Seguidores

martes, 13 de octubre de 2020

SIN CONSUELO

19 DE MAYO de 2016 Cae implacable la madrugada sobre aquella habitación 730 de la séptima planta, cuando el frio agazapado de la muerte inunda la estancia. Sin noción de estar viva, me arrancaron de tu lado, si, ya te habías ido, si, en un instante como una estrella fugaz pasa ante mis ojos, sin un adiós, sin una palabra de aliento para poder seguir viviendo en este horrible destierro que habita y embarga mi alma, ese que tantas veces se esconde tras la máscara para poder seguir fingiendo que estoy bien y no me pasa nada. Pasan los días uno tras otro en soledad. No escucho el teléfono, ni el canto de los pájaros en el magnolio que hay cerca de casa, ni tu llave en la cerradura… me embarga la nostalgia, mientras voy amasando los bellos recuerdos que se agolpan dentro de mi alma vacía por tu ausencia.

EL CORONA VIRUS

: Me gustaría poder despertar de esta horrible pesadilla, que todo volviese a ser como antes de que nos invadiera esta maldita enfermedad. Poder cada día, sin miedo, practicar todas mis actividades: gimnasia, escritura, lectura, teatro…poder llamar cada mañana a mi querida amiga, para preguntarle cómo ha pasado la noche y quedar a una hora de la tarde para salir como hacíamos tantas tardes para dar una vuelta, entrar y salir de las tiendas, solo con la intención de pasar el tiempo. Ya nada volverá a ser como antes de esta pandemia. Las calles, las tiendas, los bancos de la plaza seguirán en el mismo lugar, en el mismo sitio, más ya nada volverá a ser como antes, antes de que nos invadiera esta maldita pandemia.

