jueves, 18 de noviembre de 2010

NUNCA ES TARDE

Relato integrante del Libro "No empieses nunca por una conjunción"   Taller de Escritura Guadalfeo
En el que he participado con este relato.


La primera vez que me fijé en la pantalla de un Ordenador, me pregunté: ¿Para que serviría este utensilio de frío y oscuro cristal donde a pesar de todo no puede funcionar sin que la mano del hombre se pose sobre él¿. Para mí es un objeto inútil y desconocido, como todo lo no descubierto anteriormente. No podía comprender ni por un momento lo equivocada que me encontraba en aquellos momentos ante mi gran ignorancia.
Una tarde triste y gris de los últimos días del mes de Enero, un fuerte viento golpeaba los cristales del salón con gran fuerza y violencia, lo cual hacía correr las espesas nubes, negras como la mismísima noche que se avecinaba.
Sentada en el sillón de rallas rojas y doradas tras el enorme ventanal, la mirada se perdía en el infinito, al mismo tiempo se veía el pueblo pequeño y blanco bajo las grandes hileras de altas montañas que lo rodeaban.
Mis pensamientos daban vueltas y mas vueltas como si fuera un enorme carrusel que girara y gira sin parar dentro de mi mente: cosas que he hecho, que no hice, y otras que aún me quedan por hacer.
Las emociones, sensaciones y sentimientos que no dejan de volar cuan negros nubarrones que corren sin parar hacia el horizonte de mi vida
Tan abstraída me encontraba dentro de mi mundo interior que no pude percibir el ruido chirriante de la llave en la cerradura de la puerta, cuándo él entró, con sigilo y se dirigió al sitio donde yo me encontraba, en el mas absoluto silencio, se inclinó dándome un suave baso en la mejilla con gran ternura. Fue lo que me hizo volver a la realidad, diciéndome: Rubia, el Lunes empiezan las clases de Informática…Casi no escuché, ¡vale! ¿Cuándo has dicho¿ repitió, el Lunes, y me han comentado que si quiero asistir tengo que ir por la mañana a primera hora, pues dicen que para el curso de iniciación hay pocas plazas.
Era la hora de la cena, con desgana me dispuse a poner la comida en la mesa, mientras me repetía una y otra vez: Que hacer, que podía aprender y conocer a mis casi SETENTA AÑOS de aquél aparato el cual no entendía ni significaba nada para mí. Él me miraba pensativo entre plato y plato como queriendo adivinar mis mas íntimos y desconocidos sentimientos.
Cuándo me levanté a la mañana siguiente me dispuse presurosa a poner manos a la “obra”, y sin pensarlo dos veces me puse el pantalón negro y el suéter rojo del cuello vuelto, pues la verdad es que hacia bastante frió esta mañana des mas de Enero. Sin prisa me dirigí al Centro donde se impartían las clases, subí las empinadas escaleras del recinto casi sin darme cuanta, donde mis torpes y cansadas piernas quisieron llevarme; de pronto me encontré en una sala enorme, en la que en aquellos momentos no se encontraba nadie. Miré con suma curiosidad respiraba en la sala alrededor buscando al Profesor, pero no se encontraba en la sala. El ambiente que se respiraba era tranquilo y acogedor, las mesas de color verde y alargadas, con un Ordenador en cada una de ellas, las sillas tapizadas de un intenso azul, las cortinas muy tupidas del mismo tono, por donde apenas dejaban pasar un tenue rayo de luz.
Me sobresalté al escuchar una voz a mis espaldas que repetía con insistencia ¿Señora que deseaba, ¿ Por favor quería informarme si aún quedan plazas para el curso de informática que empieza el Lunes, -Sí una queda libre- respondió el hombre alto y delgado de ojos pequeños y vivarachos, que me miraba tras sus gruesas y enormes gafas que tendrían mas de veinte dioptrías… o mas. De acuerdo señora hasta el Lunes próximo Dios mediante, ¿A que hora empiezan las clases, a las diez, por favor no llegue tarde le respondió el profesor.
Al salir del centro, me sentí como una niña con zapatos nuevos, no como la mujer adulta que no ha tenido los medios necesarios para prepararse para la vida cultural e intelectual.
Mi mente ya es mayor, pero mi espíritu joven, creo que nunca es tarde para recuperar el tiempo perdido; pues siempre he tenido curiosidad por todo lo desconocido.
Del curso recuerdo el primer día de clase, en esa sala con un silencio sepulcral que me rodeaba y a la vez deseando de todo corazón que alguien llegase, solo a lo lejos se podía escuchar el murmullo de voces y pasos, por el estrecho pasillo que conducía a la sala donde yo esperaba impaciente, por fin comenzaron a entrar una tras otra, un suave olor a Heno de Previa inundó el recinto- todas eran mujeres a acepción del profesor- insisto- con sus enormes gafas y delgadez. Nos fuimos presentando una a una, con sus correspondientes nombres y edad (Debo decir qué me enorgullecí al comprobar que era la mayor de toda la clase).
Ya, entada delante del Ordenador, me sentí terriblemente sola y nerviosa, con la boca seca y un sabor amargo. Nada mas comenzar el profesor la clase aliviada, comprendí que no era para tanto, que poco a poco lo podía conseguir si ponía todo mi empeño y esfuerzo.
He terminado el curso, me siento afortunada por haber despertado en mi la curiosidad de poder saber lo que podía estar escondido detrás de esa pequeña pantalla, la cual ya no me parece fría e inútil.
En esta edad avanzada de mi vida, me encuentro ante un mundo inmenso y desconocido ante mí. Donde puedo buscar, encontrar y a su vez conocer todo aquello que quiero y necesito. He podido comprobar a mis años, que las nuevas tecnologías son un gran descubrimiento para el desarrollo y bienestar de la Humanidad.
Mis migas y conocidas, se sorprenden de que tenga tanto interés por conocer cosas nuevas, pues dicen que a mis años para que me van a servir. Yo se que para mí es gratificante, y a la vez me hace sentir una gran ilusión conmigo misma, ya que el Ordenador me ha hecho salir del aburrimiento, tristeza y soledad de esos días de Invierno. Hoy me siento feliz y afortunada de haber hecho ese magnifico cuso.

