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martes, 31 de agosto de 2010

AMIGO “BAMBINO”



Miguel Vargas Jiménez “Bambino”, también conocido como “Chamona” en aquella época. Fue el máximo exponente de la canción flamenca por rumbas, además de ser un gitano universal que paseó por todo mundo el nombre de Utrera.
Yo aprendí a coser al lado de su casa, en la calle Larga detrás del “mercado de abastos”.
Después de cinco décadas aun recuerdo con cariño su peculiar forma de hablar, sus ocurrentes y divertidos chites, que tato nos hacían reír a las niñas del taller.
Me siento orgullosa de haber sido unas de sus amigas de juventud. ¡Descasa en paz! amigo Miguel.

jueves, 26 de agosto de 2010

UN VIAJE CON MALA PATA



Había pasado el invierno pensando y preparando mi estancia en ese magnífico balneario, y por fin llegó el gran día, fue en el mes de agosto. Al llegar me pareció un lugar encantado, un pequeño pueblo, con grandes patios y cubiertos por enormes árboles que cubrían con su sombra, sillones de mimbre con altos respaldos, y a uno y otro del paseo, cómodos bancos de madera pintados de verde, el suelo, de ladrillos rojos brillante le daban un toque señorial.
Ya en la habitación, coloqué las cosas y bajé al comedor ¡Era enorme! muy lujoso, los camareros llevaban uniforme, eran sumamente atentos y educados.
Por la tarde, después de haber descansado de tan largo viaje empezó a caer la tarde, me puse mis mejores galas y decidí conocer tan bello lugar. Me senté en uno los bancos del paseo para contemplar la belleza que se hallaba a mí alrededor, fuentes naturales de aguas cristalinas. Me encontraba sumergida en la contemplación de tanta belleza, cuando, de pronto, un fuerte picotazo en la pierna izquierda me hizo volver a la realidad. Miré para ver quien había sido el intruso, un pequeño y maligno insecto aferraba con ahinco su aguijón a mi pierna.
Al día siguiente, tenía la pierna hinchada “como la pata de un enorme jamón”
El médico del balneario, al ver mi pierna, dijo:
—Unos días sin hacer el tratamiento, nada de baños—. No me lo podía creer, con la ilusión que había puestos en aquel tratamiento que decían que era tan bueno para la artrosis!
Pasados cuatro días, ya las picaduras estaban mejor y pensé: seguro que mañana ya puedo empezar los baños. A la mañana siguiente, salgo al pasillo y me resbalo. ¡¡¡¡¡MALDICIÓN¡¡¡¡¡ caigo al suelo y me disloco la misma pierna.
Han pasado quince días desde que volví del viaje, y aun me duele y permanece vendada.
Nunca mejor el dicho, Un viaje con mala pata.

domingo, 25 de julio de 2010

FALSA ALARMA



En la media tarde del día de hoy, una mochila abandonada hizo saltar las
alarmas en los cuerpos de seguridad de la Policía Nacional y Policía Local
de Motril.

Sobre las cinco y media de la tarde las fuerzas de seguridad fueron
alertadas de la existencia de una mochila abandonada a la salida de uno de
los accesos del aparcamiento público de la Plaza de La Aurora, en las
inmediaciones de una conocida entidad de crédito.

La mochila, despertó algún tipo de sospechas en los miembros de la
policía, que les hizo encontrarla potencialmente sospechosa, debatiendo
entre ellos sobre las medidas posibles medidas a adoptar

Después de un cierto debate, decidieron establecer una zona de seguridad alrededor de la mochila, iniciándose el acordonado de la zona.
Entretanto los viandantes curiosos merodeaban por los alrededores.

jueves, 22 de julio de 2010

“EL MEJOR REGALO”

Relato del libro " Copos de nieve" Del taller de escritura Creativa en el que he participado con este relato. 