viernes, 2 de octubre de 2020

ALCANZAR LAS NUBES

La parra del patio apenas dejaba pasar los rojos y anaranjados rayos del sol entre las amarillentas hojas, mustias ya por el prolongado estío de la tarde, en los últimos días del mes de septiembre. Una lagartija paseaba perezosa por la pared recién encalada de un blanco azulado. Con gran maestría e insistencia, sacaba su fina y larga lengua intentando cazar algún despistado insecto que se pusiese a su alcance. En un extremo del patio se encontraba mi madre, serena y silenciosa, como era habitual, haciendo honor a su carácter tranquilo y relajado. Sentada en su silla baja de aneas, observé sus blancas y arrugadas manos. ¡Cómo se afanaban con destreza por terminar el traje que debía entregar al día siguiente, tal y como había prometido! Recordaba en aquellos años, siendo aún muy joven, cómo se levantaba, recogía su hermoso pelo en un gracioso moño que ataba en la nuca, y se ponía el delantal de rayas blancas y negras con suma destreza, el cual anudaba con un airoso lazo alrededor de su estrecha cintura. Todo lo hacía con mucho cuidado y sin hacer el más mínimo ruido, casi a oscuras, para no despertar a los niños, que a esa hora temprana aún dormían. La noche anterior dejaba preparado el carbón dentro de la lata de caballa y lo encendía por la mañana para poder aliviar el enorme frío que hacía en la fábrica de aceitunas. Todas las mujeres, alineadas a ambos lados de la enorme cinta por donde pasaban las aceitunas de color verdinegro, a un ritmo, que las manos se movían sin tregua, con la mirada fija en el sinfín de la cinta. Iban rápidas, como el viento que hacía mover la techumbre de fina uralita que cubría el enorme tejado de la desolada nave. Las aceitunas estaban muy, muy frías, y sus pequeñas manos se quedaban congeladas. Era casi imposible poder moverlas con pericia, lo cual era necesario para poder seguir el ritmo de trabajo que les obligaban a mantener. El camino que recorría para ir a la factoría era largo y escarpado como un puzzle, con el frío presente todo el día, ya que las gastadas y deterioradas ropas que envolvían su débil cuerpo, abrigaban muy poco. Siempre la recuerdo trabajando para que no nos faltase de nada. Ella nunca se había quejado de la vida que le tocó vivir al quedar viuda siendo aún tan joven. Yo, deseaba ser algo más en la vida para poder elegir mi propio destino. La observaba mientras mi mente se encontraba intentando ordenar mis pensamientos, que cada vez eran más confusos y llenos de un gran temor. No saber el porqué de aquél silencio, cuál sería el motivo,… Me preguntaba angustiada: “¿Será que no superé las pruebas en el examen?” ¡Me sentía morir! Un escalofrío recorrió mi cuerpo sólo al pensar que podía ser cierto. Pertenecer al ejército siempre fue mi mayor aspiración. No ansiaba otra cosa con más vehemencia que ser militar, como lo había sido mi padre antes de morir a tan temprana edad. El aldabón de la puerta de la calle, en forma de mano, golpeó con fuerza una y otra vez, con gran insistencia, como si pensasen que en la casa no se encontraba nadie. A lo lejos, la voz aguardentosa del cartero: — ¡Pilar Martínez, Pilar Martínez! Repetía mi nombre una y otra vez fuerte y claro. Mi madre levantó sus pequeños ojos azules por encima de sus diminutas gafas, muy sorprendidos e intuyendo el mutismo en el que yo me encontraba. Gritó: — ¡¿Es que no has oído que te están llamando, criatura?!— Se le notaba un poco alterada al ver que yo no hacía el más mínimo gesto por levantarme de la silla. Al terminar de oír su reclamo, como movida por un resorte, di un salto y corrí hacia la puerta. Él estaba allí, con su uniforme gris, sus grandes gafas de pera oscuras, y su cartera, por donde se podían ver las cartas de todos los colores y tamaños. ¡No me lo podía creer! Al entregarme la carta, la cogí entre mis temblorosas manos y la apreté fuertemente contra mi pecho, temiendo que pudiese desaparecer de un momento a otro. Observé el alargado sobre blanco en el cual aún se podía oler la tinta azul con la que se hallaba escrito mi nombre; en un extremo, el icono de las Fuerzas Armadas Españolas. La guardé en el bolsillo de mi bata para poder leerla en el silencio de mi habitación. *** Ministerio de Defensa Comandante: Leopoldo Ramírez Madrid, a 16 de septiembre de 1989 Señora Pilar Martínez: Me complace hacerle llegar esta notificación para comunicarle, con toda satisfacción, que el pasado día 11 de junio superó con la máxima puntuación las pruebas de acceso para poder ser admitida en las Fuerzas Armadas. No existiendo ninguna objeción por parte del Ministerio de Defensa por el hecho de ser mujer, deberá presentarse el día 23 de enero a las 8:30 horas. No se retrase en llegar; la estarán esperando. Su destino: Escuela Nacional de Aeronáutica de Salamanca Un saludo, Comandante Ramírez *** Al despertar por los continuados ladridos de Roqui, me sentí fuera de la realidad, perturbada…, Una inmensa felicidad inundaba todo mi ser. “El día más feliz de mi vida”, me decía a mí misma una y otra vez, pues no creía que pudiera ser cierto. Había conseguido poder alcanzar mi mayor deseo. La puerta se abrió y mi madre entró presurosa. — Pilar, Pilar, ¡levántate, que ya es la hora! Me tiré de la cama y empecé a vestirme a toda prisa: ¡no quería llegar tarde a tan ansiada cita! En mi cabeza, un pensamiento: “Yo, sí podré ¡ALCANZAR LAS NUBES!”

martes, 5 de mayo de 2020

CORRÍAN LOS AÑOS 1492.






En España, la vida era muy dura para las mujeres en aquella época, y aún más, para las que éramos jóvenes, y pobres como yo.


Un día, en la plaza del pueblo, escuché comentar a unos hombres muy bien vestidos y educados, que en breve, unas fragatas saldrían del pueblo, del puerto de Palos, con el fin de descubrir lo que había al otro lado del mundo, allí donde se pierde la vista tras el horizonte.


