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martes, 13 de octubre de 2020
SIN CONSUELO
19 DE MAYO de 2016
Cae implacable la madrugada sobre aquella habitación 730 de la séptima planta, cuando el frio agazapado de la muerte inunda la estancia.
Sin noción de estar viva, me arrancaron de tu lado, si, ya te habías ido, si, en un instante como una estrella fugaz pasa ante mis ojos, sin un adiós, sin una palabra de aliento para poder seguir viviendo en este horrible destierro que habita y embarga mi alma, ese que tantas veces se esconde tras la máscara para poder seguir fingiendo que estoy bien y no me pasa nada.
Pasan los días uno tras otro en soledad. No escucho el teléfono, ni el canto de los pájaros en el magnolio que hay cerca de casa, ni tu llave en la cerradura… me embarga la nostalgia, mientras voy amasando los bellos recuerdos que se agolpan dentro de mi alma vacía por tu ausencia.
Pensamientos positivo: empatía, mistad, sinceridad...ser amiga de mis amigos, amar la vida, sentirla, vivir y dejar vivir...
EL CORONA VIRUS
:
Me gustaría poder despertar de esta horrible pesadilla, que todo volviese a ser como antes de que nos invadiera esta maldita enfermedad. Poder cada día, sin miedo, practicar todas mis actividades: gimnasia, escritura, lectura, teatro…poder llamar cada mañana a mi querida amiga, para preguntarle cómo ha pasado la noche y quedar a una hora de la tarde para salir como hacíamos tantas tardes para dar una vuelta, entrar y salir de las tiendas, solo con la intención de pasar el tiempo.
Ya nada volverá a ser como antes de esta pandemia.
Las calles, las tiendas, los bancos de la plaza seguirán en el mismo lugar, en el mismo sitio, más ya nada volverá a ser como antes, antes de que nos invadiera esta maldita pandemia.
Pensamientos positivo: empatía, mistad, sinceridad...ser amiga de mis amigos, amar la vida, sentirla, vivir y dejar vivir...
viernes, 2 de octubre de 2020
ALCANZAR LAS NUBES
La parra del patio apenas dejaba pasar los rojos y anaranjados rayos del sol entre las amarillentas hojas, mustias ya por el prolongado estío de la tarde, en los últimos días del mes de septiembre. Una lagartija paseaba perezosa por la pared recién encalada de un blanco azulado. Con gran maestría e insistencia, sacaba su fina y larga lengua intentando cazar algún despistado insecto que se pusiese a su alcance.
En un extremo del patio se encontraba mi madre, serena y silenciosa, como era habitual, haciendo honor a su carácter tranquilo y relajado. Sentada en su silla baja de aneas, observé sus blancas y arrugadas manos. ¡Cómo se afanaban con destreza por terminar el traje que debía entregar al día siguiente, tal y como había prometido!
Recordaba en aquellos años, siendo aún muy joven, cómo se levantaba, recogía su hermoso pelo en un gracioso moño que ataba en la nuca, y se ponía el delantal de rayas blancas y negras con suma destreza, el cual anudaba con un airoso lazo alrededor de su estrecha cintura. Todo lo hacía con mucho cuidado y sin hacer el más mínimo ruido, casi a oscuras, para no despertar a los niños, que a esa hora temprana aún dormían. La noche anterior dejaba preparado el carbón dentro de la lata de caballa y lo encendía por la mañana para poder aliviar el enorme frío que hacía en la fábrica de aceitunas. Todas las mujeres, alineadas a ambos lados de la enorme cinta por donde pasaban las aceitunas de color verdinegro, a un ritmo, que las manos se movían sin tregua, con la mirada fija en el sinfín de la cinta. Iban rápidas, como el viento que hacía mover la techumbre de fina uralita que cubría el enorme tejado de la desolada nave. Las aceitunas estaban muy, muy frías, y sus pequeñas manos se quedaban congeladas. Era casi imposible poder moverlas con pericia, lo cual era necesario para poder seguir el ritmo de trabajo que les obligaban a mantener.
