sábado, 24 de febrero de 2018

EN LA OSCURIDAD.


No puedo escapar de este agujero oscuro y silencioso. Lo intento una y otra vez, pero la niebla que todo lo cubre me lo impide. No sé como caí  aquí ni por qué me encuentro en este extraño lugar. Si lo pudiera recordar… Pero por más que me esfuerzo no lo consigo.
De vez en cuando vienen extraños y se asoman para ver lo que hay dentro. No los conozco de nada. Unas veces me escondo; otras, intento hablar con ellos, pero huyen despavoridos. Siento un intenso frío, y como la carne poco a poco se desprende de mi esqueleto.

Es entonces cuando me doy cuenta de que estoy muerta.

sábado, 3 de febrero de 2018

CAPÍTULO XLIII


EL PASTOR
Rigoberto baja la colina a esa hora, en que la tarde abraza la  noche. Las ovejas blancas y recelosas bajan despacio, guiadas por el silbido del aceitunado y joven pastor. A su lado Platera camina despacio con su ceroncillo a cuesta, cargado de naranjas y limones, guardando dócilmente la distancia entre las ovejas lanudas y su dueño.

Platera se para un instante, alegre agita su peludo rabo y huele la húmeda tierra que bordean la entrada del pueblo, las medrosas ovejas se disipan  un momento,  al entrar por las anchas calles de bajas y blancas casas del pueblo. El chiquillo verdinegro  con sombrero de paja desgajada,  despierta el silbato y la piara se reúne guiada por su perro Pánfilo, que haciendo un circulo las rodea  para acopiarlas para que entren en el cobertizo.  Ya, dentro Platera, levanta las patas delantera y rebuzna  inquieta, solicitando al chiquillo que la despoje de su pesada carga. El pastor sucio y cansado cierra la puerta tras de sí  y mira la luna azulada, como madre amante posa sobre el pueblo su  resplandor plateado como un blanco  manto, Suspira hondo ¡Ayn!  eza gurra juera míaaa...

Reescrito por: Maruja J Galeote.

 

CAPÍTULO VIII


LA FLOR DEL CAMINO



Le dicen loca Platera, pero ella sabe más de la vida que cualquiera de nosotros y nuestro mundo de sentimientos reprimidos. Le dicen loca, pero la mirada de ella sabe ver dentro de los hombres, llega hasta su última esencia, mezcla desigual de pureza y maldad. Ella no juzga. Sabe que cada hombre es como un libro, con historia diferente, aunque todos tengan el mismo final.


Platera, ella es pura y transparente, se enamora cada día, todos los días, del inmenso cielo azul, Motril, de esas flores que asoma tímidamente sus pétalos, realzando en la verde vega, claveles, nardos, aguacates… y del inmenso mar que la custodia. De esa rosa carmesí que asoma en el balcón de forja, de su vecino de la casa de alado, Platera, el que todas las mañanas pasa a su lado tarareando una alegre canción, y le dice. Buenos días, “Margarita se llama mi mor"...y la mira enamorado Por eso ella le sonríe agradecida Platera, como la flor del camino, su joven corazón esta cautivo pero ella nunca le dirá que le ama, Platera.


 


Reescrito por: Maruja Jiménez Galeote