miércoles, 14 de diciembre de 2011

SOBRE UN BORRICO



Sobre un borrico caminan,
La virgen y san José
El niño va acurrucado,
En los brazos de José.

Sécate  la zambomba,
Y toca la melodía que,
Ha  llegado el niño Dios,
Para ser nuestro Mesías.

Prepara ya la candela,
Pon la sartén en el fuego
Que el niño viene llorando,
A orillas del arroyuelo.

Toca ya   la pandereta,
Tócala con alegría.
Que ha nacido  el Redentor
 Con el amor de María.

Sécate  la zambomba,
Y toca la melodía que,
Ha  llegado el niño Dios,
Para ser nuestro Mesías.
                                                      
Villancico: Creado por Maruja





domingo, 4 de diciembre de 2011

UNO DE ESOS DÍAS…

Hoy, al cruzar la calle para ir al mercado, un coche ha pisado un enorme charco y me ha puesto empapada, como una sopa. Al llegar a casa y abrir la bolsa he comprobado que me han dado las patatas podridas y el pescado para tirarlo.
No sabía qué hacer, he puesto unas judías verdes a cocer. Me he sentado delante del ordenador y se han quemado…he tenido que tirar la cacerola!
Me he mirado al espejo, y me he dicho. “No es que sea mayor.”¡¡¡No!!!, Tengo unas tremendas ojeras, el pelo de mi cabeza brilla por su ausencia, un amplio canal  blanco se abre en el centro de ella.
Hoy no ha sonado el teléfono ni una sola vez, ni siquiera la señorita de telefónica que siempre llama a la hora de la siesta. Son las ocho de la tarde y aún no me he quitado el pijama. “No es que sea mayor”. ¡¡¡No!!!. Hoy es uno de esos días que hubiese sido mejor no haberse levantado…
Creado por: Maruja.

domingo, 20 de noviembre de 2011

EL AMIGO IMAGINARIO

Cuando tenía diez años, recuerdo con tristeza no haber tenido muchos amigos, así que me inventé un amigo que siempre estaba a mi lado, jugábamos, reíamos y subíamos a la casita del árbol que había en el jardín. Al darse cuenta mis padres de este grave problema, decidieron  llevarme a un psicólogo.
Recuerdo que a mi amigo no le gustó el psicólogo, y a mí me dio mucho miedo: era muy alto, delgado, con poco pelo y gafas oscuras.
El psicólogo me preguntó.
— ¿Por qué hablas a solas?
—Yo, no estoy solo. Bien, bien, — ¿Con quién hablas?
—Con mi amigo. Y. ¿Dónde está tu amigo?
—Justo detrás de usted.
El psicólogo miró detrás de él, y dijo:
—Yo no veo a nadie.
Esto hizo enojar a mi amigo. No le gustó lo que había dicho, y se puso muy furioso
La semana siguiente llaman a casa, para decirle a mi madre que habían encontrado al  doctor tirado en el suelo de la consulta desangrado. Alguien lo había asesinado cortándole la lengua.
Pocos días después de este trágico suceso,  mi  amigo desapareció de mi vida para siempre.
Creado por: Maruja.

lunes, 7 de noviembre de 2011

DÍA DE FIESTA

Esta mañana, siete de Octubre, el paseo marítimo de Salobreña es un ir y venir de carretas engalanadas con flores y volantes de lunares verdes, rojos, amarillos…hoy es el día de la virgen del Rosario.
Delante de donde me encuentro, se ha parado una de las carrozas. En la parte trasera lleva atado un pequeño y desvalido perro, que muestra signos de desnutrición y agotamiento; le sangran las patas traseras, saca una y otra vez la lengua como una seca y rasposa cuerda de esparto. El alma se me ha encogido ante semejante escena; miro a mi alrededor y no veo a ningún policía, para poder denunciar un hecho tan triste y denigrante. No sé qué hacer, semejante hecho me ha amargado el día. Y se me han quitado las ganas de fiesta. Me armo de valor y sin pensarlo dos veces, me dirijo al hombre de largas barbas, que corta jamón en la carroza rodeado de moscas. Muy  indignada y conteniendo mi  rabia, le digo mostrando toda mi ira:
—Podría soltar al pobre perro, y  atar la pata del jamón a la cuerda y así poder pasear las moscas…¡¡

sábado, 5 de noviembre de 2011

MIGUELITO Y LA MARIPOSA

Era una tarde del mes de Marzo." Ha llegado la primavera." En el monte empiezan a florecer los romeros, lavanda, zahareña, manzanilla… Todas las plantas en general. La vida en el campo surge con alegría.
Miguelito salió de paseo con sus padres por el parque. Estaba todo lleno de rosales y flores que brotan de mil colores.
Miguelito se paro delante de un rosal y mirando muy atento, le dijo a su padre:
-Papá,  papá. Mira lo que hay parada en esa flor, es una mariposa, cógela papá yo la quiero.
Su padre sin pensarlo, se acerco al rosal y cogiendo la mariposa por las alas, se la entregó al niño que siguió sujetándola por las alas, la miraba y miraba sin descanso. Era preciosa, tenía unos colores vivos, se confundían con las rosas.
 Miguelito cuando se canso de mirarla la soltó para que volara pero la mariposa cayó al suelo, ya no podía volar, su manto aterciopelado que cubría sus alas se había quedado en los dedos del niño y la mariposa ya no pudo volar.
Con toda su inocencia él la había matado.
 Creado por Pilar Martínez.

lunes, 24 de octubre de 2011

¡UNA AMIGA!