El camino que recorría para ir a la factoría era largo y escarpado como un puzzle, con el frío presente todo el día, ya que las gastadas y deterioradas ropas que envolvían su débil cuerpo, abrigaban muy poco. Siempre la recuerdo trabajando para que no nos faltase de nada. Ella nunca se había quejado de la vida que le tocó vivir al quedar viuda siendo aún tan joven. Yo, deseaba ser algo más en la vida para poder elegir mi propio destino.
La observaba mientras mi mente se encontraba intentando ordenar mis pensamientos, que cada vez eran más confusos y llenos de un gran temor. No saber el porqué de aquél silencio, cuál sería el motivo,… Me preguntaba angustiada: “¿Será que no superé las pruebas en el examen?” ¡Me sentía morir! Un escalofrío recorrió mi cuerpo sólo al pensar que podía ser cierto. Pertenecer al ejército siempre fue mi mayor aspiración. No ansiaba otra cosa con más vehemencia que ser militar, como lo había sido mi padre antes de morir a tan temprana edad.
El aldabón de la puerta de la calle, en forma de mano, golpeó con fuerza una y otra vez, con gran insistencia, como si pensasen que en la casa no se encontraba nadie. A lo lejos, la voz aguardentosa del cartero:
— ¡Pilar Martínez, Pilar Martínez!
Repetía mi nombre una y otra vez fuerte y claro. Mi madre levantó sus pequeños ojos azules por encima de sus diminutas gafas, muy sorprendidos e intuyendo el mutismo en el que yo me encontraba. Gritó:
— ¡¿Es que no has oído que te están llamando, criatura?!—
Se le notaba un poco alterada al ver que yo no hacía el más mínimo gesto por levantarme de la silla. Al terminar de oír su reclamo, como movida por un resorte, di un salto y corrí hacia la puerta. Él estaba allí, con su uniforme gris, sus grandes gafas de pera oscuras, y su cartera, por donde se podían ver las cartas de todos los colores y tamaños. ¡No me lo podía creer! Al entregarme la carta, la cogí entre mis temblorosas manos y la apreté fuertemente contra mi pecho, temiendo que pudiese desaparecer de un momento a otro. Observé el alargado sobre blanco en el cual aún se podía oler la tinta azul con la que se hallaba escrito mi nombre; en un extremo, el icono de las Fuerzas Armadas Españolas. La guardé en el bolsillo de mi bata para poder leerla en el silencio de mi habitación.
***
Ministerio de Defensa Comandante: Leopoldo Ramírez
Madrid, a 16 de septiembre de 1989
Señora Pilar Martínez:
Me complace hacerle llegar esta notificación para comunicarle, con toda satisfacción, que el pasado día 11 de junio superó con la máxima puntuación las pruebas de acceso para poder ser admitida en las Fuerzas Armadas. No existiendo ninguna objeción por parte del Ministerio de Defensa por el hecho de ser mujer, deberá presentarse el día 23 de enero a las 8:30 horas. No se retrase en llegar; la estarán esperando. Su destino: Escuela Nacional de Aeronáutica de Salamanca
Un saludo,
Comandante Ramírez
***
Al despertar por los continuados ladridos de Roqui, me sentí fuera de la realidad, perturbada…, Una inmensa felicidad inundaba todo mi ser. “El día más feliz de mi vida”, me decía a mí misma una y otra vez, pues no creía que pudiera ser cierto. Había conseguido poder alcanzar mi mayor deseo. La puerta se abrió y mi madre entró presurosa.
— Pilar, Pilar, ¡levántate, que ya es la hora!
Me tiré de la cama y empecé a vestirme a toda prisa: ¡no quería llegar tarde a tan ansiada cita! En mi cabeza, un pensamiento: “Yo, sí podré ¡ALCANZAR LAS NUBES!”
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martes, 5 de mayo de 2020
CORRÍAN LOS AÑOS 1492.
En
España, la vida era muy dura para las mujeres en aquella época, y aún más, para
las que éramos jóvenes, y pobres como yo.