No me lo pensé. Al día siguiente, trece de Agosto, al amanecer era la salida. Me levanté aún de noche, me puse las ropas de mi hermano pequeño y me dirigí al puerto. Una vez allí, me colé en la bodega del barco, con mucho cuidado para no ser vista. Ya en alta mar, el barco empezó a moverse sin piedad, todo se desplazaba de un lado a otro. Lloré desesperada y grité invadida por el miedo.

Una luz iluminó la estancia y pude verlo. Era alto, moreno, ojos azules como el mar y espesa barba. Él estaba allí para calmar mi tristeza y desolación en la que me encontraba.

Pensé que al descubrirme se enojaría y me tiraría al mar. Pero no fue así. Se acercó a mí, comenzó a hablarme dulcemente, sus palabras sonaron como bella melodía en mis oídos.

No tengas miedo Bella dama nadie sabrá que estas aquí, cada día bajaré a visitarte para hacerme compañía, te traeré comida, agua y ropa limpia. Confía en mí. Yo esperaba cada día con suma impaciencia su llegada, mi corazón se aceleraba al sentir el chirrido de la puerta cuando venía a visitarme.

En aquel lugar insólito pude vivir los momentos más apasionados y maravillosos de toda mi vida. El amor verdadero, el que yo nunca había sentido por ningún otro hombre.

Después de muchos días de navegación, una fuerte voz se escuchó en cubierta.

¡¡Tierra a la vista!!

 

 


jueves, 23 de abril de 2020

LA HERENCIA



Querida hija, creciste antes de tiempo perdiendo la niñez y la juventud al tener que trabajar desde muy pequeña. Sé, aunque nunca lo dijiste, que siempre te gustó viajar y nunca pudiste realizar tu sueño. Mas nunca tuvimos dinero para gastar en viajes, la vida para nosotros no fue nada fácil. Por eso, con lo poco que pude ahorrar de la mísera pensión en estos años, le pedí a tu tío Pepe que comprara, un pasaje para un crucero por Italia, para ti y para tu marido, al que he querido como a un hijo. También, una entrada para una butaca de patio en el Teatro de la Comedia. Sé que aunque nunca lo dijo, siempre le gustó el teatro.
Que no se te olvide. Dale a mi nieta Miriam los pendientes que me regaló el abuelo cuando nos casamos, que a ella siempre le gustaron.
Te sorprenderá saber que no fuiste mi hija biológica. Ese fue mi secreto mejor guardado durante tantos años. No quiero que pienses que por eso te quise menos, siempre te quise más, que incluso a mi propia vida.

 



domingo, 29 de marzo de 2020

CONFINAMIENTO



Desde mi ventana veo
la mar con miles de estrellas,
y la vega en su esplendor,
verde que resalta el sol.
Con aroma a caña y miel.
Bendita tierra la muestra.
Le digo a mi corazón,
no estés triste, sonríe,
tienes suerte de tenerlas tan cerca.

 



jueves, 26 de marzo de 2020

SOLEDAD



Pasa el viento por la calle
Preguntando a los balcones
Donde fueron los chiquillos.
Y también los peatones.

PRIMAVERA





Dicen que es primavera,
no se si será verdad.
Ya no cantan los pájaros,
por mi ventana al pasar.
Y en las calles desiertas,
no oigo los niños jugar.
Dicen que  es primavera,
no sé...si será verdad.

CENTIMIENTOS


Le pregunte a la luna
si se encontraba triste,
y me respondio que no,
que pronto saldría el sol.

jueves, 19 de marzo de 2020

YA NADA SERA IGUAL



Estoy rota por dentro, no puedo concentrarme para escribir todo lo que está pasando, es como si una horrible pastilla se hubiese apoderado de mi mente y de todo mi ser. Me gustaría despertar y que todo volviese a ser como antes.
Poder llamar a mi amiga y hermana M. Pepa, e irnos a la calle, como hicimos tantas y tantas veces, a dar vueltas sin rumbo, entrar y salir de las tiendas por el mero hecho de pasar el tiempo. Ya nada volverá a ser igual.
Las calles, las tiendas, los bancos de las explanadas puede que sigan en el mismo sitio.
¡Pero nada volverá a ser como antes sin ti amiga!
Creado por : Maruja.
 