¡¡Es mi amiga. Esa persona que escucha mis palabras en silencio,
mis alegrías, mis llantos, mis risas y desalientos.
A veces no basta toda una vida para encontrar una verdadera amiga.
Otras, en cambio, basta un segundo, un cruce de palabras y
sabes que hallaste lo más importante. Una amiga.
Esa que me invita a salir cuando nadie lo hace.
Ella que con sólo mirarme se percata de mi infelicidad,
me riñe, me aconseja, me consuela…
A la que sin miedo, puedo contarle mis mas íntimos secretos y sentimientos más ocultos a ser traicionada.
 Ahí está ella, siempre dispuesta, a pesar de las distancias. ¡¡Es mi amiga.



jueves, 6 de octubre de 2011

SIN SALIDA

Cada día  nos encontramos con alguno de ellos, no sé como se llaman, hay muchos como él, que pasan por nuestro lado, con las manos hundidas en lo más profundo de sus bolsillos, en silencio. Sombras difusas  que no queremos reconocer. Alguna vez, no nos paramos  a pensar  que ese  hombre, en otra etapa de su vida anterior fue un niño feliz: tuvo padres, hermanos, amigos, que en algún lugar formó su propia familia. Un día inesperado, se vio inmerso en un callejón sin salida, atrapado en el tétrico mundo del “paro” que cayó sobre él, como la fuerte y oscura tormenta  que todo lo asola y destruye sin piedad.
Su familia se rompió y todo cambió  para él, le llegó el día de tener que dormir bajo un techo de negras nubes y sobre una cama de sucios cartones mojados por la lluvia. La calle deja  la dura huella sobre su torturado y maltrecho cuerpo, suciedad, moratones, cicatrices... En el cuerpo y en el alma, con la  mirada rasgada que expresa un solo deseo, una idea que lo acosa sin tregua, día y noche.  Llevar a su garganta un buen trago de vino barato.
Mañana puedes ser tú, o quizás yo. La vida  es como un carrusel que gira y gira sin parar.


domingo, 18 de septiembre de 2011

LA MODISTA EN CASA


Por supuesto, sobra decir, no era necesario ningún evento especial para contratar una modista, solo tenías que llamarla por teléfono o verla coser en otra casa para que viniese a la tuya a confeccionar los vestidos, cortinas, faldas… incluso forrar los sofás, ya deteriorados por el paso del tiempo.


En la fecha acordada, un día de la semana la modista llegaba a casa de la clienta donde era recibida con gran entusiasmo y satisfacción; había llegado el día que tocaba coser. La máquina estaba preparada: las telas sobre la mesa, al lado del costurero; durante toda la jornada ella se dedicaba a medir, cortar, hilvanar, pespuntear…


martes, 26 de julio de 2011

DONDE ESTÁ MI MADRE

                                                   

Recuerdo a mi madre, joven, alegre, divertida con la piel tersa y sin arrugas, siempre dispuesta a ayudar a los demás, sin esperar nada a cambio. De pequeña, cada mañana, me ayudaba a atarme los cordones de los zapatos para ir al colegio. Al llegar la noche, me llevaba a la cama en sus brazos, y con infinita ternura, unía mis pequeñas manos para enseñarme a rezar.

¿Dónde está mi madre? Mi madre ha perdido la cabeza, ha perdido la capacidad de pensar, contempla un mundo que no logra comprender, se han borrado sus recuerdos e ilusiones, hasta los pensamientos más cercanos no tienen cabida en su mente. Se encuentra perdida y desorientada e inmersa en un espacio oscuro y desconocido…


Guarda sus pequeñas cosas, en lugares extraños que no puede encontrar, no los quiere perder, son sus tesoros más queridos; sabe que si los perdiese, se les escaparían aun más sus recuerdos, los que ella intenta retener con todas sus fuerzas. A veces grita, desesperada y aterrada pidiéndome las cosas que dice que yo le he robado.


¿Qué le puede quedar así a mi madre? Sólo le queda una parte de vida que aun recuerda en lo más profundo de su mente. Ahora ella cree que yo soy su madre. Cada mañana al asearla, me pregunta entre murmullos prolongados, una y otra vez:


—¿Ya es la hora de ir al colegio? ¿Vendrá papá a cenar después del trabajo? Me pregunta, alisando con los dedos sus blancos y débiles cabellos. A veces canturrea una canción con una letra sin sentido…


—¿Que canción cantas mamá? —Una mueca sale de sus finos labios, y dirige su mirada al infinito como si la pregunta no fuese con ella.


