domingo, 13 de diciembre de 2015

QUIERO QUE SEPAS...

Con estas letras quiero agradecerte las muestras de cariño con las que me has tratado cada día de estos 50 años de matrimonio que hemos pasado juntos: tus besos, caricias, atenciones hacia mí. Quiero que sepas que mi vida hubiese sido oscura y monótona si no la hubiese podido compartir contigo. No sería justo que pensaras que todo el tiempo que hemos estado juntos  no he sido feliz a tu lado. Lo he sido y mucho. La vida es muy dura y nos golpea, poniendo en el camino cuantiosos obstáculos difíciles de superar.
Y los hemos superado juntos. Como hacerte entender que quiero estar a tu lado todo el tiempo que nos regale la vida. Quisiera que pudiésemos sobrellevar con amor y tolerancia nuestras pequeñas manías, buscándoles el lado bueno, aunque no lo tengan y seguir riéndonos de ellas, como cuando éramos dos adolescentes. Como hacerte entender que cada paso que des, yo lo daré contigo. En los buenos y malos momentos.
Disfrutar juntos de todo lo que con el tiempo hemos podido lograr en estos largos años, con los que esta vida nos ha premiado: Hijos, nietos, amigos… En los malos momentos, cuando lo veas todo negro y no puedas más, ahí estaré yo para dibujarte una sonrisa.
Porque las piedras estarán en el camino, y las malas rachas vendrán, como vienen los grandes nubarrones antes de la tormenta, periodos difíciles que tendremos que superar juntos. No tienes por qué preocuparte porque cuando lleguen esos malos momentos yo estaré ahí, cogiendo tu mano marchita cuando más lo necesites, te apretaré fuerte, para que sientas que siempre estaré a tu lado. 
Creado por: Maruja J. Galeote.


viernes, 11 de diciembre de 2015

AMOR DE JUVENTUD




Tan solo tenía quince años y él veintidós cuando lo vi por primera vez.
Me encontraba en el andén de aquella estación sentada en un banco cuando lo vi bajar de aquel tren. Su aspecto me llamó la atención; era alto, delgado con un fino bigote que dejaba entrever una sensual sonrisa picarona. El traje blanco con galones dorados en la pechera, y la gorra de plato le hacían aún más atractivo si cabe.
Lo miré a hurtadillas pero él se percató que yo lo estaba mirando y con una desenvoltura  propia del que ya ha corrido muchos “maratones” se dirigió al banco donde me encontraba y se  sentó a mi lado, con  melodiosa voz se dirigió a mí con unas bonitas y delicadas  palabras que hoy, con el paso del tiempo, me son difíciles de recordar. Buscó mi mirada, y yo, pobre de mí, la esquive avergonzada, en tanto un escalofrío recorría mi cuerpo.
Él no dejaba de hablar de su vida, y yo lo escuchaba. Se encontraba haciendo las milicias en el Buque Juan Sebastián El Cano, en la ciudad de San Fernando (Cádiz), estaba allí de paso, tenía que  hacer trasbordo y aún faltaban tres horas para que saliese el próximo tren.
Poco a poco fui perdiendo la timidez que me embargaba, sin reparos le conté parte de mi vida; una familia desestructurada con una madre yonki y un padre alcohólico. Al recordarlo no pude evitar que unas lágrimas resbalaran por mis mejillas. Cogió mi mano y la apretó con suma ternura, lo miré y vi en sus ojos color miel un mundo de estrellas que surgían de su interior.
El tiempo pasó de prisa sin ni siquiera darnos cuenta. El silbato de la máquina de vapor nos hizo volver a la triste realidad. El tren emprendió la marcha hacia su destino y nunca más lo volví a ver.




Creado por: Maruja. J. Galeote.
 
 

jueves, 3 de diciembre de 2015

YO, EL PULPO








Siempre que veo a un submarinista  que viene con el arpón para atrapar a un pulpo despistado, me pongo a cubierto rápidamente: me oculto entre las rocas más cercanas, agito la tierra con mis ocho tentáculos y cambio de color para no ser visto.
Ese día me cogió  desprevenido, me enganchó por uno de los tentáculos y me llevo hasta la orilla aún con vida. Al ver la lumbre encendida pensé lo peor, “iré derecho a la hoguera, tienen cara de hambre”. Pero no fue así. El más pequeño de los allí presentes  desengancho el anzuelo y me zambullo en un cubito lleno de agua. Papa, papa este pulpo es distinto a todos los demás, lo llevamos a casa y lo metemos en la pecera, es pequeño y tiene un bonito color.

Así fue como me libré de una muerte segura, aquel niño me salvó la vida, y no acabé en los estómagos de aquellas personas hambrientas.  



 
Creado por Maruja.J. Galeote.