miércoles, 29 de octubre de 2014

XI edición en el Certamen de relato y poesía ‘Salvador Varo’



“Se disipa la niebla”
Después de una larga noche de insomnio me levanté, me asomé tras los transparentes visillos del balcón  del dormitorio y comprobé que una  débil neblina cubría los rojizos tejados de las casas adosadas del barrio. Sentado sobre la cama cerré los ojos  un instante. Al abrirlos, mis pupilas se clavaron en la fotografía de María, mi esposa, que, estática, me miraba desde la mesilla de noche. Abracé la fotografía contra mi pecho y unas incontroladas   lágrimas me  resbalaron por las mejillas. Le hablé, le conté cosas, cosas que nadie sabía, sólo ella y yo. El dolor y la rabia se escaparon por mi boca y por mis ojos, llenando la estancia de cristalina escarcha.
Bajé la empinada escalera con sumo cuidado, aferrado a la fuerte barandilla que la flanqueaba. Tenía mucho miedo a caerme. Me dirigí a la cocina, guiado por el ahogado sonido de cacharros. Era Luz María, una chica peruana que habían contratado mis hijos para que atendiese la casa, mi colesterol y mi tensión arterial. Al salir a la calle, el aire fresco de la mañana me rozó la piel como el suave pelo de un gato; una sensación de libertad había invadido mi espíritu: percibí cómo los árboles mecían las amarillentas hojas ante el inminente otoño, y cómo los débiles rayos del sol de la mañana resaltaban los grises adoquines del pavimento. Caminé hasta El Centro de Mayores. Por las ventanas se escapaban las voces de los allí presentes y un penetrante olor a café recién hecho. Entré para desayunar. Al terminar, me acerqué a una de las mesas para curiosear un poco. Uno de ellos, un tal Manolo, me ofreció jugar una partida de dominó. Me gustó. Al día siguiente volví, y al otro, y al otro, y al otro… Un día Manolo me comentó que en breve, en el Centro, empezarían los cursos de Informática. “Sería  interesante poder aprender algo sobre ese tema…”- pensé con temor ante lo desconocido. A la mañana siguiente me puse manos a la “obra” y sin pensarlo dos veces, sin prisa, pero seguro de que mi vida iba a cambiar, subí decidido los más de diez escalones que me separaban del despacho del Director. No se encontraba allí, así que subí al segundo piso,  donde se impartían las clases. Ya dentro de la sala, miré a mi alrededor con suma curiosidad, buscando al Director. El ambiente que se respiraba era  sereno y acogedor: mesas de madera clara alargadas con dos ordenadores en cada una de ellas; las sillas tapizadas de azul metal, y las cortinas de las ventanas del mismo tono, que apenas dejaban pasar un tenue rayo de luz. Me encontraba abstraído en mi contemplación, cuando una voz  se hizo sonar a mi espalda.
— ¿Señor, qué deseaba?  Le eché una mirada a hurtadillas: era alto, moreno, un poco escaso de peso y con gafas al estilo Elton John.
Quería información… Desearía saber si aún queda alguna plaza libre para el taller de Informática que va a empezar dentro de unos días – contesté, dejando escapar de mis labios una tímida sonrisa.
Sí, una de iniciación queda libre – respondió  el Director con voz firme y serena.
Abrió la carpeta que portaba en la mano y me entregó un formulario. Al terminar de rellenar la solicitud le dije:
— ¿Qué día y a qué hora empieza la clase
—El lunes  próximo a las diez. Por favor, no llegue tarde. Aquí solemos ser muy puntuales- respondió el Director, extendiéndome su mano.
…Y sin apenas darme cuenta ya estábamos a mitad del curso. Una de las compañeras, Paulina, que siempre se sentaba  a mi lado, me ayudaba a encontrar las letras o los signos de puntuación, y también hacía aparecer lo que había escrito en la pantalla, cuando por “arte de magia”, sin que yo supiera cómo, me desaparecía. Paulina era alegre, divertida, con  el pelo como una nube de invierno y los ojos pequeños y vivarachos. Me daba ánimos para que no faltase a las clases. Y no falté, ni siquiera cuando me dolía mucho la espalda y las rodillas por la dichosa artrosis. En poco tiempo aprendí a navegar por Internet y a utilizar las redes sociales: correo electrónico, facebook… Manolo, con el que solía jugar cada día la partida de dominó me ofreció participar en el taller de teatro del Centro. Y acepté de inmediato; ¡nunca pensé que fuese capaz de subirme a un escenario! Al terminar los ensayos vamos a tomar algo. Lo pasamos ¡¡¡genial!!!  También he hecho amistad con un grupo que juega a la petanca.  Cada lunes me acerco hasta el club para verlos  jugar. ¡¡¡Son magníficos!!!
Espero cada día, impaciente,  la hora de reunirme con ellos y ellas… He vuelto a reír, a soñar, a tener inquietudes por aprender y conocer cosas nuevas... Se disipa la niebla.