Vuelve a estar en silencio, sentada en la butaca con la toquilla de ganchillo envolviendo sus redondeados y encorvados hombros. Sus escuálidas piernas tiemblan bajo la manta de cuadros, las gafas cuelgan sobre sus pálidas mejillas, y ojea una vieja revista que contiene espectaculares fotografías, letras parejas alineadas, que no alcanza a comprender, a las que no les encuentra ningún sentido, por más que lo intenta.


¿Dónde está mi madre? Intento comprender cada día esta locura sin razón y no puedo conseguirlo, finjo que todo es como antes, no es verdad, sufro y me desespero hasta la saciedad, a pesar de que nunca volverá de su silencio y oscuridad. Esta vida de locura dentro de esta demencia que nos está matando… Mi madre está aterrorizada y desesperada, ella no sabe quién soy yo; ya nunca lo sabrá.


 CERTAMEN DE POESÍA Y REDACCIÓN "Salvador Varo"
1º premio de redacción. Maruja Jiménez Galeote

sábado, 21 de mayo de 2011

AL FINAL DEL CAMINO

 CERTAMEN DE RELATOS DE ADULTOS --2º PREMIO DEL 2O11

Al final de la escalinata sujetando la puerta me espera una moja con gafas de culo de vaso que cariñosamente me invita a pasar al salón. Todos permanecen sentados en la amplia sala, unos frente a otros sin ni siquiera mirarse: unos duermen y otros  mantienen los ojos cerrados, aletargados. La tele está encendida, nadie la mira ni parecen escucharla.
No sé si con el tiempo me acostumbraré a esta forma de vida, a la dejadez que reina en este lugar tan desarraigado... Pienso si conseguiré algún día sentirme como en mi propia casa.
Desde la posición en que me encuentro he observado la imagen difuminada  de una señora elegantemente vestida y bien peinada, está sentada en un sillón marrón a un lado del salón.
Muy decidido y sin reparo, me he acercado a ella para poder charlar un rato. Sí, allí estaba ella; sentada, serena y tranquila, con un libro sobre su falda de raso blanco, acariciando la portada con suaves movimientos como si se tratase, de un frágil bebé desvalido..
—Hola, señora.
No me contesta. Levantando el tono de voz, la vuelvo a saludar: “Buenos días”,  y en ese mismo instante responde con voz suave.
—Buenos días, señor; perdone que no la haya oído llegar, estoy un poco sorda y ciega intenta disculparse, girando la cabeza hacia donde me encuentro—. Es muy triste el no poder ver, no consigo acostumbrarme a esta vida de silencio y oscuridad. Hace unos cinco años me quedé totalmente ciega después de una larga y penosa enfermedad, que fue deteriorando mi cuerpo aún joven. . Pensé: “Para qué tendrá el libro, si no lo puede leer?”. Con el tiempo comprendí la razón y el por qué… 
Al día siguiente, después de desayunar, fuí presuroso para ver si la encontraba en el mismo lugar. Me sentía como un adolescente que  tiene su primera cita.  —¿Desea que le lea un poco? —le susurré tímidamente, observando aquella cara angelical.
Conversamos durante mucho tiempo, hasta la hora del almuerzo. Hablamos de cosas de nuestra vida pasada.
Yo, de pequeño, vivía en un cortijo, lejos de la ciudad; así que no podía asistir al colegio del pueblo, el más cercano se encontraba a cinco kilómetros de distancia. Con gran esfuerzo tuve que aprender a leer sólo y a escondidas, con la ayuda de las novelas del “oeste” de mi padre. Las guardaba en una vieja vitrina cerrada con llave, lo cual no era un problema para mí pues conocía muy bien el escondite. Teníamos prohibido que ninguno de mis hermanos cogiésemos aquellas viejas novelas. Decía, que las podíamos romper o estropear.
Ella había ejercido de maestra en su pueblo natal. No tuvo mucha suerte la pobre. Al poco tiempo de casarse se quedó viuda, con tres niños muy pequeños; nadie la ayudó, ni siquiera su familia más cercana. Sin secretos ni tapujos, le fui contando cómo me  quedé viudo muy joven y las tristezas y miserias que pasé para conseguir sacar la casa adelante y criar a los hijos.
Lo cierto es que me han asignado una pequeña habitación al final del pasillo. Las cortinas son blancas, de una tela desgajada y poco rizada; las dos camas que la ocupan, muy estrechas, pegadas a la pared, cubiertas con unas colchas de flores difuminadas de un color sucio. Espero que al darme la vuelta no me caiga de ella, ya que desde hace mucho tiempo  he dormido sólo en la de matrimonio. Además tendré que compartir la habitación. ¿Cómo será él? Creo que es un señor que ha entrado esta mañana después de llegar yo. Está un poco gordo, desaliñado… Espero que nos llevemos bien, yo soy muy sociable.
No he pegado ojo en toda la noche por el ir y venir gentes por el largo pasillo y por los fuertes ronquidos del compañero. Creo que es asmático por la forma de respirar. A media noche he sentido unas ganas tremendas de ir al baño, pero no encontraba el interruptor de la lamparita para encender la luz, así que he estado aguantando hasta que han empezado a entrar los rayos del  sol por las rendijas de la persiana, y me he podido ubicar y encontrar la puerta. 
Muy despacio y sin hacer ruido para no despertarlo, he estirado la ropa de la cama. No estoy acostumbrado a salir del cuarto sin ese ritual diario. Me he aseado cuidadosamente. Después, cogido a la barandilla y tanteando uno a uno cada  escalón, he bajado despacio las escaleras hasta llegar al comedor. Tengo mucho miedo a caerme.
Desde la puerta del comedor he observado a un señor muy  mayor. ¿Tendrá más de noventa años?  Está sentado con la pelliza puesta, la gorra metida hasta las orejas y unos pelos largos y canosos que exhibe por debajo de ella. Una lágrima incontrolada resbala por su arrugada mejilla; la intenta apartar con la mano un poco temblorosa, debido a una cruel enfermedad; en un gran tazón de leche, moja una dura magdalena sobre la que se afana en soplar una y otra vez;  debe estar muy caliente.
Al salir al jardín, el aire fresco me ha roz ado la piel como el suave pelo de un gato, una sensación de libertad ha invadido mi espíritu. Los árboles mecen las hojas como bailarinas de un mágico ballet,  los  pájaros con sus trinos ponen la suave sinfonía de una balada inacabable y los anaranjados rayos del sol resaltan el dorado albero del camino.
Espero cada día con impaciencia la hora de reunirme con ella en el jardín. He vuelto a enamorarme perdidamente como un adolescente. He podido vivir la emoción del primer amor. Ella verá a través de mis ojos y yo seré feliz por tenerla a mi lado al final del camino…