La noche se presentaba serena y tranquila para emprender la difícil travesía, ni la más mínima presencia de algún fenómeno que pudiese perturbar la magna quietud nocturna. En el cielo, negras nubes defectuosas, techaban el extenso e inalterable mar en calma.
Muy despacio, en silencio y aturdida, Waris subió al cayuco, se sentó en la fría y dura tabla de madera desgajada, pasó sus manos por su ensortijado cabello y levantó el cuello del deteriorado chándal por encima de las orejas; con fuerza apretó contra su pecho la bolsa blanca de plástico que sostenía entre sus maltratadas manos, para intentar alejar el intenso frío que le calaba hasta lo más profundo de sus jóvenes huesos.
No sabía muy bien hacia donde se dirigía… lo importante era salir, salir de Angola, de aquel país áspero y ruin en el que no se podía vivir en paz.
Unas lágrimas de tristeza y desconsuelo rodaron por las negras mejillas de Waris, al pensar en lo mucho que dejaba tras de sí… Los alegres y satisfactorios años pasados en la universidad, donde conoció el amor puro y verdadero, su gran amor, un loco idealista al que ella amaba con toda su alma, el cual, pensaba que podía cambiar su país y tener una vida digna donde todos viviesen en paz y por lo que luchó sin tregua, hasta perder la vida en el empeño.
Miró a su alrededor, los compañeros de viaje mantenían un mutismo sepulcral manteniéndose apilados unos contra otros en su agonía, algunos aun demasiado jóvenes para exponerse a tan peligrosa aventura.

No podía ver nada, todo era oscuridad y silencio; sólo podía percibir débilmente el chapoteo del agua golpeando la débil embarcación.
Al llegar el cayuco a tierra, bajó precipitadamente. Corrió despavorida sin mirar hacia atrás en ningún momento, entre las dunas del espeso pinar siguiendo la dirección de las luces que con destellos de colores le anunciaban la presencia de LA NAVIDAD y le indicaban el final de su ansiado y anhelado destino.
Se sentía perdida en medio de la gran ciudad, cansada y confundida entre el murmullo y el bullicio de los miles de viandantes que a esa hora de la noche deambulaban sin rumbo de un lado para otro: millares de escaparates lucían ostentosos objetos de deseo, inaccesibles para ella. Desfallecida por el hambre y el cansancio, se sentó en un banco y cerró lo ojos unos instantes.
— ¡Hola! , ¿Qué te pasa?. Waris abrió los ojos sobresaltada al ver ante ella aquel niño flaco y desvalido de carita blanquecina y profundas ojeras, que cubría su pequeña cabeza con un gorro de rayas blancas y rojas:
— ¿Cómo te llamas, donde vives? le preguntó el niño con evidente curiosidad.
—Vengo de un país muy lejano y tremendamente pobre…El niño la miró perplejo.
—Yo he estado mucho tiempo en el hospital, sí, muy malito, se me ha caído todo el pelo de la cabeza y de otras partes del cuerpo, por eso llevo este ridículo gorro. Waris lo observaba expectante, pensando cuanto habría sufrido aquel ser tan pequeño y desvalido.

—Pedí un regalo a los Reyes, un regalo especial y me lo han concedido—Waris levantó la mano y con suma ternura acarició su empalidecida carita.
— Ha sido el mejor regalo de toda mi vida, no tendré que volver más a ese horrible lugar— Ella lo escuchaba atónita sin poder comprender lo que le estaba pasando…
—Quiero que vengas a mi casa conmigo; mi madre se pondrá muy contenta, repetía con insistencia una y otra vez. Waris emocionada se levantó, cogió la pequeña mano entre las suya y los dos se perdieron por el mágico paseo entre la multitud.

miércoles, 21 de julio de 2010

LAS ROSAS


LAS ROSAS SON ROSA
LAS HOJAS SON VERDE,
EL CARIÑO
DE UNA MADRE
NUNCA SE PIERDE

lunes, 12 de julio de 2010

SOL Y PLAYA


El fuerte e implacable sol de verano vierte sus rayos sobre mi cuerpo
semidesnudo al pasear por la inhóspita playas, descubro cómo el “astro rey” se apodera de mí y me atrapa sin piedad…

Percibo el crujir de la arena ardiente bajo mis pies descalzos, fuego
abrasador que emana de las profundas entrañas de la tierra y quema
mis plantas desnudas, agrietadas y doloridas.

En tanto, una leve brisa levanta la fina y dorada arena creando el ir y venir sin tregua de ondas leves que acarician la orilla de seda.

domingo, 11 de julio de 2010

“UN DÍA DE PLAYA”


