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viernes, 18 de junio de 2021
LOS ZAPATOS ROJOS
Nacho era un chico alto, delgado, elegante y bien cuidado que, a pesar de sus pocos años, ya peinaba algunas canas. Por su profesión de piloto en una línea comercial, llevaba una vida poco social, convirtiéndose así en un ser solitario e introvertido. Su día a día consistía en ir del aeropuerto al hotel, donde pasaba la mayor parte del tiempo, y siempre en ciudades distintas.
Aquella noche llegó muy tarde al hotel y pasó por el bar antes de subir a la habitación. El monitor de la piscina se encontraba en el bar y sin rodeos le invitó a tomar una copa con él, lo cual aceptó de buen agrado. El chico tenía unos ojos verdes como la mar en calma, un cuerpo escultural y una linda sonrisa. Una copa trajo a la otra, y a otra más…; no podría decir cuántas bebieron ni de qué licor, pero fueron muchas.
A la mañana siguiente no recordaba nada de lo que pasó la noche anterior, le dolía la cabeza y todo le daba vueltas. Intentó levantarse, y en uno de los intentos consiguió incorporarse. No podía creer lo que estaba viendo al lado de la cama: unos zapatos de charol rojo con altos tacones. ¿Qué había pasado aquella noche? Allí no había nadie. ¿De quién eran esos zapatos, y cómo habían llegado hasta allí?

viernes, 4 de junio de 2021
UN ATAQUE DE NERVIOS
El móvil sonó como un taladro en mitad de la noche. Era un mensaje de la Dirección del Periódico.
“Tiene que cubrir una noticia, ha ocurrido un suceso en la calle Mayor; en diez minutos tiene que estar allí, en el lugar de los hechos. ¡No se retrase!
Se tiró de la cama, se puso la gabardina, se calzó los zapatos, metió en el bolso la cartera de los apuntes y, como alma que sigue el diablo, salió a la calle.
Aún no habían clareado las primeras luces del día y una lluvia fina y persistente cubría las calles. Al cruzar una de ellas, no se percató de la existencia de una alcantarilla y el tacón de su zapato de siete centímetros quedó prisionero en la raja, sin opción a indulto, por más que lo intentara una y otra vez.
Sin saber qué hacer gritó desesperada, pero nadie acudió en su ayuda y los nervios se apoderaron de ella. ¡Le había dado un ataque de nervios!
“Mi primer día de trabajo, no podré cubrir la noticia, me despedirán y nadie volverá a contratarme. ¡Soy un desastre!”

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