Un
día, en la plaza del pueblo, escuché comentar a unos hombres muy bien vestidos
y educados, que en breve, unas fragatas saldrían del pueblo, del puerto de
Palos, con el fin de descubrir lo que había al otro lado del mundo, allí donde
se pierde la vista tras el horizonte.
No
me lo pensé. Al día siguiente, trece de Agosto, al amanecer era la salida. Me
levanté aún de noche, me puse las ropas de mi hermano pequeño y me dirigí al
puerto. Una vez allí, me colé en la bodega del barco, con mucho cuidado para no
ser vista. Ya en alta mar, el barco empezó a moverse sin piedad, todo se
desplazaba de un lado a otro. Lloré desesperada y grité invadida por el miedo.
Una
luz iluminó la estancia y pude verlo. Era alto, moreno, ojos azules como el mar
y espesa barba. Él estaba allí para calmar mi tristeza y desolación en la que
me encontraba.
Pensé
que al descubrirme se enojaría y me tiraría al mar. Pero no fue así. Se acercó
a mí, comenzó a hablarme dulcemente, sus palabras sonaron como bella melodía en
mis oídos.
No
tengas miedo Bella dama nadie sabrá que estas aquí, cada día bajaré a visitarte
para hacerme compañía, te traeré comida, agua y ropa limpia. Confía en mí. Yo
esperaba cada día con suma impaciencia su llegada, mi corazón se aceleraba al
sentir el chirrido de la puerta cuando venía a visitarme.
En
aquel lugar insólito pude vivir los momentos más apasionados y maravillosos de
toda mi vida. El amor verdadero, el que yo nunca había sentido por ningún otro
hombre.
Después
de muchos días de navegación, una fuerte voz se escuchó en cubierta.
¡¡Tierra
a la vista!!
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jueves, 23 de abril de 2020
LA HERENCIA
Querida hija, creciste antes de tiempo perdiendo la niñez y la juventud al tener que trabajar desde muy pequeña. Sé, aunque nunca lo dijiste, que siempre te gustó viajar y nunca pudiste realizar tu sueño. Mas nunca tuvimos dinero para gastar en viajes, la vida para nosotros no fue nada fácil. Por eso, con lo poco que pude ahorrar de la mísera pensión en estos años, le pedí a tu tío Pepe que comprara, un pasaje para un crucero por Italia, para ti y para tu marido, al que he querido como a un hijo. También, una entrada para una butaca de patio en el Teatro de la Comedia. Sé que aunque nunca lo dijo, siempre le gustó el teatro.
Que no se te olvide. Dale a mi nieta Miriam los pendientes que me regaló el abuelo cuando nos casamos, que a ella siempre le gustaron.
Te sorprenderá saber que no fuiste mi hija biológica. Ese fue mi secreto mejor guardado durante tantos años. No quiero que pienses que por eso te quise menos, siempre te quise más, que incluso a mi propia vida.
Que no se te olvide. Dale a mi nieta Miriam los pendientes que me regaló el abuelo cuando nos casamos, que a ella siempre le gustaron.
Te sorprenderá saber que no fuiste mi hija biológica. Ese fue mi secreto mejor guardado durante tantos años. No quiero que pienses que por eso te quise menos, siempre te quise más, que incluso a mi propia vida.
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domingo, 29 de marzo de 2020
CONFINAMIENTO
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jueves, 26 de marzo de 2020
SOLEDAD
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PRIMAVERA
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CENTIMIENTOS
Etiquetas:
Reflexiones
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jueves, 19 de marzo de 2020
YA NADA SERA IGUAL
Estoy
rota por dentro, no puedo concentrarme para escribir todo lo que está pasando,
es como si una horrible pastilla se hubiese apoderado de mi mente y de todo mi
ser. Me gustaría despertar y que todo volviese a ser como antes.
Poder
llamar a mi amiga y hermana M. Pepa, e irnos a la calle, como hicimos tantas y
tantas veces, a dar vueltas sin rumbo, entrar y salir de las tiendas por el
mero hecho de pasar el tiempo. Ya nada volverá a ser igual.