miércoles, 18 de marzo de 2020

BESOS AL CIELO




Pasadas las diez como cada día he ido a coger el teléfono para preguntarte cómo habías pasado la noche. El corazón me ha dado un vuelco. No ya no te puedo llamar. Ya no habrá nadie al otro lado, ya no te podré preguntar cómo has pasado la noche como cada mañana. Ya no me dirás: mal, me he levantado a tapar a Andrea, me he asomado dos veces a la terraza agarrándome a la pare para no caer y casi al amanecer me he comido un plátano por que anoche no cene.
Cuanto te echo de menos M. Pepa, mi amiga (mi hermana)

viernes, 11 de enero de 2019

"EL DIA QUE SE PARARON LOS RELOJES"



Una tarde gélida de invierno un ser malvado la abordo en un camino oscuro y solitario y segó su vida de de un tajo, y con ello sus ilusiones de vida recién estrenada. Su lucha incansable la había llevado hasta ese lugar, lejos de su ciudad y sus seres queridos pero satisfecha por haber logrado su meta, un puesto en un centro de enseñanza, donde era feliz, rodeada de niños y niñas a los que adoraba. Todo le sonreía su futuro estaba resuelto, pronto empezaría con sus preparativos de boda para formar una familia, pero él, el asesino estaba allí, esperando su presa para cumplir su macabra sentencia.

 

viernes, 26 de octubre de 2018

LA FUERZA DE ELENA



Elena, una mujer de pueblo, que a sus sesenta y cinco años comienza el día con una sonrisa. Es Elena persona de cuerpo pequeño y delgado, pero fuerte, después de haber parido y criado a seis hijos;  un cuerpo frágil, pero curtido por la vida que le ha tocado vivir. Cada mañana se levanta con energía y, canturreando, riega los múltiples geranios que adornan su terraza orientada al mar, a ese mar de Motril limpio y sereno que al contemplarlo tantos recuerdos le trae a la memoria.
Tuvo muchas desgracias: uno de sus hijos se metió en el mundo de la maldita droga, un mundo desconocido y oscuro para ella. Fue una de las más duras batallas que tuvo que lidiar; luchó con uñas y dientes hasta lograr sacarlo de aquel horrible infierno.  Aunque eso no fue lo peor; lo que le arruinó la vida y le rompió el corazón en mil pedazos, fue la muerte  de su hijo Antonio (su ojito derecho), el más pequeño,  que con tan solo veinte años perdió la vida una madrugada, en un trágico accidente de tráfico.
Una mañana de otoño, después de una larga noche de insomnio, estando en la cama hundida por la pena y la soledad, una llamada de teléfono de su amiga Marta cambió su vida para siempre.
—Hola, Elena buenos días. Mañana empiezan las clases en el “Centro de Adultos”. ¿Te gustaría asistir? Dicen que quedan muy pocas plazas para este curso; si quieres ir tienes que darte prisa en hacer la matrícula. Creo que te hará bien: conocerás a  otras mujeres y podrás adquirir nuevos conocimientos, para lo que nunca es demasiado tarde.
Nunca pensó que podría hacer tal cosa, pero sí lo hizo. Se apuntó para recibir clases de  informática. El primer día que asistió a clase tardó más de dos horas sólo en escribir su nombre. ¡¡¡Eso ya es historia!!! Actualmente puede chatear, acceder al correo, escribir sus propios relatos, publicarlos en su blog… Además, se ofreció al director del Centro de Mayores para enseñar a algunas de las compañeras a jugar a la petanca, un juego que aprendió con sus hermanos siendo muy joven. También participaba en el taller de teatro aficionado “Soniquete”, que habían  creado un grupo de compañeras de clase, al que Elena se incorporó con gran ilusión. Cada tarde se reunían para ensayar en el salón de actos del Centro. Por una de las compañeras se enteró de  que habían convocado elecciones para  presentarse al Consejo de Centro. Pensó en presentarse y lo hizo. Y ante su incredulidad,  salió elegida por mayoría de votos. Podía hacer algo más por las alumnas del colegio exponiendo las quejas y opiniones que ellas le transmitían. Sí, quería hacer algo más: poder colaborar con los profesores/ y profesoras para organizar viajes culturales, visitas al medio ambiente, etc., y así conseguir una mejor y mayor convivencia entre las compañeras. Eso le sería más fácil si participaba en las periódicas reuniones del Consejo de Centro. Con la ayuda de sus compañeras fundó una asociación de mujeres, con más de veinte socias, en la que podían expresar y defender sus derechos como personas ante las injusticias de la vida, la vida que les había tocado vivir a la mayoría de ellas. Esas mujeres valientes, de pueblo, que lucharon lo indecible para sacar a sus hijos adelante. Fueron ellas las que inyectaron a Elena la fuerza y las ganas de seguir viviendo cuando ya su vida estaba casi acabada. Pero su triste vida había cambiado;  gracias a esa llamada  había conseguido salir de aquel negro y profundo pozo en el que se encontraba metida. 
Tengas la edad que tengas, RECUERDA: La vida es como una breve obra de teatro: canta para ser feliz, ríe cuando tengas ganas de llorar, y vive, vive, intensamente… antes  de que baje el telón y la función termine sin aplausos. 