sábado, 14 de mayo de 2011

CUANDO SE MARCHITAN LAS FLORES

 SALVADOR VARO 2011 --- 3º PREMIO DE REDACCIÓN.
Parecía que el tiempo no había pasado; sí, hacia diez largos años que mí querido Juan me había dejado para siempre. No quería pensar, me ahogaba la tristeza cuando sentía dentro de mi alma la falta de su cariño y compañía. A pesar de ello me sentía bien, me había acostumbrado a vivir en soledad.
Tenía las flores y los cuatro pájaros que él dejó, ellos me hacían sentirme menos sola, me tenían ocupada casi todo el día, y conseguían que fueran menos tristes y llevaderos los largos días de invierno.

No salía mucho de casa, no tenía necesidad, pasaba el tiempo de aquí para allá, sólo  por las mañanas para ir a misa de ocho y comprar el pan en la tienda de Benita que estaba en la otra esquina de la calle; así podía charlar un rato con las vecinas de lo que acontecía en el barrio y enterarme de algún que otro cotilleo.
Uno de los domingos que vinieron mi hijo y mi nuera a visitarme, y estando yo en la cocina, los oí cuchichear entre ellos. Cuando llegué al salón, mi hijo dijo en voz baja y un poco  temblorosa:
—Mamá, hemos pensado…que deberías rellenar los papeles para poder  ingresar en una residencia.
 — ¿Qué te parece? —dijo mi hijo dirigiendo su mirada hacia mí esperando una respuesta.

No contesté, sólo asentí, con una mueca de tristeza que me surgió del alma.
—Allí estarás más acompañada— manifestó mi nuera intentando justificarse, apretando el bolso sobre la falda. ¡¡No se le fuese a escapar!!
Ya estaba todo decidido, y yo,  no podía hacer nada para impedirlo.
Aquella mañana dejé los pájaros a mi vecina y regué las plantas para que  no se  secasen, ¡Qué ilusa! Aún creía que algún día volvería otra vez a mi casa.
La fachada de la residencia tenía aspecto diabólico. La calle se hallaba abarrotada de coches, ni un solo hueco libre para poder aparcar. Mi nuera se tuvo que subir a la acera para que yo pudiese bajar la
 maleta. Antes de volver a poner el coche en marcha bajo la ventanilla, dijo: 
—El domingo venimos a verte—y arrancó el coche como alma que lleve el diablo…
Al principio me encontraba mal, no conocía a nadie, echaba de menos mi casa, los pájaros y mis plantas. Pasé muchas noches si poder dormir pensando en ellos, así que aquella mañana llamé a mi hijo y le dije que quería volver a mi casa, a lo que él me respondió con evasivas.
—Cuando vaya el próximo día te llevaré un ordenador— ¡qué estupidez!, para  que quiero yo ese  extraño aparato, no sé, cómo funcionaba ni para que sirve…
No fue tan difícil, gracias a Carlos, un chico alegre y desinteresado que acababa de terminar sus estudios de informático, que generosamente y sin ningún ánimo de lucro se había comprometido con el director de la residencia  a enseñarnos a manejar aquel extraño aparato. Nunca podré agradecerle su paciencia y tesón con que nos trató, en todo momento a cada uno de nosotros. Me equivoqué al pensar que nunca aprendería a utilizar un ordenador. En poco tiempo aprendí a escribir textos,
 mandar correos, chatear… hice  infinidad de amigos muy importantes para mí, entre ellos uno muy “especial” que me hacía reír, soñar y sentirme viva como hacía mucho que no me había sentido desde que el amor de mi vida me dejó para siempre. Mi amigo especial, Javier, que así se llamaba, un día me mandó un mensaje inesperado y maravilloso. Las lágrimas no me dejaban ver lo que estaba leyendo, las letras se juntaban unas con otras como en un baile sin fin. Me quedé atónita, al leer aquellas pocas palabras que encerraban tanto significado para mí. ¡¡Me amaba!! No podía vivir sin tenerme a su lado. Sería posible que mi desdichada vida pudiese cambiar tanto gracias al ordenador?…


