martes, 6 de diciembre de 2016

DECEPCIONADA



En el dormitorio en penumbras como era su costumbre Maruja empezó a desnudarse, no le hacía falta encender la luz para saber el lugar exacto donde colgar cada camisa, cada falda y cada chaqueta. Ella se vestía y desvestía a tientas con la tenue luz del pasillo, le era suficiente.
De memoria se maquillaba; la sombra de ojos, el perfilado labial y un poco de colorete en los pómulos; hacia tantos años que practicaba el mismo ritual que para ella no era necesario tener que mirarse al espejo. Aunque en varias ocasiones alguna amiga le había recriminado algún contorno mal perfilado.
¿Qué sabrán ellas? Pura envidia.
Tan solo en alguna ocasión cuando pasaba por delante del espejo de pasillo se erguía y estiraba la falta para alisar alguna posible arruga. Se sentía elegante y feliz. Esa noche se encontraba más cansada que de costumbre, pero medio desnuda aún tuvo fuerzas para dar unos pasos de baile frente al espejo. Al entrar su marido en el dormitorio encendió la luz y se vio como en realidad era. Triste, abatida y decepcionada cayó sobre la cama.
Mañana quitas el espejo del armario no me gusta lo que veo en él Manolo.
Se le vinieron encima como un mazazo sus casi recién cumplidos ochenta años.
 


sábado, 3 de diciembre de 2016

NO TODAS LO PUEDEN CONTAR



Entraba en casa con mi hermano mayor pero yo nunca había hablado con él, una mañana nos vimos en el patio del instituto. Yo estaba sentada en un banco y el se sentó a mi lado, entablamos una conversación de la que surgió una buena amistad y más tarde una relación de pareja, donde todo era perfecto entre nosotros. Era un chico extrovertido, amable, educado…con el tiempo me fui acostumbrando a estar con él, sus atenciones hacia mí eran constantes y me fue conquistando poco a poco. Me casé con 18 años recién cumplidos, creo que estaba enamorada o eso pensaba y, por supuesto, embarazada de tres meses. Sin estudios ni preparación alguna. No tardé mucho en comprobar en el infierno en el que se convertiría mi vida. Consiguió aislarme de mi familia y amigos y tenía celos hasta del viento. No podía salir a la calle si no era con él, revisaba antes de salir la ropa que llevaba; ni escotes ni faldas cortas y por supuesto nada de maquillaje. Un día me puse un poco de carmín, estaba con la regla y mis labios estaban muy pálidos,  sin mediar palabra los limpió de un manotazo. Más eso no fue lo peor, lo más insoportable llego unos años más tarde; palizas diarias sin ni siquiera saber por qué, hiciera lo hiciera siempre tenía un motivo para pegarme e insultarme. Hoy creo que disfrutaba con ello, hoy pienso que para él era como un juego malvado en el que se sentía más hombre. Llegué a cogerle mucho miedo, un miedo aterrador a esa mirada fría de odio infinito que traspasaba mi alma como una daga envenenada. En mucha ocasiones temí  por mi vida y por la de mis hijos.
Yo si lo he podido contar, otras no tuvieron tanta suerte.