3Premio de relatos certamen de relato y poesía "Salvado Varo"-2018


 


 









sábado, 24 de febrero de 2018

EN LA OSCURIDAD.


No puedo escapar de este agujero oscuro y silencioso. Lo intento una y otra vez, pero la niebla que todo lo cubre me lo impide. No sé como caí  aquí ni por qué me encuentro en este extraño lugar. Si lo pudiera recordar… Pero por más que me esfuerzo no lo consigo.
De vez en cuando vienen extraños y se asoman para ver lo que hay dentro. No los conozco de nada. Unas veces me escondo; otras, intento hablar con ellos, pero huyen despavoridos. Siento un intenso frío, y como la carne poco a poco se desprende de mi esqueleto.

Es entonces cuando me doy cuenta de que estoy muerta.

sábado, 3 de febrero de 2018

CAPÍTULO VIII


LA FLOR DEL CAMINO



Le dicen loca Platera, pero ella sabe más de la vida que cualquiera de nosotros y nuestro mundo de sentimientos reprimidos. Le dicen loca, pero la mirada de ella sabe ver dentro de los hombres, llega hasta su última esencia, mezcla desigual de pureza y maldad. Ella no juzga. Sabe que cada hombre es como un libro, con historia diferente, aunque todos tengan el mismo final.


Platera, ella es pura y transparente, se enamora cada día, todos los días, del inmenso cielo azul, Motril, de esas flores que asoma tímidamente sus pétalos, realzando en la verde vega, claveles, nardos, aguacates… y del inmenso mar que la custodia. De esa rosa carmesí que asoma en el balcón de forja, de su vecino de la casa de alado, Platera, el que todas las mañanas pasa a su lado tarareando una alegre canción, y le dice. Buenos días, “Margarita se llama mi mor"...y la mira enamorado Por eso ella le sonríe agradecida Platera, como la flor del camino, su joven corazón esta cautivo pero ella nunca le dirá que le ama, Platera.


 


Reescrito por: Maruja Jiménez Galeote


 

domingo, 28 de enero de 2018

PLANTA SÉTIMA.



 
Implacable madrugada
que enmascara la guadaña
merodeando su víctima
sobre la séptima planta.
 
Sin noción de seguir viva
me alejaron de tu lado.
Sin un adiós, sin palabra…
Sí, amor, me habías dejado…
 
Dolor que el tiempo disfraza
bajo una tupida máscara…
Pretender seguir fingiendo…
¡Finjo bien! ¡No pasa nada!
 