viernes, 6 de mayo de 2011

DÍA DE LAS MADRES

Madre hoy es tu día, un día muy especial en el que quisiera tenerte a mi lado para contemplar tu dulce mirada bajo los dorados rayos del sol de Mayo.
Madre quisiera decirte que tu presencia perdura en mí cada día. Te recuerdo fuerte como una roca y frágil como la flor que se deshoja en primavera. Madre, te recuerdo como una reina en la tierra sobre un pedestal  de flores de lindos colores. Madre, estás en mí corazón como el sol en la alborada.
Gracias a ti madre por llevarme dentro de tu ser, por las largas noches velando mis sueños, por el pan que me diste y no comiste. Tú madre, que guiaste mis pasos por el camino tortuoso de la vida sin esperar nada a cambio, nada, nada,¡¡Sólo amor!!

domingo, 1 de mayo de 2011

EL SEÑORITO MENDIGO

Cada tarde, cuando el sol se oculta tras el horizonte salgo a pasear con mi padre. Son paseos cortos, sus piernas no aguantan su pesado cuerpo y tiene que apoyarse sobre un bastón. Él conoce a mucha gente, sobre todo a personas que ya peinan canas con las que suele pararse para conversar.
Ayer se paró con un hombre muy mal trajeado y maloliente, portaba una bolsa mugrienta por la que asomaba un envase de un vino barato. Me llamó la atención sus manos con las uñas muy largas y ennegrecidas. Me preguntaba una y otra vez, como es posible tener unas uñas tan negras. ¿Es que nunca se las había lavado?
— ¿Sabes quién es? Preguntó mi padre al alejarnos para que no pudiese oírnos.
—Es, el señorito Andrés, el de la casa grande, el que tenía tantos criados y caballos, ese que comentaba todo el pueblo, que salía al atardecer y volvía con el alba. 
—No lo sé, no lo recuerdo. Respondí encogiendo los hombros.
—Dicen que le dio por jugar a las cartas, eso lo llevó a la ruina; ahora vive en la calle y duerme sobre unos cartones. No tiene ni un triste bocado de pan para llevarse a la boca. 
Me quedé ensimismado, perdido en los laberintos de mi memoria y recordé que alguna vez de pequeño pensé: cuando sea mayor me gustaría ser como él, guapo, elegante con el pelo engominado y negro como el azabache.
 ¡¡¡Señor!!! Como es la vida. Ya no queda nada de aquel hombre brillante, poderoso y atractivo que con su aspecto y simpatía se llevaba a todas “las chicas de calle”. Ya, no queda nada de él. Sólo unas sucias manos que portan una bolsa mugrienta…

domingo, 24 de abril de 2011

EL SECUESTRO


Sobre la mesa de la terraza del bar una copa de vino color rojizo como la sangre. Mis labios han rozado sutilmente el frío borde  de la copa, y he sentido en mí interior el caos de una noche negra de tormenta. El olor a tierra mojada, me ha traído recuerdos lejanos de otra época de nuestra vida; sus chistes, sus bromas, todo me alegraba. Lo que ha  sucedido entre nosotros, hoy no tiene mayor importancia. Discutimos por una sandez. Sólo  ha sido un mal entendido por mi parte. Cuando vuelva le pediré disculpas y todo se aclarará. De la mesa de al lado, llega a mis oídos parte de una conversación intrigante. Algo inaudito, aterrador…
—El secuestro será mañana a la hora del recreo—Ordena el hombre de pelo largo y rizado a su interlocutor.
—No puedo hacerlo.
—Sí, si que puedes, y lo harás. No hay vuelta atrás.
—Llevará un chándal azul y una mochila de rayas.
—¡¡No!! No podré, es solo un niño.
Desde mi altozano un diálogo pillado al azar, se  ha originado este increíble y aterrador suceso. ¿¡¡ Que puedo hacer!!?...
 