Eran las dos de la tarde, habíamos terminado de comer: los gemelos se encontraban inquietos y muy alterados por el bochorno que hacía debajo del cañaveral del chiringuito. Corrían de un lado a otro, arrastrando las sillas, subiendo y bajando de ellas. En tal atropello Javier, el más travieso, se cayó al suelo, dándose un fuerte golpe en la cabeza. Estaban embadurnados de arena fina y muy colorados.
Yo observaba a Sebastián: el cigarrillo entraba y salía de su boca cómo si fuese el último de su vida. De pronto: dio un salto y arrastró la silla hacia atrás con violencia.
— Ahora mismo nos vamos— dijo furioso levantando la voz.
—Tengo que duchar a los niños antes de ponernos en camino—murmuré tímidamente.
—No hay ni una sola ducha por estos parajes. ¿Es que no lo ves?—me increpó, metiendo las sillas, la nevera y la bolsa de las toallas en el maletero del coche.
Le supliqué, le rogué, que esperásemos en la playa al lado del agua hasta que hiciese menos calor, pero fue inútil, ya había tomado una dicción y no había vuelta atrás. Miré a mi alrededor, no había nada en aquél despoblado lugar, no se veía a nadie por ninguna parte, sólo se podía escuchar el fastidioso cantar de los grillos sin interrupción, y el aplastante e implacable sol cayendo sobre nuestros cuerpos semidesnudos. Los niños sentados en la acera lloraban desconsolados, se habían achicharrado, no querían entrar en el coche por más que yo lo intentaba. El coche, a esa hora de la tarde quemaba como la lava de un volcán. Los niños sentados en el asiento trasero se encontraban sudorosos, aletargados… cómo “cochinillos en el horno”.
Daniel, de pronto empezó a llorar, un pestilente olor nos envolvió a todos. No podía ser cierto que lo hubiese hecho otra vez. Paramos el coche a la orillas de un pequeño riachuelo y lo limpié como pude. Y continuamos la marcha hasta nuestro destino.
—Mamá, mamá, tengo mucha sed, —repetía Javier una y otra vez sin dejar de llorar.
El agua que teníamos en coche era poca y estaba muy caliente, cogí la botella del suelo me giré y alargué la mano, el chiquillo al cogerla dio un grito de dolor.
Yo me sentía furiosa con él, estaba a punto de llorar por el mal rato que estaban pasando los chiquillos, él no hacia el más mínimo esfuerzo para remediarlo.
Habíamos recorrido unos kilómetros que se hicieron interminables, cuando nos encontrábamos entre las paradisíacas playas de los Caños de Meca y Vejer de la Frontera y sin saber el porqué se formó un descomunal atasco, coches de todos los colores y tamaño, pegados unos a otros cómo las lapas a las rocas. Era imposible avanzar ni un solo metro por la estrecha carretera.
Los conductores impacientes y malhumorados hacían sonar los claxon con insistencia, produciendo un ruido ensordecedor: unos se bajaban del coche sin camisa empapados por el sudor, otros con las manos en alto maldecían sin cesar clamando al cielo intentando ver que había pasado delante de la interminable hilera de coches. La mayoría de los vehículos cargados con utensilios de playa, personas mayores y niños que asomaban sus cabezas por las ventanillas. No sabíamos cómo salir de aquel infierno. Por fin, llegó la policía haciendo sonar las sirenas con insistencia, los agentes se situaron a uno y otro lado de la carretea y así lograron poner orden en semejante caos. Después de pasar infinidad de adversidades de todo tipo conseguimos llegar a nuestro pueblo, Motril, deshecho y agotado tras el fatídico viaje el que nunca podré olvidar.

martes, 6 de julio de 2010

EL SILENCIO



Es una buena hora; pienso que es la mejor de todo el día.

Los niños no han vuelto aún del colegio, con sus gritos y jugueteos.

La lavadora ya no ruge como un monstruo encadenado, todo permanece estático.

No se oye el golpear del agua dentro del lavavajillas.

Todo se encuentra en el más absoluto silencio.

Creo que es la mejor hora… para ponerme a escribir.