Ya no me suena el teléfono
ni el sonido de tus pasos…
la llave en la cerradura…
tampoco cantan los pájaros
en la copa del magnolio
y de tu ausencia extrañados.
 
Aguardo amor tu regreso
junto al brocal de este pozo
de soledad y locura
de mi tristeza sin fondo,
agrupando los recuerdos
que golpean en mi alma
-en un tiempo sin retorno-
ya vacía por tu ausencia.
Amor, en la planta sétima.
 
Creado por: Maruja. J. Galeote.
 

martes, 16 de enero de 2018

YA ERA TARDE...




















Ya era tarde para volver atrás. Ahora ella estaba allí como cada día rodeada de todas aquellas ancianas y ancianos a los que no conocía de nada ni tampoco a las enfermeras de aquel tétrico lugar. Sentada en aquel extraño salón en penumbras, iluminado por un débil rayo de luz mortecina que se colaba por las rendijas del ventanuco que da a un patio interior, estrecho y sombrío, que envuelve las paredes con una capa de tupido musgo amarillento y sucio. Torpemente, introduce la mano en el bolsillo de la bata de franela y saca una fotografía color sepia, lapidada, en la que aparecen una joven pareja con dos niños de corta edad: el chico vestido de marinero y la chica con un traje de organdí bordado, y en la cabeza, un gran lazo que recoge los dorados cabellos rizados. Después de observarla un buen rato, ella intenta con todas sus fuerzas recordar quién son esas personas que aparecen en esa fotografía, y con la mirada perdida hacia ninguna parte la vuelve a guardar.  Intenta desesperadamente recomponer en su memoria los hechos que le sucedieron para encontrarse allí en aquel lugar perdido en medio de la nada,  donde no conocía a nadie ni donde nadie iba a visitarla, donde el tiempo fluía despacio como la miel de las colmenas que se derrama lentísima por el tronco de los árboles. Les tenía pánico a  aquellos deshumanizados seres de bata blanca que la obligaban a bañarse cada mañana nada más salir de la cama, y le inyectaban cada seis horas y que sin la más mínima compasión la forzaban a comer aquella papilla amarillenta y pastosa que sabía a medicamentos y que tanto le asqueaba. La anciana abre los ojos y en la penumbra de la estancia, distingue la puerta de la habitación entreabierta y una horrible lámpara que semeja una araña colgada del techo devuelve su siniestra sombra; sobre la mesita de noche, reposan unas diminutas gafa con montura de pasta oscura, un viejo libro con las cubiertas ajadas, un vaso con agua y unas pastillas... ¿Habrá alguien enfermo? Se pregunta extrañada. Estira el brazo izquierdo y su mano topa con el cuerpo de una persona... ¡Un hombre! Observa con atención sus rasgos faciales. Le suena vagamente. ¿Qué hará este hombre en mi cama? Ella a veces sabe vagamente que está ingresada en una residencia geriátrica, que allí conviven hombres y mujeres mayores como ella, piensa por un instante, que el hombre se habrá levantado de su cama medio dormido para ir al baño que se encuentra en el pasillo, y, al volver, se ha equivocado de habitación. A trancas y barrancas consigue levantarse de la cama con suma dificultad; en cuanto arrastra los pies un par de metros se da de bruces contra un cristal... "¿Quién eres tú?", pregunta al rostro ajado y ojos cansados que la observan desde el vidrio. Le responde un silencio atónito. Y entonces lentamente, se acerca a la ventana para despedirse de la luna, arrastrando los pies como si llevara toneladas de peso encima, después de un rato observando las miles de estrellas, vuelve a su lecho desolado. Toma  una de aquellas pastillas para intenta dormir y no desvelarse, así no tendrá que ver los fantasmas que se le presentan cada noche con el rostro desdibujado, los que de mañana se  esfuman y no dejan rastro en su frágil memoria. No podía aguantar por más tiempo en ese horrible lugar.
 No sabía ni cómo ni cuándo, pero alguna tarde de algún domingo se quedaría sola en el patio, olvidada, saldría a la carretera y cogería ese autobús, sí, ese autobús blanco y verde que pasaba cada tarde, lleno de niños y sin que nadie la viese marcharía a su casa. Esperó y esperó cada domingo sentada en aquel triste y húmedo patio  pero  ese ansiado día jamás llegó.