Creado por Maruja. J. Galeote.

domingo, 26 de octubre de 2014

EL PERRO MALO


 Al volver de un corto viaje comprobé que toda la casa se encontraba en el más absoluto desbarajuste. Ese maldito perro había vuelto a hacer de las suyas. Como una loca me puse a buscarlo entre el barullo de recuerdos lapidados. Entre la opilación de objetos, el álbum de fotos lacerado. La boca  de labios ardientes y carnosos de tía Matilde estaba pegada al mostacho de mi tío, el carabinero, la foto de fin de curso mancillando, en una esquina se intuía que estaba Monolito el cojo, el de las gafas de culo de vaso. Había dejado hecho añicos a mi primer novio el bombero, que estaba ¡¡¡Buenísimo!!! No sin poco esfuerzo por fin pude ver desenredando los recuerdos del verano del sesenta y siete... Me puse furiosa y le grité con todas mis fuerzas: Malo, eres un perro muy malo y entupido.  Movió  las orejas y el rabo, me miró, levanto la pata trasera, y un chorro de líquido caliente borró en un instante todos los recuerdos. He tomado una decisión llevarlo conmigo cuando salga de viaje!!  Creo que esa fue la intención del felino...







sábado, 18 de octubre de 2014

EL ENCUENTRO


Ese otoño por elección fui nombrado para asistir a una conferencia de medicina nuclear en Sevilla, volví al año siguiente. Al verla en la barra del bar del hotel no me lo podía creer. Era la chica que el pasado otoño había conocido allí mismo. Sí, era ella, la del vestido verdegay, la de mirada ardiente y seductora. Sí, la que me invitó a nadar en la piscina del hotel e ir al baile aquella  noche, era ella, la que al llegar y comenzar la música se monto en un bocoy de cerveza y comenzó a desnudarse como una loca. 


Creado por Maruja. J. Galeote.

domingo, 12 de octubre de 2014

LA VISITA AL DENTISTA


Había oído que le gustaba manosear a las pacientes. No lo creí. Tenía que ir a su consulta en unos días y mi marido me sugirió que no fuese sola, así que me acompañó mi  hija pequeña.
Me  senté en el sillón un poco preocupada e incómoda,  tanteo la muela que tenía en mal estado y sin mediar palabra comenzó a palparme el cuello, el pecho derecho y el izquierdo. Se encontraba excitado, ansioso… Un sudor frío inundaba mi cuerpo, estaba aterrada. Aproximó su repulsiva boca a mi oído y dijo:
—Es por si tiene usted los ganglios inflamados. – se excusó.
De un salto me levanté cogí a mí niña de la mano y salimos. Ya en la  calle mi hija me dijo:
 —Mamá, mamá te ha tocado las tetas.



sábado, 4 de octubre de 2014

LA VACA QUE LOGRÓ ESTUDIAR

 —Cuando pasen cinco años y sea mayor quiero ir a la universidad, para poder estudiar. Ya que eso no será una dificultad para mí: estaré corta de vista, sorda y con las tetas flácidas Me pondré un vestido de tul, zapatos carmesí y unas gafas de culo de botella.
 Claro que cuando me vea la profesora, dirá asustada: —Tú no puedes estar aquí.
— ¿Por qué no puedo estudiar yo?— Ya soy mayorcita — ¿No cree Señora? Le preguntaré sin perder la calma.  
 Me sentaré sin hacer el más mínimo gesto en el último banco de la clase. Los niños me tiraran  gomas, lápices, tizas…y todo lo que encuentren a su alcance.
La gente irá todos los días a curiosear, a ver qué hace una vaca en clase, y como pasarán mucha gente…Y como el bullicio y el alboroto aumentarán y los chicos en clase no estudiarán...


Más yo, me apartaré a un rincón de la clase y rumiaré la lección con tesón y ahínco cada día. Los chicos estarán tan distraídos con asistir cada sábado al botellón, y en “joderme”, que no estudiarán y se convertirán en auténticos asnos.



Creado por Maruja. J. Galeote.