jueves, 28 de noviembre de 2013

“EL RELATO DE UNA NIÑA”

2ª PARTE DEL RELATO.
Dentro del coche en el asiento trasero se encontraba otro hombre; era muy gordo y cubría su cabeza con un pasamontañas. Por los agujeros se asomaban unos pequeños ojos de mirada aterradora; al sentir cómo me miraba y temiendo lo peor, pensé que mi vida había llegado a su fin. Comencé a  gritar con todas mis fuerzas esperando y deseando que alguien pudiese oírme. El pánico se apoderó de mí, un sudor frío  recorrió mi cuerpo y sin apenas aliento comencé a llorar desesperada.
Estaba aterrada. De uno de los bolsillos sacó un rollo gris de cinta adhesiva del cual cortó un trozo dando un tirón con los dientes y me tapó la boca. Me costaba respirar, me estaba ahogando y tenía ganas de vomitar, intentaba quitármela pero no podía; el hombre al entrar en el coche me había atado las manos a la espalda.
“No sé por qué me hace esto, yo no le he hecho nada”.
El coche salió como un relámpago por las calles solitarias, húmedas y estrechas, hasta detenerse delante de una casa de aspecto diabólico rodeada de altos abetos y viejas tumbas cubiertas por una espesa capa de musgo.
El hombre grande me agarró del brazo tirando de mí con fuerza para que entrara en la casa; como me resistía a entrar, me arrastró por el blando suelo mientras me insultaba. Era  tal la fuerza de aquel ser malvado que no podía liberarme de sus feroces garras.
Los gritos de Marta al otro lado de la puerta me hicieron volver a la realidad.
Marina despierta, el desayuno está en la mesa. Date prisa que llegamos tarde al colegio.




domingo, 10 de noviembre de 2013

UN ENCUENTRO INESPERADO

Sí era ella, Laura mi vecina del 5º, me sorprendí al verla hacia ya muchos años que no nos habíamos visto, justo desde que pasó lo de su marido conmigo. Seguía igual de pija y estirada… pero bastante 

más gorda y con  el pelo plateado No me lo podía creer, era ella esperaba su turno
 para facturar las dos maletas: una roja y otra azul. Esperé paciente a que terminara el papeleo para saludarla.
Al darse la vuelta para dirigirse a la sala de embarque la abordé.
—Hola Laura, Cómo estas, cuánto tiempo sin vernos, cómo me alegro de verte. Ella me miró asombrada con cara de espanto, tras sus enormes ojos saltones.
— ¿Es que no te acuerdas de mí?—le dije en tono sarcástico.
—Pues la verdad es que no… hace tantos años que nos marchamos los niños y yo a la Argentina, que de aquí, recuerdo muy poco.
Sí mujer, soy Julia tu vecina del 4º, la pelirroja, la que masticaba chicle todo el día y ponía la  radio a todo volumen. ¿No te acuerdas?  La que se fue de crucero con tu marido cuando te abandonó a ti y a los niños…