miércoles, 13 de abril de 2011

EL BLOSO DE LA ABUELA

 Subí al desván a buscar algunas cosillas para poder disfrazarme para la fiesta de mayores que hacen cada año por Navidad. Al abrir el viejo baúl, lo primero que ví fue el  bolso de flores con asas de madera  que tantas veces había visto llevar a mi abuela. Los recuerdos de la infancia se habían instalado en mi mente por unos instantes.
—Levanta cariño, vamos a casa de la abuela — susurró mi madre con voz suave…
Cada año desde que murió el abuelo íbamos al pueblo a recogerla para que pasara con nosotros esos días tan señalados.
Al salir a la calle el frío de la mañana me hizo estremecer. Subí rápidamente al coche y me enrosqué en el asiento trasero como un pequeño ovillo peludo, cerré los ojos y me quedé adormilada durante todo el trayecto.
La abuela nos estaba esperando en la puerta. Estaba muy guapa. El día anterior le habían hecho la permanente y quitado los pelos de las piernas.
Yo observaba sus lentos movimientos desde la puerta del dormitorio. Del viejo  armario sacó un bolso de flores difuminadas con asas de madera oscura: metió en él unas enormes bragas blancas de cuello vuelto y una bolsa de plástico, en la que fue metiendo algunas medicinas.   
La abuela dormitaba en el asiento delantero al lado de mi madre, con sus arrugadas manos apretaba el bolso de flores, como si de una reliquia se tratase. Yo no podía estar quieta, subía y bajaba del asiento continuamente…
— ¿Quieres un poco de turrón? ¡¡¡ A ver, si te calmas de una vez!!!
En ese mismo instante mi abuela volvió al mundo de los vivos…
—Yo también quiero un trozo—reclamó, con voz soñolienta.
De pronto: ¡¡Maldición!! El grito de la abuela retumbó como un trueno en mitad de la noche. Al ver a mi abuela con la dentadura en la mano partida en dos, una risa histérica y descontrolada  se apoderó de mí. No podía parar de reír, no podía, por más que lo intentaba. La abuela comenzó a llorar desconsolada, y mi madre, se enfadó mucho por mi mal comportamiento.
Han pasado los años y aún no puedo evitar una triste sonrisa al recordarlo. Solo que ahora lo veo de forma diferente: no quisiera ni por un momento que eso mismo me pudiese pasar a mí…

jueves, 31 de marzo de 2011

EL ENCUENTRO CON ROSITA

 El mundo se había detenido para Consuelo, todo se hallaba ennegrecido en lo más profundo de su interior, un mar de tristeza y desolación inundaba su destrozado corazón  desde aquél fatídico día en que él su querido y amado Jose la abandono para siempre, tras una corta y cruel enfermedad.
Sus hijos estaban muy preocupados por como se encontraba su madre; a pesar del tiempo que había transcurrido, no salía de su mutismo. Ellos la animaban a salir y visitaban a diario sin que por ello cambiase su estado de ánimo, y decidiese  retornar a una vida que había desaparecido cuando él se marcho.
Una tarde gris de invierno se encontraba sentada en un viejo banco del parque con la mirada perdida en el horizonte, cuando un cartel blanco pegado al tronco de un árbol, le llamó la atención: “Perros abandonados”. Sacó papel y lápiz del bolso y apuntó la dirección de aquel lugar, en el que parecía haber seres tan frágiles y solos como ella.
A la mañana siguiente, Consuelo se levantó temprano para visitar el lugar, no sabía para qué, ni por qué, pero algo la incitaba a conocer a aquellos perros. No se encontraba muy lejos, así que no les dijo nada a sus hijos, se puso el chándal y sin pensarlo se dirigió hasta allí.
Una enorme cancela de hierro pintada de verde custodiaba el recinto. Al final del camino, se podía ver desde fuera que se encontraba una pequeña casita, que bien  podía ser la del encargado, alrededor de ella unas perreras donde posiblemente se encontraban encerrados los perros. Tocó el timbre y en unos segundos se abrió la enorme puerta por la que salió a su encuentro un señor bajito con poco pelo y con la cara curtida por el sol. 
— ¿Qué desea señora?— le preguntó el hombre con una amable sonrisa, que dejaba al descubierto una hilera de dientes nacarados.
— Quería saber si  podía ver a los perros — ¿Es posible?
— Pase por favor, se encuentran en las jaulas. Al verlos, recodé a los presos tras las rejas de la cárcel y un sentimiento de tristeza inundó ama. Detrás de una de las rejas se hallaba una perrilla flaca y enfermiza que le lleno el corazón de angustia y malestar al clavar en Consuelo  sus grandes y entristecidos ojos.
— ¿Cómo se llama? — No tiene nombre aún, la encontraron deambulando por la carretera con una pata rota y en muy mal estado.
 Se acercó a ella y con suma ternura acarició su triste carita y su escueto lomo, a lo que ella le respondió con unos débiles  ladridos, agitando su pequeño rabito.
— ¿Me la puedo llevar?— no lo pesé: solo sabía que ella me necesitaba y yo a ella más.
El hombre le explicó que tenía que hacer unos trámites, que cuando todo estuviese en  regla me llamaría para que fuese a recogerla.
Cuando se lo dijo a sus hijos, se quedaron atónitos no se lo podían creer, de que hubiese tomado semejante decisión. A ella nuca le han gustado mucho los perros.
Desde aquél día todo ha cambiado para Consuelo, “Rosita“qué así se llama la perrita, ha conseguido que cambie su forma de vida para siempre.  Todos los días sale a pasear con ella, ha tenido la oportunidad de  conocer a otras personas que al igual que Cosuelo una vez tomaron la decisión de adoptar a una perrita, para no volver nunca más a sentirse dentro de ese pozo oscuro lleno de tristeza y soledad.