Las
calles, las tiendas, los bancos de las explanadas puede que sigan en el mismo
sitio.
¡Pero
nada volverá a ser como antes sin ti amiga!
Creado por : Maruja.
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miércoles, 18 de marzo de 2020
BESOS AL CIELO
Pasadas las diez como cada día he ido a coger el teléfono para preguntarte cómo habías pasado la noche. El corazón me ha dado un vuelco. No ya no te puedo llamar. Ya no habrá nadie al otro lado, ya no te podré preguntar cómo has pasado la noche como cada mañana. Ya no me dirás: mal, me he levantado a tapar a Andrea, me he asomado dos veces a la terraza agarrándome a la pare para no caer y casi al amanecer me he comido un plátano por que anoche no cene.
Cuanto te echo de menos M. Pepa, mi amiga (mi hermana)
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viernes, 11 de enero de 2019
"EL DIA QUE SE PARARON LOS RELOJES"
Una tarde gélida de invierno un
ser malvado la abordo en un camino oscuro y solitario y segó su vida de de un
tajo, y con ello sus ilusiones de vida recién estrenada. Su lucha incansable la
había llevado hasta ese lugar, lejos de su ciudad y sus seres queridos pero
satisfecha por haber logrado su meta, un puesto en un centro de enseñanza, donde
era feliz, rodeada de niños y niñas a los que adoraba. Todo le sonreía su
futuro estaba resuelto, pronto empezaría con sus preparativos de boda para
formar una familia, pero él, el asesino estaba allí, esperando su presa para
cumplir su macabra sentencia.
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viernes, 26 de octubre de 2018
LA FUERZA DE ELENA
Elena, una mujer de pueblo, que a sus
sesenta y cinco años comienza el día con una sonrisa. Es Elena persona de
cuerpo pequeño y delgado, pero fuerte, después de haber parido y criado a seis
hijos; un cuerpo frágil, pero curtido
por la vida que le ha tocado vivir. Cada mañana se levanta con energía y,
canturreando, riega los múltiples geranios que adornan su terraza orientada al
mar, a ese mar de Motril limpio y sereno que al contemplarlo tantos recuerdos
le trae a la memoria.
Tuvo muchas desgracias: uno de sus hijos se metió en el mundo de la maldita droga, un mundo desconocido y oscuro para ella. Fue una de las más duras batallas que tuvo que lidiar; luchó con uñas y dientes hasta lograr sacarlo de aquel horrible infierno. Aunque eso no fue lo peor; lo que le arruinó la vida y le rompió el corazón en mil pedazos, fue la muerte de su hijo Antonio (su ojito derecho), el más pequeño, que con tan solo veinte años perdió la vida una madrugada, en un trágico accidente de tráfico.
Tuvo muchas desgracias: uno de sus hijos se metió en el mundo de la maldita droga, un mundo desconocido y oscuro para ella. Fue una de las más duras batallas que tuvo que lidiar; luchó con uñas y dientes hasta lograr sacarlo de aquel horrible infierno. Aunque eso no fue lo peor; lo que le arruinó la vida y le rompió el corazón en mil pedazos, fue la muerte de su hijo Antonio (su ojito derecho), el más pequeño, que con tan solo veinte años perdió la vida una madrugada, en un trágico accidente de tráfico.
Una mañana de otoño, después de una
larga noche de insomnio, estando en la cama hundida por la pena y la soledad,
una llamada de teléfono de su amiga Marta cambió su vida para siempre.
—Hola, Elena buenos días. Mañana empiezan las clases en el “Centro de Adultos”. ¿Te gustaría asistir? Dicen que quedan muy pocas plazas para este curso; si quieres ir tienes que darte prisa en hacer la matrícula. Creo que te hará bien: conocerás a otras mujeres y podrás adquirir nuevos conocimientos, para lo que nunca es demasiado tarde.
