jueves, 2 de agosto de 2012

EL ENCUENTRO


Cada tarde me la encuentro. Es mayor, de una edad indefinida. Sus manos, con  castigados dedos están atiborradas de arrugas, los surcos en su cara describen la historia de su larga existencia. Siempre se sienta en la misma mesa y en la misma silla, ojeando una y otra vez la misma revista, como si quisiera  aprendérsela de memoria. Sin apenas hacer ruido me levanto y paso por su lado, ella levanta la cabeza se inclina y me sonríe afablemente dándome los buenos días. Sus cansados ojos posan su mirada sobre mí.
.—Es una mirada?. Es algo más, es como si viese mi alma, mis sentimientos más escondidos y hace que me sienta desnudo y a la vez un regocijo recorre mi cuerpo. Sí, un día más ella está ahí. Es como si fuésemos amigos de toda la vida, como si mantuviésemos largas conversaciones mientras tomamos el café, el que ella suele derramar por el temblor de sus manos. Cada tarde me suelo sentar en una mesa cerca de ella, observo su nerviosismo al verme entrar, es como si sus deseos se hubiesen cumplido y sus finos labios se alargan con una sonrisa, estirando los surcos de su cara. Cuando me levanto de la silla porque tengo que marchar, su sonrisa se apaga, levanta su mano, y un hasta mañana la oigo musitar. Muy despacito me susurra con sus ojos que busque la felicidad, que no me detenga por nada que busque la verdad y alegre mi alma y siga mi camino, porque mi corazón lleno de amor está...
Creado por: Maruja

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