martes, 15 de octubre de 2013

UN DOLOR QUE SOLO ES AMOR

El parto. Al llegar a la clínica me sentaron en una silla de ruedas…y me pasaron a una habitación pequeña de paredes azuladas; en ella, dos camas cubiertas con colchas blancas de algodón. En pocos minutos me trasladaron a la sala de partos ya que las contracciones eran cada vez más continuas y dolorosas.
Ya en la sala de partos me preguntaron si quería ponerme en cuclillas, o en la cama. Pero solo el pensar en moverme ya era muy complicado para mí. Al final, con no poco esfuerzo conseguí subir a la cama; me dijeron que me agarrara a las rodillas si notaba ganas de empujar. Yo dudaba de mis propias fuerzas, estaba agotada. Ella, la enfermera se limitaba a enjugar mi frente sin dejar de darme ánimos con infinita ternura. El ginecólogo, un hombre bajito con enormes gafas de culo de vaso, me repetía una y otra vez en tono cariñoso: Empujar con el estómago. Algo que yo no  entendía muy bien, ya que en aquella época no existía la preparación al parto. Los dos intentaban relajarme y animarme. Me decían: “respira, respira, empuja  venga, en la siguiente contracción ya sale” Pero no salía. En algún momento dudé “y si no me dicen la verdad”. Realmente yo no sabía si lo estaba haciendo bien o no. Tenía a la enfermera y al ginecólogo al otro lado… intentando que yo coordinara las respiraciones: “Venga”. “Que ya está aquí, le vemos la cabeza” “empuja, que ya se le ven los pelillos” Pero aún vinieron más contracciones y más empujes y más dolores. Pero pujé, y pujé entre jadeos no muy bien controlados. Las fuerzas se me escapaban por la boca al no dejar de lamentarme. El último empujón me hizo gritar con todas mis fuerzas al desgarrar mis entrañas, fueron sólo unos segundos… cuando abrí los ojos mi niña estaba sobre mi pecho transmitiéndome su dulce calor. La miré. Y di gracias a Dios por aquel maravilloso regalo con el que me había premiado la vida.




7 comentarios:

Rafael dijo...

Precioso regalo que nos dejas en estas letras de un momento difícil, pero en el que una nueva vida viene a la luz y a la vida.
Un abrazo.

TriniReina dijo...

Un momento tan especial que una mujer jamás olvida. Es imposible. Creo que podemos dar señas de cada momento.

Besos

Angela Magaña dijo...

No le falta nada: sentimiento, ternura y la dureza del momento que tan bien transmites. Un abrazo

Mariana dijo...

Emocionante leer lo que has escrito maravillosamente perfecto como ese momento sublime de dar VIDA.
Me atrapó la lectura hasta el final: ¡ bellísimo !
Gracias por siempre estar allí en mi Blog :)
Mis cariños de siempre.

Magda Contreras dijo...

Precioso momento y a la vez duro, pero tu nos lo has contado con mucha sensibilidad y ternura.
Enhorabuena amiga.
Un abrazo y feliz fin de semana.

Alís dijo...

Qué bonito recuerdo. Esa niña sobre tu pecho compensa todo, aunque tal como relatas los momentos anteriores me da un poco de susto.
Mis partos fueron fáciles. Con la mayor pujé tres veces, y eso porque en la segunda vez me reí y tuve que repetir. Fue un parto fantástico. Y con las mellizas fue cesárea, así que poco sentí. Aunque me hubiese gustado parto natural, no pudo ser.

Emotivo texto
Besos

Conchita dijo...

¡ HAY MARUJA ! ME PARECIA QUE YO ESTABA PARIENDO ¡ TAN MAL QUE LO PASÉ
PERO ME COMPENSÓ TANTO AQUELLA CRIATURA QUE TENIA VIDA Y SE MOVIA Y LLORABA Y REIA...ERA UN SER VIVOQUE LLEGÓ AL MUNDO PARA ALEGRARME MI SENCILLA VIDA DE HACE CASI 52 AÑOS...
CON MI HIJO ME PASÓ LO MISMO... ERA DEMASIADO JOVEN CUANDO ME DEJÓ PARA SIEMPRE ¡ OJALÁ HUBIERA TENIDO MAS HIJOS,,, UN BESO , CONCHITA