miércoles, 29 de noviembre de 2017

CENA DE NAVIDAD

 
Adela acuna su escuálido cuerpo en la butaca de rejilla, escuchando el tic tac incansable del reloj del salón. Absorta ve pasar tras el ventanal las negras nubes cargadas como panza de burra que amenazan con llover o nevar. De la vieja radio situada en un rincón de la estancia se escapa la melodía de un arcaico villancico, esa canción que tantas noches en Navidad había cantado toda la familia alrededor del Belén que solían montar entre todos en el salón de casa. No puede evitar que se le escape un suspiro de lo más profundo del pecho, al recordarlo. Con apatía saca del bolsillo de su bata acolchada unas lapidadas cartulinas de color sepia, las desliza entre sus huesudos dedos una y otra vez intentando rememorar a las personas que aparecen en ellas, alrededor de una gran mesa una noche de otra Navidad ya lejana. Por más que lo intenta Adela no consigue recordar la fecha en que fue hecha esa fotografía, en la que aparecen todos: sus hijos muy pequeños y ellos muy jóvenes, de lo que sí estaba segura es que en aquella época eran muy felices. Ya habían pasado muchos años.
Adela dos horas antes de la media noche, como cada 24 de Diciembre desde hace más de dos décadas, abre la mesa del salón, pone sobre ella el mantel blanco bordado con alegres dibujos navideños rojos y verdes, en el centro coloca un pascuelo de terciopelo desvalijado por el paso de los años con una gruesa vela en el centro. Alisa con ahínco el mantel con la mano para que no quede ni una sola arruga. Despacio, con sumo cuidado para no tropezar, saca del viejo aparador de dos piezas la vajilla de la Cartuja Sevillana que le regalaron cuando se casó. Uno a uno va colocando simétricamente en perfecto orden cada uno de los platos, copas, cubiertos… se para un instante para contemplar orgullosa como ha quedado la mesa donde celebrará la cena de Navidad con sus seres queridos. Con paso cansado, Adela se acerca hasta la ventana, sopla un fuerte viento del norte que deja la calle desierta y oscura, iluminada tan solo por las miles de luces de colores de las casas colindantes que con sus destellos anuncian la llegada del Salvador.
De la Torre del Cerro de la virgen se descuelgan doce campanadas. Con un gran nudo en la garganta se retira de la ventana sin poder evitar que sus cansados ojos se ahoguen en lágrimas.
-Creo que esta noche mis hijos no vendrán a cenar…
 
Creado por: Maruja Jiménez Galeote.
 



viernes, 17 de noviembre de 2017

BODAS DE ORO


Amor, por estos cincuenta años

que yo he vivido a tu lado.

Me parece que fue ayer.

 

Cincuenta años han pasado.

Yo siempre te he amado.

Esta vida de ilusiones

que tu y yo, hemos creado.

 

Eres el amor de mi vida,

cincuenta años han pasado.

Y mi corazón es tuyo.

¡¡¡Tómalo, te lo regalo!!!

 

 



 



jueves, 16 de noviembre de 2017

DESOJADA FLOR


Entró la primavera,
con aromas de color.
Tu cara se tornó pálida,
triste y desojada flor.

Recuerdos en el ayer,
con tanta fuerza y valor
Sonríes sin desfallecer,
al desinteresado amor.

Vagando por el camino,
lleno de luz y color
La vida le dio consuelo
para encontrar el amor.

Cual velero sin destino
cobijo para vivir.
Cómo alegre peregrino,
la fuerza para seguir.

Aquella tarde florida
todo arriaba color.
Luché con fuerzas
por conseguir tu amor.

Ese amor te dio un lucero,
él te ayuda a sonreír,
iluminando el sendero,
de ese camino a seguir.