Otra veeción de Rosita. Por Maruja.

domingo, 27 de marzo de 2011

UN DÍA MUY ESPECIAL




Esta es Maruja, una sevillana afincada en Motril, abuela de Manuel, nuestro exalumno. Ella ha querido visitar nuestra clase y conocer a estos nuevos niños y niñas. Ya nos acompañó el curso pasado para contarnos muchas cosas. Hoy hemos tenido la suerte de tenerla con nosotros otra vez.
Con ella hemos recordado el cuento de Elvira Lindo "Olivia no quiere ir al colegio"....porque ella, Maruja es como la abuela Olivia, la protagonista de este libro, para la que, el saber, el aprendizaje y la educación no tienen edad..Ella es todo un ejemplo de coraje, superación e ilusión por aprender.
Maruja es todo un ejemplo para estos niños. Ellos le han preguntado algunas cosas....el nombre de sus compañeros, el de sus profes, si tiene tambien recreo....
También Maruja es una gran lectora y aficcionada a la escritura, por ello nos ha querido leer un cuento, sobre las vocales...
Maruja gracias por visitarnos otra vez y enseñarnos con tu ejemplo, tantas cosas...Un gran abrazo de estos 25 niños y niñas y de su maestro.
AH!!....MARUJA TAMBIEN TIENE UN BLOG.....FELICIDADES A ESTA ABUELA BLOGUERA.
Lo podéis visitar pulsando en el siguiente enlace

domingo, 20 de marzo de 2011

SUS MANOS MÁRMOL TALLADO

                                                            Sus manos mármol tallado.
Las que limpiaron lágrimas y acariciaron mi frágil cuerpo para poder sentirme querido en la oscuridad de la noche.
 Las que me enseñaron a atar los cordones de los zapatos y cada noche juntar cada una de las manitas para aprender a rezar.
 Las que aletargaron mis sentidos viendo pasar las negras nubes del tenebroso invierno.
Las que cogieron rosas para poder aspirar su aroma y descubrir la primavera desde la ventana y así contemplar el color del amanecer en el campo.
 Cogieron con ellas mariposas para poder vislumbrar las mañanas, brindar con júbilo  destellos de luz y color.
Las que con fino papel entre sus dedos improvisaba pajaritas de colores para mitigar mi llanto y convertir las lágrimas en torrentes de sonrisas.
Antes mármol tallado ¡¡¡ frío cristal!! Sobre el pecho…

jueves, 17 de marzo de 2011

CONSUELO Y ROSITA

  
          
Había una vez una señora muy triste, una cruel enfermedad se llevó a su marido, el fiel compañero de su vida y al que  ella quería muchísimo; se quedó sin nada que la motivara a seguir viviendo. Recientemente se habían cambiado de ciudad para estar cerca de sus hijos; por lo tanto, no tenía amigos cerca que le hicieran compañía.

Un día, sus hijos pensaron traerle un perrito para obligarla a salir de su casa. Ella aceptó y trajeron a Rosita, una preciosa perrita de diez meses, rubia y con el pelo suave como el algodón. El cariño fue rápido y mutuo.

La señora tuvo que dejar de llorar todo el día porque Rosita se ponía triste y no comía Ella tenía que salir tres veces al día a pasear a Rosita y esto empezó a gustarle. Además de tener una compañera fiel y cariñosa que la colmaba de besos todo el día, en la calle hizo amistad con los dueños y dueñas de otros perros, personas muy buenas con las que se relaciona todos los días,  aunque su marido jamás se le olvidar. La pena se fue mitigando, volvió a tener ganas de vivir.

¡Tenía alguien a quien cuidar y querer!
Para colmo, su querida amiga Maruja la animó a comprarse un ordenador y así lo hizo, y muy pronto aprendió a usarlo; o sea, que entre el ordenador y Rosita tiene el día completo. Ahora cuando vienen sus hijos, se alegran de verla animosa y ocupada.
 
Su recomendación para las personas que estén tristes por una causa u otra es que como terapia pongan una perrita en su vida.     
                                                                                CONSUELO GARCÍA.
          

domingo, 20 de febrero de 2011

SUEÑOS



Soñé un sueño hermoso
Un sueño de poesía.

Creí, que todos se amaban
 que ya nadie padecía,
que hambre no había,
 todos los niños comían.

Soñé que las balas eran rosas,
que el aire las deshacía.
que la libertad existe,
y que ya nadie mentía

Los sueños libre son,
como el aire y la pasión.  
Como los sueños de niño,
los sueños, sueños  son…