sábado, 3 de julio de 2010

DESENLACE FATAL


El sol aún no había salido tras las altas montañas que rodean el
pueblo aquella mañana de primavera, cuando sonó el timbre de la puerta
con insistencia; salté de la cama sobresaltada e intenté buscar las
zapatillas, que por algún motivo nunca están don de deberían.
Al abrir la puerta, él estaba allí mirándome con sus brillantes ojos
verdes, su pelo rubio peinado hacia atrás, la camisa de rayas blancas
y azules,con la mochila colgada a la espalda llena de libros, lápices y
cuadernos.
Sin mediar palabra, se abalanzó sobre mí liberando un torrente de
energía y cerrando sus enormes ojos me dijo:
—Abuela, mi madre trabaja el domingo, me quedo contigo hasta el lunes
—En su carita, una tierna y dulce sonrisa que dejaba al descubierto
su cariño infinito.
Corrió sin mirar hacia el patio: metiento los pies en los charcos que se encontraba mojado por la lluvia del día anterior.
En un rincón, su juguete preferido, el más preciado, su bicicleta de cuatro ruedas; cuatro porque aún no le habían quitado las dos pequeñas por miedo a que
pudiese caer de ella.
Me recogí el pelo en la nuca, con un pequeño moño, sujeto con una
de esas agujas de plástico, de las que venden en “todo a cien”; me
abroché los botones de la bata y dirigiéndome a la cocina me preparé
una taza de café bien cargado, que sólo con su olor podía resucitar a
un muerto…
Era demasiado pronto para empezar las tareas del día; días largos y
calurosos de primavera, por esta razón, solía sentirme muy cansada al
terminar la jornada. Me senté en una butaca del salón, aún con la
taza en la mano, cerré los ojos un instante; al abrirlos, mis ojos se
clavaron en la fotografía de mi hija, que, estática, me miraba desde
la mesa. El teléfono de la mesita sonó como un trueno…,
—Dígame, ¿quién es?
— ¿La señora González?
—Sí, soy yo. —lamento decirle que su hija ha tenido un fatal
accidente.
El retumbar del teléfono invadió toda la habitación al caer al suelo.
Entraron los dos en el salón, corriendo y dando saltos: el perro
ladrando y moviendo el rabo alegremente, el niño jugando… como si el
mundo todo fuese de color de rosa, el color de la inocencia que solo
los niños poseen.

jueves, 24 de junio de 2010

LOS PEQUES


Hace unos días he estado en la clase de mi nieto Manuel de cinco años. Me invitaron a contar un cuento, que yo misma e escrito para ellos con mucho cariño y amor. Gracias a esos pequeños he podido volver a sentirme niña otra vez.

Sus inocentes preguntas, sus cándidas sonrisas, me han llenado el corazón de una alegría inmensa, que solo ellos pueden conseguir con su pureza e ingenuidad. He tenido una experiencia maravillosa que nunca podré olvidar. He visto en las caritas de esos pequeños la inocencia en todo su esplendor.

Quiero resaltar ¡pequeños! pero grandes en ternura, amor y sinceridad.

viernes, 18 de junio de 2010

EL JARDÍN MULTICOLOR














Érase una vez un jardín donde todas las flores eran de color rojo brillante. Había flores grandes, pequeñas, altas, bajitas. Un día de otoño, hacía un fuerte viento y las flores tenían que agarrarse unas a otras, para que el viento no se las llevara. Cuando el viento dejó de soplar, una de las flores descubrió algo en el suelo del jardín; era una pequeña semilla negra con forma de estrella.
—¿Que será?, se preguntaban unas a otras. La única forma de salvarlo es esperar a que crezca, dijo la flor más vieja. Cuando llegó la primavera, la pequeña plantita empezó a estirarse para ver el sol… Las flores rojas estaban muy preocupadas, pues no sabían que tipo de planta era, tenían miedo de que fueran malas hierbas y perjudicara el jardín.
Un día, al despertar las flores rojas, descubrieron que la planta tenía una gran bola con pétalos, rojo, amarillo, verde y azul…. Las flores rojas, se quedaron con la “boca abierta”: nunca habían visto una flor de tantos colores.
— Pero tú, ¿qué clase de planta eres?
—Soy una flor—respondió.
— Las flores son rojas — todas somos rojas.
—Es cierto, todas sois rojas en este jardín, pero de donde yo vengo, las flores son de todos los colores.
La flor dejó caer sus semillas en la tierra, pasó el invierno y volvió la primavera. Las nuevas flores comenzaron a brotar. — ¿Cómo serán?— se preguntaban ---¿Serán rojas como nosotras, o de muchos colores?
Al abrirse, empezaron a aparecer flores amarillas, verdes, blancas, azules… Todas las flores se pusieron muy contentas, su jardín ya no era de un solo color, era un jardín multicolor.

martes, 15 de junio de 2010

LOS FINES DE SEMANA


Los fines de semana son largos, monótonos y aburridos desde hace algún tiempo para mí. Nunca me pasa nada extraordinario que haga cambiar mi malogrado estado de ánimo.

Agotada y muy cansada me he sentado en el suelo del comedor y he poyado la espalda en la pared para descansar un rato; observo desde donde me encuentro un poco aletargada, cómo el tibio sol entra por las rendijas de la desgajada ventana, dirigiendo fugazmente sus dorados y anaranjados rayos, hacia las rojas flores de la maceta que descansa con insolencia reprimida, sobre el alféizar de la ventana, irradiando sus colores brillantes a través de los trasparentes cristales.