Nunca pensó que podría hacer tal cosa, pero sí lo hizo. Se apuntó para recibir clases de informática. El primer día que asistió a clase tardó más de dos horas sólo en escribir su nombre. ¡¡¡Eso ya es historia!!! Actualmente puede chatear, acceder al correo, escribir sus propios relatos, publicarlos en su blog… Además, se ofreció al director del Centro de Mayores para enseñar a algunas de las compañeras a jugar a la petanca, un juego que aprendió con sus hermanos siendo muy joven. También participaba en el taller de teatro aficionado “Soniquete”, que habían creado un grupo de compañeras de clase, al que Elena se incorporó con gran ilusión. Cada tarde se reunían para ensayar en el salón de actos del Centro. Por una de las compañeras se enteró de que habían convocado elecciones para presentarse al Consejo de Centro. Pensó en presentarse y lo hizo. Y ante su incredulidad, salió elegida por mayoría de votos. Podía hacer algo más por las alumnas del colegio exponiendo las quejas y opiniones que ellas le transmitían. Sí, quería hacer algo más: poder colaborar con los profesores/ y profesoras para organizar viajes culturales, visitas al medio ambiente, etc., y así conseguir una mejor y mayor convivencia entre las compañeras. Eso le sería más fácil si participaba en las periódicas reuniones del Consejo de Centro. Con la ayuda de sus compañeras fundó una asociación de mujeres, con más de veinte socias, en la que podían expresar y defender sus derechos como personas ante las injusticias de la vida, la vida que les había tocado vivir a la mayoría de ellas. Esas mujeres valientes, de pueblo, que lucharon lo indecible para sacar a sus hijos adelante. Fueron ellas las que inyectaron a Elena la fuerza y las ganas de seguir viviendo cuando ya su vida estaba casi acabada. Pero su triste vida había cambiado; gracias a esa llamada había conseguido salir de aquel negro y profundo pozo en el que se encontraba metida.
Tengas la edad que tengas, RECUERDA: La vida es como una breve obra de teatro: canta para ser feliz, ríe cuando tengas ganas de llorar, y vive, vive, intensamente… antes de que baje el telón y la función termine sin aplausos.
3Premio de relatos certamen de relato y poesía "Salvado Varo"-2018
—Hola, Elena buenos días. Mañana empiezan las clases en el “Centro de Adultos”. ¿Te gustaría asistir? Dicen que quedan muy pocas plazas para este curso; si quieres ir tienes que darte prisa en hacer la matrícula. Creo que te hará bien: conocerás a otras mujeres y podrás adquirir nuevos conocimientos, para lo que nunca es demasiado tarde.
Nunca pensó que podría hacer tal cosa, pero sí lo hizo. Se apuntó para recibir clases de informática. El primer día que asistió a clase tardó más de dos horas sólo en escribir su nombre. ¡¡¡Eso ya es historia!!! Actualmente puede chatear, acceder al correo, escribir sus propios relatos, publicarlos en su blog… Además, se ofreció al director del Centro de Mayores para enseñar a algunas de las compañeras a jugar a la petanca, un juego que aprendió con sus hermanos siendo muy joven. También participaba en el taller de teatro aficionado “Soniquete”, que habían creado un grupo de compañeras de clase, al que Elena se incorporó con gran ilusión. Cada tarde se reunían para ensayar en el salón de actos del Centro. Por una de las compañeras se enteró de que habían convocado elecciones para presentarse al Consejo de Centro. Pensó en presentarse y lo hizo. Y ante su incredulidad, salió elegida por mayoría de votos. Podía hacer algo más por las alumnas del colegio exponiendo las quejas y opiniones que ellas le transmitían. Sí, quería hacer algo más: poder colaborar con los profesores/ y profesoras para organizar viajes culturales, visitas al medio ambiente, etc., y así conseguir una mejor y mayor convivencia entre las compañeras. Eso le sería más fácil si participaba en las periódicas reuniones del Consejo de Centro. Con la ayuda de sus compañeras fundó una asociación de mujeres, con más de veinte socias, en la que podían expresar y defender sus derechos como personas ante las injusticias de la vida, la vida que les había tocado vivir a la mayoría de ellas. Esas mujeres valientes, de pueblo, que lucharon lo indecible para sacar a sus hijos adelante. Fueron ellas las que inyectaron a Elena la fuerza y las ganas de seguir viviendo cuando ya su vida estaba casi acabada. Pero su triste vida había cambiado; gracias a esa llamada había conseguido salir de aquel negro y profundo pozo en el que se encontraba metida.
