domingo, 10 de abril de 2016

PESADILLA ERÓTICA








Miró por el ojo de la cerradura, no podía creer la que estaba viendo por aquel pequeño orificio, era terrible lo que estaba sucediendo en aquella habitación. Una tenue luz roja iluminaba la estancia. Observó entre realidad y ficción unos cuerpos semidesnudos cubiertos por un antifaz, pequeños tangas y taparrabos negros, lencería fina de marca. Todos participaban, unos más activos que otros en aquella desenfrenada orgía. Entre ellos reconoció a su mujer por su pelo caoba recogido hacia tras, su piel blanca se apoyaba de espaldas en una de las paredes del cuarto, muy cerca de ella un hombre de color, muy alto, de gruesos labios, cuerpo musculoso y atlético, que agitaba un látigo cerca de sus nalgas con la mano derecha, mientras con la izquierda la cogía por la coleta tirando de ella hacia atrás. Vió como su mujer se retorcía, se estremecía de placer entre gemidos ahogados de gozo que salían de lo más profundo de su ser.


El chirriar de la llave en la cerradura de la puerta de la calle le hizo despertar  de aquella horrible pesadilla.
— ¡Cariño, ya estoy en casa!


¡¡Si, si era ella, mi mujer!!