El
año pasado mi amigo Carlos, prestó sus servicios de voluntario en uno de los
países más pobre y recónditos de África. No sabía que llevar a aquellos niños
olvidados, que fuese útil y sorprendente para ellos. Le habían
dicho que aquellas criaturas no conocían el material que se usaba en los
colegios de los países desarrollados. A sí, que compró una pizarra de color
verde y unas cajas de tizas blancas y amarillas. Nada más llegar a la pequeña
aldea, y ante el asombro de los chavales, colgó la pizarra en la pared de adobe
del habitáculo que serbia de aula, con una de las tizas y escribió una palabras
con letras muy grandes para que todos pudiesen verlas. Pizarra nueva. ¡¡¡Que la disfrutéis!!!
Palabras que ellos no podían comprender porque aún no sabían leer.
Creado por Maruja. J. Galeote.
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domingo, 22 de febrero de 2015
“El VOLUNTARIADO"
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Trabajo del taller de escritura.

domingo, 8 de febrero de 2015
EL COLEGIO
Recuerdo
con satisfacción mi estancia en el colegio. Estuve en él hasta los doce
años. En esa época la enseñanza era muy distinta, las niñas separadas de los
niños, no se pasaba de curso cada año como en la actualidad. Estábamos tres o
cuatro años en la misma clase y con la misma maestra, eso originaba que nos sintiésemos como en
familia.
Dª
Pura, la maestra, en algunas ocasiones en que su madre o su marido no
podían ir a recoger a sus hijos a la guardería nos mandaba a algunas de
nosotras, lo hacíamos con agrado ya que nos permitía ausentarnos del colegio.
Ella impartía todas las asignaturas. Como sólo eran cuatro no tenía mucho problema. Por la mañana, matemáticas y lengua, por la tarde costura y religión. Algunas tardes leíamos libros de poesía, que la maestra traía de su casa casi a escondidas. En aquella época de posguerra no estaba muy bien visto esa clase de lecturas. Leíamos cada tarde de izquierda a derecha un verso cada una y en otras ocasiones era ella la lectora. A sí de esta forma aprendí el valor de las palabras y descubrí mi pasión por la escritura.
Ella impartía todas las asignaturas. Como sólo eran cuatro no tenía mucho problema. Por la mañana, matemáticas y lengua, por la tarde costura y religión. Algunas tardes leíamos libros de poesía, que la maestra traía de su casa casi a escondidas. En aquella época de posguerra no estaba muy bien visto esa clase de lecturas. Leíamos cada tarde de izquierda a derecha un verso cada una y en otras ocasiones era ella la lectora. A sí de esta forma aprendí el valor de las palabras y descubrí mi pasión por la escritura.
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Trabajos de taller de escritura.

lunes, 2 de febrero de 2015
ISABEL, FRENTE AL ESPEJO
Etiquetas:
reflexión,
Trabajos del taller

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