Tengas la edad que tengas, RECUERDA: La vida es como una breve obra de teatro: canta para ser feliz, ríe cuando tengas ganas de llorar, y vive, vive, intensamente… antes de que baje el telón y la función termine sin aplausos.
3Premio de relatos certamen de relato y poesía "Salvado Varo"-2018
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sábado, 24 de febrero de 2018
EN LA OSCURIDAD.
No puedo escapar de este agujero oscuro y silencioso. Lo intento una y otra vez, pero la niebla que todo lo cubre me lo impide. No sé como caí aquí ni por qué me encuentro en este extraño lugar. Si lo pudiera recordar… Pero por más que me esfuerzo no lo consigo.
De vez en cuando vienen extraños y se asoman para ver lo que hay dentro. No los conozco de nada. Unas veces me escondo; otras, intento hablar con ellos, pero huyen despavoridos. Siento un intenso frío, y como la carne poco a poco se desprende de mi esqueleto.
Es entonces cuando me doy cuenta de que estoy muerta.
Pensamientos positivo: empatía, mistad, sinceridad...ser amiga de mis amigos, amar la vida, sentirla, vivir y dejar vivir...
sábado, 3 de febrero de 2018
CAPÍTULO VIII
Le dicen loca Platera, pero ella sabe
más de la vida que cualquiera de nosotros y nuestro mundo de sentimientos
reprimidos. Le dicen loca, pero la mirada de ella sabe ver dentro de los
hombres, llega hasta su última esencia, mezcla desigual de pureza y maldad.
Ella no juzga. Sabe que cada hombre es como un libro, con historia diferente,
aunque todos tengan el mismo final.
Platera, ella es pura y transparente,
se enamora cada día, todos los días, del inmenso cielo azul, Motril, de esas
flores que asoma tímidamente sus pétalos, realzando en la verde vega, claveles,
nardos, aguacates… y del inmenso mar que la custodia. De esa rosa carmesí que
asoma en el balcón de forja, de su vecino de la casa de alado, Platera, el que
todas las mañanas pasa a su lado tarareando una alegre canción, y le dice.
Buenos días, “Margarita se llama mi mor"...y la mira enamorado Por eso
ella le sonríe agradecida Platera, como la flor del camino, su joven corazón
esta cautivo pero ella nunca le dirá que le ama, Platera.
Reescrito por: Maruja Jiménez Galeote
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domingo, 28 de enero de 2018
PLANTA SÉTIMA.
Implacable madrugada
que enmascara la guadaña
merodeando su víctima
sobre la séptima planta.
que enmascara la guadaña
merodeando su víctima
sobre la séptima planta.
Sin noción de seguir viva
me alejaron de tu lado.
me alejaron de tu lado.
Sin un adiós, sin palabra…
Sí, amor, me habías dejado…
Dolor que el tiempo disfraza
bajo una tupida máscara…
bajo una tupida máscara…
Pretender seguir fingiendo…
¡Finjo bien! ¡No pasa nada!
Ya no me suena el teléfono
ni el sonido de tus pasos…
la llave en la cerradura…
tampoco cantan los pájaros
en la copa del magnolio
y de tu ausencia extrañados.
ni el sonido de tus pasos…
la llave en la cerradura…
tampoco cantan los pájaros
en la copa del magnolio
y de tu ausencia extrañados.
Aguardo amor tu regreso
junto al brocal de este pozo
de soledad y locura
de mi tristeza sin fondo,
agrupando los recuerdos
que golpean en mi alma
-en un tiempo sin retorno-
ya vacía por tu ausencia.
