viernes, 29 de enero de 2016

MAR DE AUSENCIA


Cuando ya no estés,
evocaré tú ausencia
en la orilla del mar,
al ocultarse el sol
tras el horizonte.

¿Quién rozará mis labios
ardientes, con un beso
silencioso y fugaz
en negra madrugada?

 Amor, si no estás tú,
¿Quién rozará mi cuerpo,
desnudo y trémulo
bajo las sábanas heladas?

Cuando ya no estés,
¿Quién secará mis lágrimas,
junto a la almohada
tras el triste abandono?

Ya no preguntarás
si siento frío,
ni arroparás mi alma,
cuando ya te hayas ido.
Creado por: Maruja. J. Galeote.

domingo, 24 de enero de 2016

CAPERUCITA Y LOS TRES CERDITOS


(FUSIÓN DE DOS CUENTOS)

Había una vez en un lejano país una niña a la que su abuela le había confeccionado una linda caperuza roja. Como le gustaba tanto siempre la tenía puesta, sólo se la quitaba cuando tenía que irse a dormir, por eso todos en el pueblo la llamaban Caperucita Roja. Un día su madre le pidió que fuese a casa de la abuela para llevarle una medicina por que se encontraba enferma. La madre estaba preocupada por los peligros que acechan a aquel  lugar a esa hora de la tarde y con palabras cariñosas le  advirtió a Caperucita.
—Caperucita vete por el camino  asfaltado aunque sea el más largo, pero es seguro, no te vayas por el bosque a esta hora de la tarde, el lobo esta por allí, y está hambriento.
Ella, como hacen algunas niñas no hizo caso a las palabras de su madre y se encaminó hacia el espeso y tenebroso bosque. Al llegar al corazón del bosque se encontró con los tres hermanos cerditos que vivían en el bosque, jugando con una manzana. El más pequeño le preguntó a la niña.-- ¿Dónde vas  a esta hora por este lugar Caperucita?
— Voy a llevarle a mi abuela esta medicina, se encuentra enferma, y me he perdido y no sé qué camino tengo que seguir. Balbuceó la niña muy asustada. Uno de los  cerditos, el mediano, le dijo: ten mucho cuidado, el lobo está buscando alguna presa fácil y tú tienes todas las papeletas para que te toque el premio. No había terminado el cerdito la frase cuando apareció el lobo, con la mera intención de saciar su hambriento estómago. Los cuatro gritaron  aterrados al verlo tan cerca, babeando y exponiendo sus feroces colmillos con intención desafiante. Corrieron despavoridos, corrían hasta quedar sin aliento, sin mirar, con el lobo pegado a los talones. Al llegar, rápidamente cerraron todas las puertas y todas las ventanas para que el canino no pudiese acceder hasta el interior. El lobo se puso a dar vueltas alrededor de la casa, buscando la forma de poder colarse por algún lugar y comerse a los tres cerditos y a la linda Caperucita. Ese era su objetivo.
Un gran árbol desnudo cerca de la casa fue la solución para el problema del lobo, trepó por sus ramas hasta el tejado para poder colarse por la estrecha chimenea.
La bella Caperucita que era una niña muy despierta y perspicaz puso en el fuego una gran olla llena de agua. El  lobo asesino descendió por el interior de la chimenea y cayó sobre el agua hirviendo escaldándose la piel. De un salto escapo de allí “como alma que lleva el diablo”, salió al bosque como si le hubiese cogido la pata un tren, dando terribles saltos y terroríficos alaridos, que se podían escuchar en todos los rincones del bosque.   
Se cuenta por el lugar que nunca jamás quiso comer cerditos y por supuesto a ninguna otra bella Caperucita.

Creado por: Maruja. J. Galeote.





viernes, 22 de enero de 2016

EL RAYO DE LUZ

Él es consciente al salir cada mañana tras las montañas de que su aspecto es visible, sabe que nadie lo puede aprehender pero si manipular, las nubes y los altos edificios de la ciudad pueden ocultan su luz. Más no pueden impedir que vuelvan a emerger sus rayos si es posible con más intensidad. Sabe de su poderosa fuerza puede iluminar y dar calor si se lo propone. Sus rayos son los mensajeros de la fotosíntesis para dar verdor a las plantas y hacerlas crecer, puede mover con sus rayos a los girasoles que pastan en el campo, a su antojo. Sus rayos pueden posarse sobre las tranquilas aguas del mar señalando miles de estrellas sobre la superficie. Sabe muy bien de su gran brillo y podes durante el día, pero también es consciente de su retirada al caer la tarde tras el horizonte. Los rayos de luz mueren lentamente vomitando sus colores violetas y anaranjados, engullidos por las sombras para dejar paso a la negra noche.