Una atolondrada paloma de color gris plomizo se ha posado sobre el alféizar de la ventana, mira desconfiada a uno y otro lado, presurosa posa con sumo cuidado sus finas patas sobre el borde de la maceta: ¡la muy picarona! Que con la ayuda de su afilado y fino pico intenta remover la tierra del geranio que impasible aguanta las embestidas del animal que se afana con tesón por encontrar algo dentro de la oscura tierra.

Busca algo, algo oculto y perdido que no consigue encontrar por más que lo intenta como también yo busco mi alma endurecida y marchita se empeña día a día en encontrar la inocencia perdida de la infancia.

miércoles, 2 de junio de 2010

EL BLOG

El navegar por la red y visitar otros blogs me ha dado la oportunidad de descubrir la enorme generosidad que existe en la red: recursos, trabajos, experiencias, actividades que otros compañeros comparten a cambio de nada.

sábado, 29 de mayo de 2010

EL TREN


La primera vez que vi el tren me causó una tremenda impresión. Nunca podré olvidar aquella mañana gris del mes de Enero.

Observé cómo el viento helado movía los papeles del suelo del andén, podía oír el cimbrear de la techumbre de uralita que cubría el demolido tejado.

Dando un fuerte tirón, me solté de la cálida mano de mi madre y me acerqué al borde del andén para poder ver las líneas paralelas, donde esperé expectante la aparición de la descomunal locomotora. Veloz como una fuerte ráfaga de viento, hizo acto de presencia, expulsando bocanadas de humo negro, dirigidas hacia los árboles cercanos que se alineaban a un lado y otro de la vía.

Entre jadeos insistentes se dejaba oír el silbato de la gran maquina anunciando su próxima llegada a la estación. Los frenos chirriaron, saltando miles de chispas luminosas de entre las ruedas haciendo un ruido infernal: se paró en seco.

Las pesadas puertas de madera se abrieron hacia el andén y los pasajeros se dispusieron a bajar uno tras otro, portando sus enormes maletas de cartón piedra.


jueves, 27 de mayo de 2010

HOMENAJE A LAVIDA

SALVADOR VARO --- 3º PREMIO DE REDACCIÓN 2010.

Esta mañana me han despertado los anaranjados rayos de sol entrando por las rendijas de la desgajada ventana, el canto de los pájaros y un fragante olor a romero y azahar.

Al salir al jardín, una vez más he podido vivir una hermosa experiencia: me encontré en medio de un paraíso grandioso rodeada de multitud de cosas bellas: pinos, palmeras, laurel, y un almendro en flor. —¡¡Qué maravilla!! — No hay hermosura igual que se le pueda comparar.

Me recreo y disfruto con cada una de las cosas que me rodean: la belleza indescriptible de la vida. La paz que me proporciona la naturaleza me ayuda a vivir intensamente. Como el poder contemplar un amanecer o una maravillosa puesta de sol.

La mente: brinda a los humanos el poder de comunicarnos los unos con los otros, para conseguir aprender, amar, respetar y valorar la naturaleza. Ella nos permite, ver, oír, oler, tocar… apreciar que tenemos un mundo ideal, al que entre todos tenemos que ayudar a cuidar y a respetar.

La lluvia: Sin ella no podríamos existir, nos riega los campos para que podamos sembrar, cultivar y cosechar los alimentos que necesitamos para nuestra supervivencia, purifica el ambiente, y nos libra de algunas enfermedades. ¡Qué gran milagro!

El mar: que se puede decir de él, de su fuerza y bravura, de su pausada calma.
¡Es tan sencillo! Sentarse a la orilla del mar y contemplar como la suave brisa mueve las olas acariciando la sedosa orilla, dibujando caprichosas ondas sobre la dorada arena, en la lejanía, sobre el mar, el sol posa destellos luminosos sin igual, que fascinan y embrujan al mirar.