sábado, 29 de enero de 2011

EL ANGEL DE LA PLAYA


Hacía mucho calor, los niños se hallaban muy nerviosos. Corrían de un lado para otro, tirando todo lo que encontraban a su paso y peleándose entre ellos. ¡No podía más! De un puñado los metí en el coche y me marché a la playa. Al llegar, casi no podía abrir la puerta del coche por el fuerte viento reinante. Pensé en volver a casa, pero, no, yo soy más terca que una mula. Bajé los bártulos y los planté sobre la incandescente arena,  el sol caía a plomo sobre nuestros cuerpos casi desnudos. Me encontraba mal, el fuerte calor no me 
dejaba respirar y un sudor pegajoso se adhería a todo mi cuerpo.
Grité, una y otra vez a los niños para que no se acercasen al agua, y jugaran en la orilla. Ondeaba la bandera amarilla y era muy peligroso.
Desde la posición en que me encontraba, divisé a un anciano: mugriento y mal vestido con un viejo sombrero de paja, arrastrando una enorme bolsa negra de plástico en la que introducía todo lo encontraba a su paso.
— ¡¡Se dirige a los niños!! Los llamé desesperada  para que no se acercasen a él. 
El anciano mugriento pasó junto a mí, inclinó la cabeza para recoger un objeto del suelo; en ese instante me dirigió una tierna y amable sonrisa. A la que yo le respondí con un gesto áspero y hostil.
Unos día más tarde escuché una interesante conversación, en la puerta del colegio a una de las madres.
—¡¡Si!! Es él, — Le dicen el Ángel de la playa.
—Lleva toda su vida limpiando las playas del entorno, de latas, cristales y otros objetos cortantes con los que se pueden herir los niños al jugar en la arena.
Aquel día recibí una gran lesión, de amor y humanidad que nunca olvidaré. Jamás  juzgues a ninguna  persona  por su aspecto… 

domingo, 23 de enero de 2011

LAS TAPAS.



La visita a Granada nunca será completa si no se llega a practicar en sus bares y tascas el “tapeo granadino”, en el que variadas y suculentas tapas son regaladas con la consumición, que suele ser una caña de cerveza o un chato de vino. En esta particular muestra de cultura gastronómica es normalmente el propio tabernero quien escoge la tapa, y el cliente acepta la elección con sumo respeto. Y es que ir de tapeo con los amigos es una de las costumbres más arraigadas en la capital granadina.


martes, 18 de enero de 2011

LA ABUELA GOLONDRINA



Cada mes lo pasa en casa de uno de sus tres hijos que ya se encuentran jubilados; bueno, todos no, menos la pequeña Marta.


Carmen, la mayor, maestra de primaria, es alegre y muy divertida, a menudo le cuenta chistes graciosos y siempre le tararea canciones de los años cuarenta.


Juan, fontanero de una importante empresa, cada día la irrita con sus juegos de niño travieso, le esconde sus retratos y las galletas que más le gustan.


Marta no trabaja, ha pedido excedencia en el hospital, tiene dos niños pequeños, uno de dos, y otro de cuatro, que es un demonio. Cuando hace buen tiempo, la saca a pasear por la acera, aunque ella nunca está dispuesta a ello, no le gusta cambiarse de ropa ni ponerse los zapatos y mucho menos que la peine.


Como ella, hay muchas que son muy afortunadas, pero por desgracia cada vez menos. Ellas son conocidas por el apodo de las abuelas “golondrinas” un mes, aquí y otro allí…




viernes, 14 de enero de 2011

FRASES


Volver a soñar, nuestra imaginación ve deslizarse las negras nubes sobre el inmenso e implacable mar de las pasiones, y al despertar vuelve la realidad.


Vivir la emoción, mariposas revoloteando en tu interior al escuchar una bella canción que habla de amor.

Vivir en libertad, conocer, expresar, sentir, amar, luchar sin descaso por encontrar la verdad, la auténtica amistad.

Vivir la ilusión, de volverte a enamorar sin tener en cuenta la edad, ni el rumor de las voces de maldad.

Vivir la vida, con alegria hasta el final, pensar que las lágrimas  derramadas quedarón detras... La vida de cada uno de nosotros es¡¡¡Única!!!

viernes, 7 de enero de 2011

SIN ALIENTO

                                  
Los últimos rayos de luz del atardecer caían sobre las calles volviéndolas oscuras y silenciosas. Era casi la

hora de cerrar y la mujer del supermercado se disponía a hacer caja, pues la jornada ya había terminado.

Una chica rubia con unos apuntes en la mano entró en la tienda. Con gran nerviosismo e insistencia preguntó

a la cajera.

—Señora, señora, ¿me puede indicar dónde se encuentran los pañuelos de papel, por favor?

—El empleado se encuentra al final del pasillo, él se lo puede indicar—respondió la cajera con gesto amable.

No había terminado la frase cuando una luz cegadora de color violeta traspasó la puerta de entrada; la

irradiación traía envueltos a dos seres monstruosos de color verdoso, cabeza picuda, ojos saltones como

bolas de billar y grandes orejas que le colgaban hasta el suelo. La cajera quedó paralizada sin poder mover

un solo músculo de su cuerpo, observando aterrada cómo avanzaban por el pasillo central, haciendo un

ruido infernal como aullidos agonizantes. La chica y el empleado, ocultos tras el mostrador, no podían salir

de su asombro ante aquella macabra aparición. Quedaron inmóviles y aguantando la respiración para no ser vistos.

La joven, como pudo, sin hacer el más mínimo ruido sacó papel y lápiz e intentó plasmar la grotesca escena;

pensó que podría presentar aquel trabajo en su próximo examen de dibujo artístico.

Pasados unos minutos, la luz desapareció y con ella los dos seres deformes y espeluznantes que los habían

dejado terriblemente asustados