Amor, en la planta sétima.
junto al brocal de este pozo
de soledad y locura
de mi tristeza sin fondo,
agrupando los recuerdos
que golpean en mi alma
-en un tiempo sin retorno-
ya vacía por tu ausencia.
Amor, en la planta sétima.
Creado por: Maruja. J. Galeote.
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martes, 16 de enero de 2018
YA ERA TARDE...
Ya era tarde para volver atrás. Ahora ella estaba allí como
cada día rodeada de todas aquellas ancianas y ancianos a los que no conocía de
nada ni tampoco a las enfermeras de aquel tétrico lugar. Sentada en aquel
extraño salón en penumbras, iluminado por un débil rayo de luz mortecina que se
colaba por las rendijas del ventanuco que da a un patio interior, estrecho y
sombrío, que envuelve las paredes con una capa de tupido
musgo amarillento y sucio.
Torpemente, introduce la mano en el bolsillo de la bata
de franela y saca una fotografía color sepia, lapidada, en la que aparecen una
joven pareja con dos niños de corta edad: el chico vestido de marinero y la
chica con un traje de organdí bordado, y en la cabeza, un gran lazo que recoge
los dorados cabellos rizados. Después de observarla un buen rato, ella intenta
con todas sus fuerzas recordar quién son esas personas que aparecen en esa
fotografía, y con la mirada perdida hacia ninguna parte la vuelve a
guardar.
Intenta desesperadamente recomponer en su memoria los
hechos que le sucedieron para encontrarse allí en aquel lugar perdido en medio
de la nada, donde no conocía a nadie ni donde nadie iba a visitarla,
donde el tiempo fluía despacio como la miel de las colmenas que se derrama
lentísima por el tronco de los árboles.
Les tenía pánico a aquellos
deshumanizados seres de bata blanca que la obligaban a bañarse cada mañana nada
más salir de la cama, y le inyectaban cada seis horas y que sin la más mínima
compasión la forzaban a comer aquella papilla amarillenta y pastosa que sabía a
medicamentos y que tanto le asqueaba.
La anciana abre los ojos y en la penumbra de la estancia,
distingue la puerta de la habitación entreabierta y una horrible lámpara que
semeja una araña colgada del techo devuelve su siniestra sombra; sobre la
mesita de noche, reposan unas diminutas gafa con montura de pasta oscura, un viejo
libro con las cubiertas ajadas, un vaso con agua y unas pastillas... ¿Habrá
alguien enfermo? Se pregunta extrañada. Estira el brazo izquierdo y su mano
topa con el cuerpo de una persona... ¡Un hombre! Observa con atención sus
rasgos faciales. Le suena vagamente. ¿Qué hará este hombre en mi cama?
Ella a veces sabe vagamente que está ingresada en una
residencia geriátrica, que allí conviven hombres y mujeres mayores como ella,
piensa por un instante, que el hombre se habrá levantado de su cama medio
dormido para ir al baño que se encuentra en el pasillo, y, al volver, se ha
equivocado de habitación. A trancas y barrancas consigue levantarse de la cama
con suma dificultad; en cuanto arrastra los pies un par de metros se da de
bruces contra un cristal... "¿Quién eres tú?", pregunta al rostro
ajado y ojos cansados que la observan desde el vidrio. Le responde un silencio
atónito.
Y entonces lentamente, se acerca a
la ventana para despedirse de la luna, arrastrando los pies como si llevara
toneladas de peso encima, después de un rato observando las miles de estrellas,
vuelve a su lecho desolado.
Toma una de aquellas pastillas para intenta dormir
y no desvelarse, así no tendrá que ver los fantasmas que se le presentan cada
noche con el rostro desdibujado, los que de mañana se esfuman y no dejan rastro en su frágil
memoria.
No podía aguantar por
más tiempo en ese horrible lugar.