Yo pienso: que la vida es muy corta, el reloj del tiempo no perdona, que se escapa sin piedad… atesora cada momento que vivas en contacto con la naturaleza, ámala y cuídala como a ti misma.
 Creado por: María Jiménez Galeote.

sábado, 1 de mayo de 2010

AMOR A LA VIDA


Un retoño: llevo dentro de mí un nuevo ser que cambia toda mi vida, noto como mi cintura se ensancha, cómo aumentan mis pequeños pechos y mis carnes se desgarran…todo en mi cuerpo cambia y se transforma, siento que duele, empuja y a la vez me alegra, todo al mismo tiempo y cuando mis pechos lo amamantan es algo maravilloso: es dolor, ternura y amor.
La vida se parte en dos. ¡Ay dolor! Un dolor que no duele, un dolor que sólo es amor

lunes, 5 de octubre de 2009

PENSAMIENTOS




Ayudaré al viento a transportar tu aroma.
Empujaré las olas para escuchar tu voz.
Juntaré las nubes y construiré tu imagen.
Taparé el Sol y conseguiré ver tu sombra.
Contemplaré las estrellas, reflejo de tu mirada.
Haré los días sin noches, para no dejar de verte

lunes, 27 de julio de 2009

¿Dónde está mi calle?


Avenida de amplias aceras con verdes y altas palmeras alineadas a cada lado de la calle, farolas majestuosas de luz blanca a uno y otro lado. Confortables bancos construidos en madera, pintados de marrón oscuro, respaldos de arriates con flores, tiendas, bares, cafeterías…forman un agradable conjunto.

¿Dónde está mi calle? Me pregunto cada día al asomarme a la ventana de mi casa.
Embarazada de piedras, desaparecidas palmeras, bancos aniquilados, aceras demolidas y polvorientas, invadidas de enormes socavones,

Gestación de nueve meses para un parto incómodo y tardío. Alumbramiento que al final dará interesantes frutos, para comodidad y regocijo de los vecinos y viandantes de esta calle.

viernes, 22 de mayo de 2009

LA PRIMAVERA


Me gustaría ser pajarillo para poder volar sin parar y poder buscar por el mundo todas las cosas buenas y bellas que se encuentran escondidas en la naturaleza, en cada recóndito rincón de la tierra, poder escudriñar la belleza de la luz, del aire, del mar y de la mente de las personas que saben perdonar... y son capaces de amar.
Ha llegado la primavera: esta mañana me ha despertado el olor a azahar, el canto de los pájaros y los dorados rayos de luz que entran por las rendijas de la ventana; no he necesitado que me llame el despertador. Sin dudarlo, de un impulso, me he levantado con gran ilusión porque ha llegado un nuevo día. Puedo vivir, deleitarme y recrearme con tantas cosas bellas como me brinda la vida; sentarme a la orilla del mar, de este mar de Motril y ver el ir y venir del movimiento suave de las olas.
¡Es tan sencillo! poner una planta en la tierra, regarla y esperar a ver que pasa…Un día aparece un pequeño brotecillo, más tarde, unas hojas, y más hojas, formándose un gran árbol que nos cubre y nos cobija con sus espesas ramas.
Un retoño: llevo dentro de mí un nuevo ser que cambia toda mi vida, noto como mi cintura se ensancha, cómo aumentan mis pequeños pechos y mis carnes se desgarran…todo en mi cuerpo cambia y se transforma, siento que duele, empuja y a la vez me alegra, todo al mismo tiempo y cuando mis pechos lo amamantan es algo maravilloso: es dolor, ternura y amor.
La vida se parte en dos. ¡Ay dolor! Un dolor que no duele, un dolor que sólo es amor.

1º premio de mayores 2011.

lunes, 6 de abril de 2009

EL SOLDADITO


¡Que raro!,¡no hay nadie en el patio! Seguro que están todos en la cantina, estarán tomando café ya que es la hora del descanso; empujaré la puerta muy despacio para no hacer ruido y no se percaten de mi presencia. ¡Qué vergüenza! Todos me están mirando. Sin duda se han dado cuenta de mi baja estatura y el poco pelo que cubre mi barba. Juraría que ellos sospechan que guardo un recóndito secreto; creo que lo saben, lo noto en los intercambios de risitas y en cómo me miran todos. Tengo que salir de aquí, no aguanto más, si no lo hago de inmediato empezaré a llorar.

No hay nadie en la ducha, ¡es el momento! puedo ducharme sin que me vean los sátiros lerdos soldaditos de mi compañía. ¡Maldición! La ventana está abierta, parece que son tres, o cuatro, me miran... escudriñan maliciosos mi cuerpo con deseo, son unos pecaminosos indecentes…

No alcanzo a coger la toalla, me van a ver los pechos, ya no podré llevar por más tiempo mi disfraz, todos sabrán mi secreto.