XII CERTAMEN LITERARIO "PLAZA DE LA LIBERTAD"-MOTRIL 2006 1º PREMIO


5 comentarios:

ANTONIA RODRIGUEZ dijo...

Maruja,este relato que fuiste primer premio, lo tengo guardado con mucho cariño, junto con otros muchos premios muyyyyyyyyyyy merecidos. Por tantas cosas buenas que ya tienes espero que las publiques y yo seré una de tus primeras lectoras. Un gran abrazo.
ANTOÑITA.

MAGDA CONTRERAS dijo...

Hola Maruja, muy bueno tu relato y bien contada tu historia amena, y sobre todo que me siento identificada, pues amí me pasó lo mismo, tenía ordenadores en casa y sólo les limpiaba el polvo, los miraba y pensaba igual, besos.

Mª Teresa Martín González dijo...

Me encantó ese relato, por cierto. Bien merecido el premio. Un saludo

Rosario dijo...

Hola Maruja, me ha encantado su blogger.
Un saludo.

Anónimo dijo...

Hola Maruji,muy lindo este ultimo relato,a ti tengo que agradecerte los buenos ratos que me proporciona el ordenador, tu insististe en que me lo comprara,¡¡cuanto me alegro de haberte hecho caso!!! por que yo hasta que me decidí, como tu amiga Magda Contreras ¡¡¡¡¡solo le había
quitado el polvo!!!!.Hoy siento que tengo una ventana abierta a la informacion y al mundo, GRACIAS.
CONSUELO