jueves, 17 de marzo de 2011

CONSUELO Y ROSITA

  
          
Había una vez una señora muy triste, una cruel enfermedad se llevó a su marido, el fiel compañero de su vida y al que  ella quería muchísimo; se quedó sin nada que la motivara a seguir viviendo. Recientemente se habían cambiado de ciudad para estar cerca de sus hijos; por lo tanto, no tenía amigos cerca que le hicieran compañía.

Un día, sus hijos pensaron traerle un perrito para obligarla a salir de su casa. Ella aceptó y trajeron a Rosita, una preciosa perrita de diez meses, rubia y con el pelo suave como el algodón. El cariño fue rápido y mutuo.

La señora tuvo que dejar de llorar todo el día porque Rosita se ponía triste y no comía Ella tenía que salir tres veces al día a pasear a Rosita y esto empezó a gustarle. Además de tener una compañera fiel y cariñosa que la colmaba de besos todo el día, en la calle hizo amistad con los dueños y dueñas de otros perros, personas muy buenas con las que se relaciona todos los días,  aunque su marido jamás se le olvidar. La pena se fue mitigando, volvió a tener ganas de vivir.

¡Tenía alguien a quien cuidar y querer!
Para colmo, su querida amiga Maruja la animó a comprarse un ordenador y así lo hizo, y muy pronto aprendió a usarlo; o sea, que entre el ordenador y Rosita tiene el día completo. Ahora cuando vienen sus hijos, se alegran de verla animosa y ocupada.
 
Su recomendación para las personas que estén tristes por una causa u otra es que como terapia pongan una perrita en su vida.     
                                                                                CONSUELO GARCÍA.
          

3 comentarios:

Magda dijo...

Hola Maruja, muy tierno tu "micro" relato pero muy cierto, necesitamos compañía.Saludos.

Suso dijo...

Muy extreñable sin duda, un placer tu visita por mi blog y poder conocerte Maruja, un gran abrazo.

Angela Magaña dijo...

Muy buenos consejos para combatir soledades. Un perro, además, te lleva a relacionarte con más dueños... y algunos también se sentiran solos.