No sabía ni cómo ni cuándo, pero alguna tarde de algún
domingo se quedaría sola en el patio, olvidada, saldría a la carretera y
cogería ese autobús, sí, ese autobús blanco y verde que pasaba cada tarde, lleno
de niños y sin que nadie la viese marcharía a su casa. Esperó y esperó cada
domingo sentada en aquel triste y húmedo patio
pero ese ansiado día jamás llegó.
Pensamientos positivo: empatía, mistad, sinceridad...ser amiga de mis amigos, amar la vida, sentirla, vivir y dejar vivir...
miércoles, 29 de noviembre de 2017
CENA DE NAVIDAD
Adela acuna su
escuálido cuerpo en la butaca de rejilla, escuchando el tic tac incansable del
reloj del salón. Absorta ve pasar tras el ventanal las negras nubes cargadas
como panza de burra que amenazan con llover o nevar. De la vieja radio situada
en un rincón de la estancia se escapa la melodía de un arcaico villancico, esa
canción que tantas noches en Navidad había cantado toda la familia alrededor
del Belén que solían montar entre todos en el salón de casa. No puede evitar
que se le escape un suspiro de lo más profundo del pecho, al recordarlo. Con
apatía saca del bolsillo de su bata acolchada unas lapidadas cartulinas de
color sepia, las desliza entre sus huesudos dedos una y otra vez intentando
rememorar a las personas que aparecen en ellas, alrededor de una gran mesa una
noche de otra Navidad ya lejana. Por más que lo intenta Adela no consigue
recordar la fecha en que fue hecha esa fotografía, en la que aparecen todos:
sus hijos muy pequeños y ellos muy jóvenes, de lo que sí estaba segura es que
en aquella época eran muy felices. Ya habían pasado muchos años.
Adela dos horas
antes de la media noche, como cada 24 de Diciembre desde hace más de dos
décadas, abre la mesa del salón, pone sobre ella el mantel blanco bordado con
alegres dibujos navideños rojos y verdes, en el centro coloca un pascuelo de
terciopelo desvalijado por el paso de los años con una gruesa vela en el
centro. Alisa con ahínco el mantel con la mano para que no quede ni una sola
arruga. Despacio, con sumo cuidado para no tropezar, saca del viejo aparador de
dos piezas la vajilla de la Cartuja Sevillana que le regalaron cuando se casó.
Uno a uno va colocando simétricamente en perfecto orden cada uno de los platos,
copas, cubiertos… se para un instante para contemplar orgullosa como ha quedado
la mesa donde celebrará la cena de Navidad con sus seres queridos. Con paso
cansado, Adela se acerca hasta la ventana, sopla un fuerte viento del norte que
deja la calle desierta y oscura, iluminada tan solo por las miles de luces de
colores de las casas colindantes que con sus destellos anuncian la llegada del
Salvador.
De la Torre del
Cerro de la virgen se descuelgan doce campanadas. Con un gran nudo en la
garganta se retira de la ventana sin poder evitar que sus cansados ojos se
ahoguen en lágrimas.
-Creo que esta noche mis hijos no vendrán a
cenar…
Creado por:
Maruja Jiménez Galeote.
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viernes, 17 de noviembre de 2017
BODAS DE ORO
Etiquetas:
Recuerdo
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jueves, 16 de noviembre de 2017
DESOJADA FLOR

Entró la primavera,
con aromas de color.
Tu cara se tornó pálida,
triste y desojada flor.
Recuerdos en el ayer,
con tanta fuerza y valor
Sonríes sin desfallecer,
al desinteresado amor.
Vagando por el camino,
lleno de luz y color
La vida le dio consuelo
para encontrar el amor.
Cual velero sin destino
cobijo para vivir.
Cómo alegre peregrino,
la fuerza para seguir.
Aquella tarde florida
todo arriaba color.
Luché con fuerzas
por conseguir tu amor.
Ese amor te dio un lucero,
él te ayuda a sonreír,
iluminando el sendero,
de ese camino a seguir.
Pensamientos positivo: empatía, mistad, sinceridad...ser amiga de mis amigos, amar la vida, sentirla, vivir y dejar vivir...
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