al solitario paseo. En cuanto se pudo rehacer, corrió despavorida: mojada, sucia, dolorida y terriblemente asustada. Cubierta por las tenebrosas sombras de la noche.

Dentro de ella guardará para siempre grabado a fuego en su piel, el terror de aquella horrible noche del mes de Septiembre.


sábado, 18 de septiembre de 2010

LA MEDALLA




No me digas que me quite esta vieja medalla, la que mi madre guardó durante años; viéndola, la recuerdo a ella, lo que una noche fría de invierno me dijo entre jadeos rotos.

—Ya me voy de este mundo inhóspito e ingrato, las piernas ya no resisten, mis cabellos están blancos, el corazón tengo roto, por muy hondos desengaños. Me voy, y sólo te dejo esta pobre y desgastada medalla, la que guardé con amor entre mis callados llantos.

No me digas que me quite, la medalla de mi madre.

EL BLOG


GRACIAS POR VUESTROS COMENTARIOS.

domingo, 12 de septiembre de 2010

MADRE



Hoy madre he vuelto a recordar.
Que el regalo más hermoso que una madre da: amor, ternura…
Una madre siempre espera tu regreso, nunca se cansa de esperar.
Hoy madre he vuelto a recordar, que el tiempo me alejó de ti sin piedad.
Cuantas cosas dije, y no dije… madre antes de marchar.
Hoy he vuelto al hogar donde tú ya no estás, tus besos, caricias…y tú forma de amar.
Que sólo yo puedo recordar.
A mí madre, a ese estrella que nunca se va apagar.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

LA CIDAD DE LA LUZ




Sevilla es la ciudad de los Imperios (el romano, el español…como un modelo a imitar. ¡ES ÚNICA!
Sevilla posee un importante patrimonio cultural y artístico el que podemos diferencial edificios de distintas categorías: palacios, casas palacios, hospitales, universidad…Es una de las ciudades de Andalucía con más iglesias y conventos. Debemos destacar los museos y sus puentes que tanto la caracterizan.
Sevilla es una ciudad de contrastes, sobre todo es una ciudad ideal: no tienes más que visitar el típico barrio de Santa Cruz en primavera, pasear por sus estrechas calles y contemplar con deleite los frondosos naranjos en flor, y llenar los sentidos con su fragancia.

Ay, calles de Sevilla,
y abril que canta
en azahares verdes
con flores blancas.