jueves, 14 de octubre de 2010

LA ESCAPADA DE ANA


Los días pasaban lentos, uno tras otro, sin que nunca sucediese nada que perturbara la vida de Ana. Vivía en el mismo pueblo en el que había nació hacía treinta y tantos años. Cada día sentía con más fuerza que se ahogaba, sí, se ahogaba entre aquellas calles: estrechas, húmedas y oscuras, en las que al desplomarse la noche, el reloj se para y un profundo mutismo las atrapaba sin piedad.
Desde hacía mucho tiempo una idea rondaba por la cabeza de Ana. Tenía que hacer algo que la desatara de aquel lugar, se sentía prisionera, necesitaba huir sólo por unos días, unos días de libertad. Aquella mañana salió a la calle; caminó triste y desanimada, se dio la vuelta y caminó hacia la casa. Al llegar, se dirigió a la cocina y preparó una deliciosa taza de café, muy caliente. Con ella aun en la mano, se sentó delante del ordenador. Pensó, que aún era pronto para empezar las aburridas tareas de cada día.
La habitación se encuentra en penumbras; por las rendijas de la ventana entra una suave brisa que acuna los trasparentes visillos de seda. Despacio, con infinita desgana, enciende la pequeña y oscura pantalla del ordenador.
¡NUEVA YORK! Esa grandiosa ciudad se muestra ante sus asombrados ojos, mostrándole una descomunal avenida por la que pasan a gran velocidad multitud de taxis amarillos, que expulsan estelas de humo negro; titánicos edificios cubiertos de letreros luminosos de brillante colorido. A un lado de la avenida, en una desgajada escalera, está sentado un hombre de color, que sostiene con afán entre sus deterioradas manos una reluciente trompeta por la que deja escapar sin temor, unos suaves y armoniosos acordes en libertad…

3 comentarios:

Mª Teresa Martín González dijo...

Muy bonito. Creo que a todos nos hace a veces falta un poco de aire de libertad, o al menos, cambiar de aires. A veces las calles más amplias se nos hacen callejones estrechos que nos axfisian cuando caminamos por ellos. Abrir la ventana y respirar. Eso es lo que voy a hacer mañana.

MAGDA CONTRERAS dijo...

Precioso telato, todos necesitamos cambiar de aire de vez encuando, algunas veces, salir de la rutina del día a día, que nos hacen caer en la depresión de la melancolía, besos.

ANTONIA RODRIGUEZ dijo...

Precioso, como todo lo que escribes.Tus relatos se viven y nunca sé si lo que escribes son cosas que te han ocurrido,o son la habilidad que tienes para llevarme al huerto. Un abrazo, ANTOÑITA.