Creado por: Maruja. J.Galeote.

jueves, 21 de enero de 2016

"TOMÉ UNA DECISIÓN"










Nunca podré olvidar aquella noche de hace algunos años. La noche estaba muy oscura y las calles desiertas, una espesa niebla cubría las casas cercanas y el viento de poniente soplaba con fuerza moviendo los cristales del ventanal. Me sentía muy cansada, me quité el abrigo y los zapatos y fui hasta la cocina. El día había sido muy largo y el trabajo agotador, toda la jornada la había pasado de pie tras el mostrador, aguantando las indecisiones y estupideces de  aquellas nuevas ricas que no sabían en qué gastar el dinero, ganado por sus marido de forma fácil e ilegal.
Mi marido, aún no había llegado a casa, así que con desgana me dispuse a preparar la cena de Navidad. Antes de empezar con la tarea me senté y me serví una copa de vino blanco muy frío, se deslizó por mi seca garganta dejando un agradable frescor y regusto en mi paladar.
Esa noche no vendría solo, había invitado a cenar: a su madre y a su única hermana solterona que nunca se peinaba ni se quitaba los viejos vaqueros. A mí me odiaba, y yo no sabía por qué. Tendría que fingir durante toda la velada a lo que yo no estaba dispuesta. Despacio subí las escaleras hasta el dormitorio, me metí en la cama y me arropé hasta la cabeza.
A él le gustaba cuando llegaba a casa que todo estuviese a punto, esa noche no sería posible, porque yo no pensaba salir de la cama. Si querían la cena de Navidad en la mesa la tendrían que preparar ellos mismos, yo no estaba dispuesta a seguir siendo la asistenta de la casa.
Nunca olvidaré aquella noche en la que me quité la careta para siempre.
Creado por: Maruja. J Galeote.

viernes, 8 de enero de 2016

TRISTE NOCHE DE NAVIDAD.




Adela acuna su escuálido cuerpo en la butaca de rejilla tras el enorme ventanal, escuchando el tic tac del reloj. Absorta ve pasar lentas las negras nubes como panza de burra que amenazan con llover o nevar. De la vieja radio situada  en un rincón de la estancia se escapa la melodía de  un arcaico villancico, esa canción que tantas noches en  navidad había cantado toda la familia alrededor del belén en el salón de casa. No puede evitar que sus cansados ojos se ahoguen en lágrimas. Con apatía saca del bolsillo de su bata acolchada  unas lapidadas cartulinas de color sepia, las desliza entre sus huesudos dedos una y otra vez intentando rememorar a las personas que aparecen en ellas, alrededor de una gran mesa una noche de otra Navidad. Por más que lo intenta Adela no  consigue recordar quienes son aquellas personas jóvenes que aparecen en las fotografías.

Adela dos horas antes de la media noche, como cada 24 de Diciembre desde hace una década, abre la mesa del salón, pone sobre ella el mantel blanco bordado con alegres dibujos navideños rojos y verdes, en el centro coloca un páscuelo de terciopelo con una gruesa vela en forma de eje ya desvalijado por el paso de los años. Alisa con ahínco el mantel con las manos para que no quede ni una sola arruga.  
Despacio con sumo cuidado para no tropezar, saca del viejo aparador de dos piezas la vajilla de la cartuja sevillana y va colocando simétricamente en perfecto orden cada uno de los  cubiertos,  copas… se para un instante, para contemplar orgullosa como ha quedado la mesa para celebrar la cena de Navidad con sus seres queridos.  Adela se acerca hasta la ventana y ve caer con tristeza los copos de nieve sobre los desnudos árboles.  Con un gran nudo en la garganta deja escapar un profundo suspiro, un suspiro que le hiere el alma. 
De la Torre del Cerro de la virgen se descuelgan doce campanadas. Creo que esta noche no vendrán a cenar.
Creado por: Maruja. J. Galeote.